miércoles, 1 de abril de 2020

Secretos de la luna llena: Encuentros - Reseña

Fay de Veridian despierta entre aquellos que siempre ha considerado enemigos: los humanos. En un orfanato perdido en medio del bosque, y con la única compañía de tres escribas, la princesa deberá aprender a dejar atrás todos sus prejuicios y miedos y enfrentarse a la realidad sola por primera vez, por terrible que esta le parezca.
Mientras tanto, Eirene y Seaben acompañan a Drake rumbo a la isla de los hechiceros para llevar a Inair de Astrea de vuelta a su hogar. Sin más plan que dejar que el viento los guíe y con dudas sobre todo lo que han vivido en Lothaire, los príncipes pronto se verán arrastrados a una batalla que no es la suya, en un reino roto y oculto en el que seguir soñando ya no es una opción.
Ha llegado la hora de tomar decisiones. Ha llegado la hora de entrar en el juego de la guerra.




¡Hola! Espero que estén todos bien, haciendo cuarentena si les es posible. Cuidándose mucho, si no. Hoy traigo la reseña de una segunda parte que me llevó un buen tiempo conseguir y empezar leer, pero, finalmente, lo logré. Pueden encontrar la reseña de Alianzas aquí, y pronto espero traerles la reseña de Despedidas. Si bien no voy a hacer spoilers de esta entrega, sepan que me es imposible hablar de este libro sin mencionar el final de la primera parte, así que pueden ir al párrafo final para ver qué me pareció, si no quieren saber nada de nada. Desde ya, pido perdón por el tono cansado de la reseña. Estos no han sido días fáciles para nadie y hoy en particular ando con el ánimo un poco bajo. El libro me gustó, lo aclaro por si el tono deja lugar a dudas ♥.

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Leí la primera parte hace montones, así que al principio me costó un poco recordar quién era qué, qué les había pasado, qué querían hacer. Cuando logré asentarme, ya no hubo más problemas ni confusiones, aunque siento que habría sido mejor leerlo poco después del primero, porque es una saga con bastantes detalles. Tengo que admitir, también, que últimamente me está costando arrancar libros en general. Es decir, no agarrarlos, sino los primeros capítulos. Esto me pasa con todos, así que este no fue la excepción. Sin embargo, más allá de mis problemas, me pareció que demoraba demasiado en empezar, por lo que las primeras partes se me hicieron algo más lentas de transitar. Después, lo leí bastante rápido y con ganas, porque empiezan a pasar más cosas, con mayor intensidad y un ritmo más ágil. Puede que ambas cosas (la lentitud y la agilidad) tengan que ver con la pluralidad de narradores y lo más o menos interesantes que resulten en un momento dado.

En cuanto a la trama, se nota que estamos en un libro del medio. Algunas tramas se resuelven, pero solo para desembocar en otras mayores. Algunas tramas, por otro lado, no hacen más que volverse más complejas. Una de estas es la de Fay, que es uno de los personajes que más evolucionan a lo largo de la novela. Luego de haber huido, es rescatada por los habitantes de un monasterio. Allí conoce a Svent, que es un personaje importantísimo. Aunque sus partes vayan un poco más lento, son siempre esclarecedoras y solo hacia el final nos damos cuenta de su tremenda importancia.

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También tenemos las partes de Eirene, Seaben y Drake, después de haber huido de Lothaire rumbo a Astrea. Podemos imaginar lo que sucederá allí una vez que lleguen: intentarán recuperar su reino de las manos del Tirano. No obstante, aunque todo este asunto parece predecible, tenemos pequeños detalles, secretos y vueltas de tuerca que lo hacen más interesante de lo que imaginamos. También está la tensión provocada por el triángulo amoroso que hay entre estos tres, que por fin parece estar por resolverse. No voy a decir nada al respecto, pero estoy satisfecha.

No son solo los protagonistas los que nos sorprenden con sus idas y venidas: los secundarios esconden secretos que lo cambian todo en la saga. Desde Mab hasta Sylvana y personajes nuevos, al final nadie es quien dice ser, no del todo. Y así es como las cosas se vuelven más complejas y nosotros, como lectores, no podemos parar de leer hasta saberlo todo.

El final es un cliffhanger, por supuesto, como buena segunda parte de trilogía. Decía antes, se resuelven algunas tramas, pero otras nos van marcando rumbo hacia el final y se nota muchísimo. Se abren nuevas etapas, nuevos desafíos para los protagonistas, y está perfecto. Me pareció un muy buen cierre. Como detalle, me habría gustado que algunos recursos (y otros que también noto en la tercera parte) no se repitieran tanto. Por ejemplo, spoiler los besos de amor verdadero, descubrir las paternidades reales spoiler. Esto es personal.

En general, me gustó. Me mantuvo muy entretenida, a pesar de que me costó el inicio. Me parece que el crecimiento de los personajes es creíble y que está muy bien logrado, que todo está teniendo el desarrollo que debe tener y que se está gestando un final a la altura de la saga. Ahora mismo ando por casi la mitad del tercero, así que pronto les contaré si es así. ¿Lo van a leer?

miércoles, 25 de marzo de 2020

Recomendaciones de otoño



El año pasa más rápido de lo que parece y ya entramos en otoño —primavera para los que me leen desde el hemisferio norte, pero para el caso de esta entrada da bastante igual. Originalmente, esta solo iba a ser una entrada en la que pensaba recomendar libros que casaban bien con la estación, pero dadas las circunstancias globales, creo que justo viene bien tener a mano una serie de recomendaciones para pasar un poco mejor la cuarentena.

Sé que tanto tiempo aislados puede sacarnos las ganas hasta de hacer las cosas que normalmente nos gustan, como leer, por eso también elegí, en general, libros ágiles y que enganchan un montón, o libros de esos que te dejan el corazón calentito. Espero que encuentren algo que les llame la atención entre estos cinco títulos ♥.


Otoño en Londres

Esta es la novela debut de la autora Andrea Izquierdo, booktuber conocida como Andreo Rowling. Es uno de esos libros con múltiples narradores, múltiples subtramas y mucho chusmerío, secretos y romances. Como mirar una serie, diría. Es el primer tomo de una trilogía (a la que se suma un spin off) y sin duda engancha un montón. Los personajes, además, son muy interesantes y no se quedan en lo que nos muestran en primera instancia. La prosa es ágil y la autora sabe cómo atrapar al lector, así que lo van a leer al toque, a pesar de que es bastante largo.


Fangirl

Este libro de Rainbow Rowell me produjo felicidad. De verdad, sin exagerar. Lo leí en una terminal y mientras estaba de viaje, y me costó mucho asumir que en algún momento iba a terminarse. Trata de una chica que escribe fanfiction, que empieza la facultad, que tiene que aprender a sobrevivir sin estar todo el tiempo pegada a su hermana gemela. La novela exuda amor hacia los libros, hacia lo que nos produce la ficción. También es ideal para quienes estén por empezar la vida universitaria —aunque en estos momentos esté en pausa— y para los que se sienten perdidos. Además, pueden enganchar esta lectura con la de Moriré besando a Simon Snow y ser el doble de felices.


Desayuno en Júpiter

Nunca me voy a cansar de recomendar a Andrea Tomé, pero creo que de todos sus libros este es mi favorito. La historia de amor entre las protagonistas es preciosa, la prosa es bellísima, la subtrama que atraviesa toda la novela es súper interesante y está tan bien elaborada... Adoré la ambientación, las imágenes que evoca la narración, lo sensorial que es. Es ideal para leer con una bebida calentita mientras llueve. Aprovecho a recomendar también el blog de la autora, por si quieren saber más de ella y leer más sobre literatura, escritura, etcétera.


El bestiario de Axlin

No podía faltar la recomendación de fantasía. Laura Gallego es una autora de renombre en la literatura fantástica juvenil en español, y esta la saga suya que más me gustó por el momento. Con una prosa de ritmo más pausado, pero que mantiene al lector atrapado a través de la intriga, la autora nos sumerge en un mundo asolado por monstruos, en el que los humanos están perdiendo la batalla. Es por eso que Axlin, una de las pocas personas de los enclaves que sabe leer y escribir, decide hacer un bestiario que ayude a reconocer a todos los monstruos y poder protegerse de ellos. Esta novela tiene aventuras, intrigas, traiciones y todo lo que se puedan imaginar. Es la primera parte de una trilogía que no hace más que mejorar y volverse más compleja y oscura. Imperdible.


Un cuarto propio

Esta última recomendación es un poco diferente a las demás —y les pido disculpas por no tenerla reseñada en el blog, lo leí hace mucho tiempo—, pero consideré que podía ser interesante pasar estos días dándole una oportunidad a un clásico como este. Este ensayo de Virginia Woolf nos plantea la necesidad de la mujer de un espacio propio para escribir, de independencia económica, de dejar de estar silenciadas. Pone en cuestión el rol de la mujer en la sociedad, como creadoras en lugar de musas. Es interesantísimo, de esos libros que te cambian la cabeza para siempre. Les dejo la reseña de Tami, que es excelente, como siempre.


Y eso es todo. Recuerden que pueden leer las reseñas completas de estos libros en los links de sus títulos, pero también pueden encontrarlas —y muchos libros más— en el índice del blog. ¡Buena lectura!

miércoles, 18 de marzo de 2020

En las montañas de la locura - Reseña

«Todos los incidentes de aquel vuelo de cuarto horas y media están grabados a fuego en mis recuerdos, por su crucial posición en mi vida. Marcaron la pérdida, a mis cincuenta y cuatro años, de toda la paz y el equilibrio que la mente normal posee gracias a su acostumbrada concepción de la naturaleza externa y de sus leyes. De allí en adelante, los diez enfrentamos, aunque el estudiante Danforth y yo en mayor medida, un mundo espantosamente amplificado de vagos horrores que nada puede borrar de nuestras emociones, y que nos abstendríamos de compartir con la humanidad si pudiéramos.»

Una expedición de la Universidad de Miskatonic descubre en lo más remoto de la Antártida los vestigios de una extraña civilización, y con ellos un abominable secreto: sus verdugos, millones de años más tarde, aún perviven en las profundidades del hielo.



[Hola, estimados. Este pequeño paréntesis es para recordarles que esta reseña se las trae Juan, no yo, y que va a estar reseñando cositas cada dos meses ♥.]

En 1931, un grupo de científicos llega a la Antártida en busca de muestras de roca y suelo. En sus excavaciones, descubren por accidente una enorme caverna con restos fósiles que parecen desafiar la historia de la evolución como la conocen. Entre ellos, hay un cadáver que no se ha descompuesto en lo absoluto y no se parece a ninguna forma de vida conocida, sino a las leyendas de los Antiguos contenidas en el Necronomicón.

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Amo estudiar mitologías y, como una de las más cercanas en el tiempo, la creada por Lovecraft siempre me generó mucha curiosidad. Hasta ahora, la había seguido en forma indirecta, a través de referencias en otras obras, o perdiéndome en wikis de juegos de rol. Este universo es tan vasto e incomprensible para los personajes humanos que, de solo ver un fragmento de este, pierden la cordura. No busca traer la salvación a la humanidad; después de todo, solo somos un pequeño accidente de seres intergalácticos que apenas registran nuestra existencia. Es por todo esto que me llevé una gran decepción cuando al fin pude leer este libro. La intención del autor es clara: desarrollar la narrativa de su universo a nivel histórico. Los personajes son meros vehículos para llevar la trama adelante, y no importa qué tan imposibles, incomprensibles y repugnantes sean los restos de la sociedad de los Antiguos, ellos pueden entender millones de años de historia tan solo yendo a pasear un día por las ruinas de la ciudad perdida en la Antártida.

El protagonista, Dyer, es el narrador de este viaje. Es quien «publica» este libro, para intentar disuadir futuras expediciones al área. Va acompañado de Danforth, un estudiante de posgrado que es «lector material bizarro y había hablado bastante de Poe». Ambos quedan traumatizados por la experiencia. Esa es la totalidad del desarrollo y se da en el primer capítulo. Sobre los verdaderos protagonistas, que son los Antiguos, no puedo hablar mucho para evitar spoilers, pero son lo más interesante que tiene el libro.

En cuanto a la ambientación, se ubica sobre todo en una cordillera ficticia en la Antártida, más alta que el Himalaya. Recordemos que, en el momento en que fue escrito (1931), el continente se hallaba inexplorado en su mayoría. La expedición se divide en dos: una que hace el descubrimiento inicial de la caverna y otra que acude a investigar cuando nadie responde al otro día.

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La novela está narrada por un científico geólogo, y todo se analiza desde ese punto de vista. Asume que el lector está familiarizado con las eras geológicas, con los tipos de rocas y de suelos, con la evolución de las especies y con toda la terminología correspondiente. Quien conozca algo del autor, aunque sea los memes, sabrá de su predilección por los adjetivos. Todo es horrible, imponente, monstruoso, grotesco, perturbador, apabullante, inexplicable y otras cien cosas más.

Entre esto y la falta de acción, la lectura se hace a paso de caracol. Incluso los puntos altos de la historia se ven afectados por la constante sobreadjetivación. Las descripciones son detalladas por páginas enteras, un mérito compartido entre esto y la imaginación de Lovecraft.

Cabe destacar la edición ilustrada de Libros del Zorro Rojo. No debe de ser fácil retratar horrores cósmicos indecibles e inefables, pero las imágenes plasman en forma notable tanto los paisajes pesadillescos como los seres que no deberían existir, y el libro tiene más de veinte. Ayudan a traer a tierra las descripciones de todo lo que está por encima del entendimiento humano.

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En conclusión, es un libro hecho para ponerle una línea temporal a todo el universo ya creado. Es duro de roer, lleno de terminología y adjetivos y lo que se esconde detrás es un relato que en su mayor parte es solo una excusa para llegar a contar la historia de los Antiguos. Solo lo puedo recomendar a aquellos fanáticos de la mitología lovecraftiana que ya estén curtidos por unas cuantas novelas del autor.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Jane sin límites - Reseña

Si pudieras cambiar tu historia, ¿te atreverías?

JANE siempre contó con su tía Magnolia para tener algo de aventura en su vida. Pero ahora que la mujer ha muerto, se siente perdida y desorientada.
Cuando una vieja conocida reaparece en su camino y la invita a una excéntrica mansión en su isla privada, Jane acepta tras recordar que le prometió a su tía visitar aquel lugar si alguna vez tenía la oportunidad.
La joven no sabe que en ese viaje su historia cambiará para siempre. La casa le ofrecerá cinco alternativas que determinarán su destino. Pero todo tiene su precio, y en Tu Reviens no hay imposibles.






Este libro es un paraguas. No lo digo yo, lo dice la propia autora —conocida por su trilogía de fantasía: Graceling, Fuego y Bitterblue— cuando habla de la estructura de la novela, que es similar a un paraguas. Es muy importante empezar la reseña por la estructura, porque en este libro es un elemento fundamental que lo distingue de los demás

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Jane sin límites tiene su origen en las novelas de Elige tu propia aventura, pero conforme la autora la escribía, terminó por desviarse de ese camino, ya que debe leerse de forma lineal para entender mejor la totalidad de la historia. En ese sentido, más bien me recordó a las novelas visuales, que siguen distintas rutas en las que la historia base es la misma, pero las tramas son distintas. Si quieren saber más sobre cuál fue el proceso de escritura de Kristin Cashore, pueden leer aquí y aquí. Al final del libro, hay una nota de la autora en la que explica las referencias literarias que utilizó y que podemos encontrar. Por supuesto, están Rebeca, Jane Eyre, El tapiz amarillo... Todas estas obras tienen gran influencia sobre la trama y los personajes. Me atrevería a agregar Diez negritos, en parte, e inevitablemente pensé en Umineko no naku koro ni. Es probable que les haga pensar en muchas otras cosas: la novela comprende cinco géneros diferentes

La novela empieza de forma bastante simple: Jane llega la isla junto a su amiga Kiran, hija de un multimillonario, que la invitó a la mansión de su familia. Esta mansión se llama Tu Reviens y queda en una isla privada en el Atlántico. Toda la primera parte se dedica a mostrarnos la casa, el personal, la familia de Kiran y los demás invitados. Esta parte se siente un poquito como jugar al Clue. En definitiva, se nos van presentando los distintos misterios y las pistas que Jane podría seguir. Cuando llegamos al final, se plantea una pregunta: ¿a quién seguir? ¿A la señora Vanders, a la niñita, a Kiran, a Ravi, al perro? Esta decisión es la que lo cambia todo. Aquí llega el «efecto paraguas». 

Así es como empieza este viaje tan particular. Si seguimos a la señora Vanders, la ama de llaves de Tu Reviens, que parece saber algo sobre la fallecida tía de Jane, terminamos en una historia de misterio sobre una obra de arte robada. Si seguimos a la niñita, nos encontramos en medio de una historia de espías en la que descubriremos qué pasó con los Panzavecchia, un par de científicos desaparecidos, y sus hijos. De elegir a Kiran, que quiere contarle a Jane lo que sabe sobre Charlotte, su madrastra, que desapareció sin dejar rastro, vamos derechito a una historia de terror. Si elegimos a Ravi, el excéntrico hermano de Kiran, la historia se vuelve ciencia ficción, llena de dimensiones alternas y absurdo. Finalmente, si seguimos a Jasper, el extraño pero adorable basset hound, la historia es de fantasía y termina de atar todos los cabos sueltos que se plantean en la primera parte.

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Lo más interesante de esto es que todos los relatos contienen pistas e información sobre los demás, por eso es que no pueden leerse en cualquier orden. Las cinco historias juegan a la vez; es decir, aunque Jane no las elige, siguen pasando, solo que en un segundo plano en el que ella no tiene el mismo nivel de influencia. Tal vez, al leerlas, sientan que se quedaron cortas o que podrían haber dado más de sí, pero el nivel de complejidad que implica un trabajo como este es increíble. Si leen los posteos que les linkeé, van a entender mejor a qué me refiero. En algún momento me gustaría incluso releerlo para entenderlo mejor.

Hablemos un poquito de Jane, nuestra protagonista. Una muchacha huérfana que acaba de abandonar la universidad para dedicarse a trabajar tras la muerte de su tía Magnolia, único familiar vivo. Esta solía dedicarse a fotografiar animales marinos, pero para desgracia de Jane fallece en una expedición a la Antártida. Poco después se encuentra con Kiran, quien la invita a Tu Reviens, y así llegamos al inicio del libro. Aunque pueda dar la impresión de ser callada, Jane no lo es. Es una persona con ciertas convicciones, pero con la mente abierta. Hacer paraguas de forma artística es su hobby, uno que veremos durante todos los relatos, aunque con variaciones. La relación con la tía Magnolia  es funtamental para la novela, y una de las cosas que más disfruté.

Esta vez, con más razón que nunca, no quiero entretenerme hablando de los personajes secundarios. Todos cumplen un rol, todos esconden secretos, entonces no quiero revelar nada en particular. Sí quiero decir que me habría gustado que hubiera más desarrollo de los posibles intereses románticos de Jane, que aprovecho a contarles que es explícitamente bisexual y que ese hecho está completamente naturalizado en la novela, cosa que me encantó. Como decía antes, no puedo reclamarle nada a la autora, con lo complejo que ya fue todo, pero es una cosita nomás que me habría gustado.

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La ambientación juega un papel importantísimo también. Tu Reviens no es una mansión normal, sino que fue hecha de partes de otras casas, secciones enteras. Es como un Frankenstein de casas, digamos. Por suerte, el libro trae un mapa no solo de la casa sino de la isla. Además, la casa está llena de arte invaluable, como se imaginarán. También tiene una presencia extraña. Depende del camino que tome Jane, estos elementos tienen mayor o menor importancia para la trama, aunque siempre están presentes.

La historia está narrada en una tercera persona del presente que llena las páginas de tensión. Al principio tal vez el libro se haga un poco lento, pero luego la curiosidad nos puede más y las cosas se van poniendo más lindas. Me pareció una prosa correcta, con un humor muy suyo y perfecta para una novela de este estilo. Ya conocía a la autora y me gustaba mucho, así que no esperaba menos de ella.

No sé muy bien cómo cerrar esta reseña. Siento que les dije muy poco, pero esa es parte de la gracia en este caso. Es una novela distinta, con una estructura particular que se abre como un paraguas en múltiples direcciones. En varias dimensiones. Algunas con o sin devoción a las ranas. Les juro que esto último que dije tiene sentido. Así como también lo tiene el título de la novela, pero para entenderlo van a tener que leer.

Después me cuentan.


miércoles, 4 de marzo de 2020

La librería de los corazones solitarios - Reseña

La novela perfecta para quien haya tenido el corazón roto, para quien haya conseguido recomponerlo y para quien se lo haya dejado alguna vez en una librería.

Tom Hope no piensa que se le dé especialmente bien ser granjero. Solo hace lo que puede: ordeña las vacas, recoge las manzanas, cuida de las ovejas... Tampoco se considera un buen marido porque su esposa lo abandonó y se llevó consigo al pequeño Peter. Pero cuando en su vida aparece Hannah Babel, la alegre y excéntrica mujer que quiere montar una librería en el pueblo, él se atreve a soñar que podrían ser felices juntos.
Sin embargo, en 1968 solo han transcurrido veinticuatro años desde que Hannah llegara a Auschwitz con su hijo pequeño y saliera sola. Y Tom se enfrenta a una batalla contra el dolor y el recuerdo que todavía apenas puede imaginar.


Me gusta leer sobre librerías. Ya sea ficción o no ficción, disfruto muchísimo conociendo más sobre  librerías y lo que provocan en la gente. Los cambios que traen consigo. Cuando vi esta bellísima portada y leí por encima la sinopsis, decidí que tenía que leerlo sí o sí. Y si bien no fue exactamente lo que esperaba, quedé bastante satisfecha.

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La historia nos lleva a la Australia rural de los años sesenta. Se nos cuenta cómo Trudy, la esposa de Tom, el protagonista, lo abandona para regresar un tiempo más tarde, embarazada de otro hombre. Tom los acepta a ambos y se encariña con el niño, Peter, pero luego Trudy decide irse a vivir con su madre y su hermana en Isla Phillip, a una colonia religiosa. Para peor, tiempo más tarde se lleva a Peter consigo. Poco más tarde, llega a Hometown una mujer extranjera muy particular, con intenciones de abrir una librería en un lugar en el que pocos leen. La química entre ellos es instantánea, pero la historia no termina allí. El libro también tiene capítulos que nos cuentan de la experiencia de Hannah en la segunda guerra mundial y en la guerra fría, además de contarnos cómo esto afecta su relación con Tom y sus posibilidades de ser feliz si Peter entra en la ecuación.

Aunque tiene partes muy tiernas y conmovedoras, no es un libro alegre. No es una novela livianita —aunque la leí muy rápido— de un romance ambientado en una librería. Es la historia de dos personas rotas que se gustan de inmediato, pero que tardan bastante más en descubrir cómo compaginar sus pasados y ser felices juntos. Hay muchísima nostalgia, muchísimo dolor en esos corazones solitarios del título. No creo que sea un libro para llorar, pero vayan con cuidado.

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Tom es un protagonista diferente a lo que acostumbramos leer. El estereotipo para un granjero acostumbrado a trabajar con animales y a realizar otras tareas más bien manuales es otro, lo sabemos, pero Tom es una persona suave, paciente y fundamentalmente buena. Quiere una vida tranquila; a ser posible, con Peter a su lado, al que considera un hijo. Cree que nunca va a ser suficiente para alguien más, que nunca va a ser más que un granjero, sea la vida que prefiere o no. Por otro lado, Hannah es una mujer que ha vivido demasiado. Perdió a un marido y a un hijo en Auschwitz, a otro de un tiro años más adelante y, en general, está harta de Europa, por lo decide empezar de nuevo lo más lejos posible: en Australia. Él es callado, honesto, sencillo. Ella es excéntrica, parlanchina, intelectual. A veces hay cruces, por supuesto, pero la cosa funciona. Y ese amor los ayuda, por supuesto, a entender mejor su dolor y encontrar el camino para sanar.

En este libro sucede algo que en general me gusta mucho y es que se aprovecha que el pueblo es pequeño para darnos a conocer a muchos de sus habitantes. Así, da la sensación de familiaridad y de lazos estrechos que no siempre es fácil de conseguir. Hay un montón de personajes secundarios, por tanto. Desde los demás habitantes de Hometown, que aportan lo suyo, hasta Trudy, su familia y el pastor de la colonia, que usa métodos violentos para criar y castigar a Peter —que no quiere estar allí sino con Tom. Sin mencionar a las mujeres que conoce Hannah durante su juventud y que la ayudan a sobrevivir a los horrores de la guerra. Todos estos personajes contribuyen a que este relato sea más real, más palpable.

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Aunque la trama avanza despacio y no hay montones de acción, sino que las cosas se van dando lentamente, es un libro que se lee muy rápido. Creo que la prosa es lo suficientemente sencilla y ágil como para permitirlo, aunque no me pareció tampoco invisible, lo que es bueno. La ambientación también me conformó; no conozco mucho de la Australia rural, pero se sintió genuina. Algunas partes me parecieron demasiado gráficas —estamos en una granja, imaginen—, pero no fue determinante en mi lectura. Las partes de la segunda guerra mundial y épocas posteriores fueron crudas, eso sí, pero nada que no puedan imaginar. En general, me pareció que todo estaba muy correcto y que se sentía real, importante, no una excusa para unir a estos dos en una relación. Todo lo que les ha sucedido, todos los lugares en los que han vivido, todo es importante para la trama y para su sanación. Diría que hubo un muy buen trabajo de investigación detrás.

Así que, como resumen, es un libro que me gustó y que disfruté bastante. Se lee súper rápido, toca temas importantes y en momentos conmovedores, y plantea una forma no convencional de amar y de ser familia. La librería por supuesto que tiene su peso en la historia, pero me habría gustado que lo tuviera más. Ahora, cuéntenme: ¿lo piensan leer? ¿Qué otras novelas sobre librerías conocen?


miércoles, 26 de febrero de 2020

¿Cómo me organizo en la vida diaria?



[¡Hola! Esta es otra de las secciones nuevas del blog, a la que llamé #tips y curiosidades, pero en verdad no tiene ningún nombre oficial. Son solo algunas instancias en las que quiero aprovechar a contarles cosas que me preguntan mucho o que creo que pueden llegar a ser útiles, aunque siempre dude un poco de mi capacidad para transmitir algo útil, ja. Empecé a planificarlas y escribirlas el año pasado porque muchos de ustedes me preguntaron por este tipo de cosas —tal vez recuerden que les pregunté en Instagram qué tipo de entradas querían leer— y hasta les expliqué a varios cuál era mi sistema en su momento.]

Por la cantidad de cosas que suelo hacer, mucha gente piensa que debo de ser una persona muy organizada, que tiene todo bajo control y sabe administrar su tiempo. Probablemente, hasta me es fácil hacer tantas cosas juntas. Guess what: no. En serio, no.

Toda la vida fui una persona bastante desordenada y caótica. De esas que tienen ataques de ordenar su cuarto, pero a los días se va convirtiendo de nuevo en una maraña de cuadernos y ropa y quién sabe qué cosas. Antes del año pasado, podía dejar la cama deshecha por días y días —es algo que logré resolver, por suerte— las cosas pendientes se acumulaban tanto o más que mi ropa. ¿Qué cambió? Bueno, no hay soluciones mágicas. Fui buscando alternativas que se ajustaran a mí hasta dar con lo que me servía.

Mi mayor error fue pasar de un extremo al otro. De tener cero organización y pasar horrible, a crearme horarios y esquemas súper complejos, exigentes, imposibles de seguir. Oscilé entre esas cosas durante años hasta que, claro está, no aguanté. Es cierto que siempre anduve metida en muchas actividades y que eso me dejaba exhausta, pero una mejor administración de mi tiempo habría hecho que las cosas fueran más llevaderas.

Lo que quiero decir con esto es que ser una persona organizada no necesariamente significa tener un montón de horarios y tablas y cosas súper ajustadas y detalladas. Es muy posible que para algunos esa sea una solución y les haga la vida más sencilla, pero no es la única forma y, sin duda, no es la mía. De este mismo modo, también sé que dejar que las cosas pasen porque ya las haré cuando tenga ganas o tiempo no me me sirve, aunque otros se estresen si no pueden vivir de esta manera. Acá somos todos distintos y eso es algo bueno. La cuestión es: ¿qué es lo que logré que me funcionara?

Una estructura, sí, pero flexible. Que me permita organizar qué tengo que hacer y cuándo, pero también mover las cosas de lugar según mi situación y los imprevistos. Un punto medio entre esa hiperorganización y la nada misma entre las que venía oscilando.

¿Cómo llegué a esto? Lo primero fue poner en papel —aunque supongo que se puede hacer en digital, solo que a mí me gusta mucho hacer estas cosas a mano— mis tareas pendientes y las cosas que quería hacer. Por ejemplo, las tareas de la facultad, reseñar, corregir y escribir. No cosas puntuales, sino las que seguramente tuviera que repetir de forma constante. Entonces, distribuí todas esas cosas a lo largo de la semana. Así, planifiqué el mes entero, pero no más que eso para no estresarme —y porque cada mes tiene sus propias exigencias, eso lo aprendí sobre la marcha.

No puse más de dos tareas por día. En todo caso, la tercera podía ser leer o esos asuntos puntuales que mencioné antes. Al hacer eso, todos los días iba a haber completado algo, aunque fuera una o dos cosas. Al final de la semana, iban a ser muchas más. Ni hablar a fin de mes. Sin embargo, no iba a ser tan agotador como intentar lidiar con cuatro o cinco cosas por día con el afán de trabajar un montón. 

Creo que eso último es lo más importante: reducir el agotamiento, tanto físico como mental. Si yo ya sé hice las dos cosas que me planteé hacer, como escribir y traducir para la facultad, voy a sentirme realizada por el día. También voy a quedarme con la sensación de no haber hecho mucho y, por lo tanto, voy a estar menos cansada. Y si ya sé que solo reseño los martes, no voy a estar el resto de la semana con culpa por no estar haciéndolo, porque solo pienso en eso el día que me corresponde.

A su vez, si no logro hacer una tarea el día asignado, sé que tengo la flexibilidad suficiente para moverla a otro día, porque por algo dejé ese espacio libre. Nada es tan rígido como para que dejar de hacer algo se considere un fracaso. Es solo un ligero cambio de planes.




Utilicé para esto distintos métodos. Uno de ellos fue poner un post-it por semana al lado de mi escritorio e ir tachando las cosas ya hechas, lo que me resultó muy útil por algunos meses, pero después me aburrió. Luego, pasé a un cuadernito —sin convertirlo en un bullet journal—, pero no me resultaba tan fácil ponerme a mirarlo como con los post-it. Por Navidad, una amiga me regaló un planificador semanal —el de la foto— que tengo siempre a la vista en mi escritorio y que me viene salvando la vida en general, sobre todo para lo inmediato y para tener siempre una idea de lo que pasa en mi semana.

Ahora mismo estoy probando también usar el calendario de Google, en el que además puedo marcar las cosas puntuales como tareas o recordatorios, pero no tiene la misma gracia que escribir a mano, al menos para mí. Lo bueno es que se puede tener varios calendarios —por ejemplo, yo tengo uno personal, uno de escritura, otro de la facultad, incluso compartidos como los del #Clubdelectura.uy y #UnAñoConLasBrontë. Puede parecer confuso, pero rinde.

Esta cuestión de elegir lo mejor la voy a dejar a gusto de cada uno de ustedes, ya que ni siquiera yo logré determinar qué método me gusta más. He probado un montón de apps para organizarme, que al final solo me provocaron más estrés y ni siquiera las miraba. Al final, puede que los métodos sean adecuados para distintas etapas de la vida, no para siempre.

Sea como sea, lo importante es eso: tener una estructura flexible que permita evitar el agotamiento físico y mental. No muchas tareas por día, no pensar en las tareas que no tocan ese día y saber que cambiar algo de día no es un fracaso. Así, al final de la semana y al final del mes, se van a dar cuenta de que hicieron un montón de cosas sin haberlas sentido tanto como en otras ocasiones. Al menos, a mí me funciona así.

¿Van a probarlo?  ¿Tienen sus propios métodos para organizarse? ¡Cuéntenme cuáles!

miércoles, 19 de febrero de 2020

La hermana luna - Reseña

Cuando Tiggy D'Aplièse acepta trabajar en una de las zonas más recónditas de Escocia, en concreto en la enorme finca Kinnaird, nada le hace sospechar que el misterioso terrateniente, Charlie Kinnaird, está a punto de alterar su futuro e, irónicamente, revelarle su pasado. En su nuevo hogar Tiggy descubrirá que tiene un don, el sexto sentido, una herencia de sus antepasados gitanos.
Lucía Amaya-Albaycín nació en 1912 en el barrio del Sacromonte, frente a la Alhambra, y la apodaron La Candela. En su destino está escrito convertirse en una de las grandes bailarinas de la historia, y por eso su padre se la lleva a los bares de flamenco de Barcelona con solo diez años. Al estallar la Guerra Civil, Lucía y su grupo de bailaores se ven obligados a buscar refugio en Nueva York. Pero para ver cumplido su sueño Lucía tendrá que elegir entre la pasión por el baile o el hombre al que ama...
Conforme conoce sus raíces españolas y desentraña el pasado de su familia, Tiggy comienza a aceptar y a controlar su don sin saber que ella también deberá tomar una difícil decisión, no muy distinta a la que en su día afrontó Lucía.

A esta altura de la vida, probablemente ya sepan que esta es una de mis sagas más queridas. Es más, quizás me hayan oído decir que leo los libros con mi abuela, para después comentarlos juntas, cosa que me hace muy feliz. Este se lo di primero a ella porque estaba muy impaciente y luego lo leí este verano, en la playa —aunque no es un libro tan de verano como el anterior—, emocionada por poder volver a esta historia. Con todo el dolor de mi alma, tengo que decir que por ahora es el que menos me gustó de la saga y, en verdad, tampoco me gustó mucho en sí. Voy a explicarles bien por qué, pero sepan que me duele un montón escribir esta reseña. 

Quiero avisar también de que no es necesario leer los anteriores para entender, aunque es recomendable. Si les interesa leer mis reseñas de los demás libros, estos son La historia de Maia, La hermana tormenta, La hermana sombra y La hermana perla. Por ahora, mi favorito sigue siendo el tercero. Y si están leyendo la saga, no dejen de contarme cuál es su favorito hasta el momento ♥. 

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Bueno, al igual que en los demás libros, la novela se divide en la trama del presente y en la trama del pasado. Por un lado, seguimos a Tiggy, la quinta hermana. Siempre se ha hecho referencia a ella como la hermana espiritual y es realmente poco lo que sabemos de su persona a lo largo de la saga. Sabemos que trabaja en refugios de animales y que tiene un vínculo muy especial con ellos, y es así como la encontramos al inicio del libro: dejando su trabajo actual para seguir cuidando unos gatos monteses escoceses en su nuevo hogar, una enorme propiedad en Escocia. Por este motivo, Tiggy empieza a trabajar en la finca de los Kinnaird, regentada por el laird Charlie. Allí conoce también a Cal y a Beryl, que trabajan en la finca, y a Zara, la hija de Charlie. También está Ulrika, la esposa de Charlie, y Zed, un ricachón que la hace sentir muy incómoda, pero esos dos no son personajes que nos agraden demasiado. Y está Chilly, un viejo gitano que dice haber conocido a la abuela de Tiggy...

Por otro lado, la historia del pasado no se centra solamente en Lucía, como dice la sinopsis, sino que esta actúa como eje para contarnos más sobre la madre de esta, María, y su propia hija, Isadora. Tres generaciones de gitanas españolas con vidas muy diferentes en tiempos históricos bien distintos. La historia empieza a principios de siglo, cuando María se enamora de José, que debe de ser el peor de los partidos posibles, y su vida se convierte en pura pobreza y amargura, salvo por sus hijos, a los que adora. Sin embargo, la vida es muy mezquina con ella y ni eso le va a dejar, pero no voy a contarles mucho al respecto. Lucía, su única hija mujer, tiene un talento innato para el baile, lo que se convierte en la esperanza de la familia, aunque el contexto histórico no la favorezca. Y, más adelante, Isadora se convierte en una muchacha amable e inocente con mucha mala suerte en la vida. 

Tengo que admitir que esta vez ninguna de las historias me llegó mucho, aunque preferí la de Tiggy porque Lucía me cayó muy mal. Sin embargo, Tiggy tampoco es santo de mi devoción. Antes de pasar a hablar de los personajes, quiero decir que en sí no hay nada mal con las tramas, son historias ineresantes y bien pensadas, en su mayor parte, y probablemente resulten mega entretenidas. No me convencieron los finales —leí en diagonal porque perdía el bus, además—, en especial de la de Tiggy, pero voy a ahondar en eso más adelante. En general, debo decir que a la mayoría de los personajes los noté out of character y algo forzados, lo que se nota especialmente en los diálogos.

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Respecto a Tiggy, me pasó exactamente lo opuesto que con CeCe. Tenía mucha curiosidad y expectativas por ella, pero me sorprendió para mal. Aunque se la presenta como a una joven de mente abierta y muy liberal, y en ocasiones lo es, en general es bastante conservadora y, en algunos momentos —esto me duele muchísimo—, hasta machista. De hecho eso último me sorprendió porque no era el tono de las novelas anteriores, pero en esta hasta Ally hace una aparición y suelta una diatriba contra las feministas que me dejó impactada porque ni al caso venía. No soy muy fan de los personajes buenos y abnegados que además son más bien inocentones y moralistas, así que Tiggy no fue para mí. Sí aprecio un montón que mantuviera sus convicciones y que no se dejara convencer por gente horrible, muy al estilo Fanny de Mansfield Park, pero no logré conectar demasiado con ella ni notar demasiada evolución en su personaje, salvo el descubrimiento que hace sobre sus orígenes.

En cuanto a sus antepasadas gitanas, María me parece una mujer admirable que merecía una vida mucho mejor. Lucía, por otro lado... Intenté que me gustara. Cuando leí reseñas que decían lo insoportable que era, me dije que iba a hacer todo lo posible por quererla. No me salió. Es prepotente, creída y egoísta. Ahora bien, no tiene que gustarme. Todo esto no la hace un mal personaje, al contrario, me pareció muy bien desarrollada. Ahora, sí hizo que leer sus partes se volviera menos entretenido. De Isadora tenemos muy poca historia como para que la cuente acá, pero me dio mucha penita.

Aparte de lo que dije de los diálogos, la narración sigue siendo tan buena como siempre. Noté más problemas en la estructura, por ejemplo en lo poco creíble y emocional que es el final esta vez, pero no mucho más que eso. La historia de amor principal no tiene mucho desarrollo y no me la terminé de creer nunca, cosa que no me pasó en las entregas anteriores. Las descripciones geográficas siguen siendo fascinantes y hacen que el lector se sienta allí mismo. Disfruté de lo acogedora que era la finca Kinnaird y del lindo vínculo que hace Tiggy con la gente que vive allí, así como de conocer el Sacromonte, una España convulsionada por la guerra civil y la situación de América —del sur y del norte, eh— en esa época. No me convencieron tanto los gitanos; no sé lo suficiente del tema como para opinar y asumo que la autora se informó muy bien, como siempre, pero me dio la sensación de que estaban un poco romantizados, no sabría explicarlo.

Como ven, fue una lectura en general agridulce. Esperaba un montón de esta novela, dado lo mucho que me gustaron sus antecesoras, pero me llevé una decepción. ¿Quiere esto decir que no lo recomiendo o que no recomiendo la saga? No, no es un mal libro ni me parece que sea motivo suficiente para descartar la saga, pero eso va en cada uno. Además, todavía queda una hermana para cerrar la saga por todo lo alto. Ustedes, ¿qué opinan?

miércoles, 12 de febrero de 2020

Mujercitas - Especial

Edición definitiva de las dos partes del libro, con prólogo de Patti Smith y un apéndice en el que se señalan los pasajes censurados por sus editores originales.

«Ningún libro me sirvió mejor como guía, cuando empecé a recorrer mi camino de juventud, que Mujercitas.» Con estas palabras da comienzo el prólogo de Patti Smith a esta edición, que reproduce íntegro el texto con el que vio la luz en 1868 la célebre novela de Louisa May Alcott. Más tarde sufriría cortes y censuras -debidamente señalados en el apéndice de este libro- y la versión dulcificada fue la que leerían, en traducción, varias generaciones. También incluye la segunda parte de la historia, que la autora escribió para dar respuesta a las muchas cartas de los lectores, interesados en saber cuál sería el destino de las hermanas March, cuatro jovencitas que vivían en un pueblo de Nueva Inglaterra mientras la guerra civil hacía estragos en toda América. Han pasado muchos años desde aquel lejano 1868, pero la complicidad de Meg, Beth, Amy y Jo con las mujeres no ha muerto y son muchas las autoras, desde Simone de Beauvoir a Joyce Carol Oates, que como Patti Smith han reivindicado con entusiasmo una novela que resume el espíritu de una época y aún hoy puede regalarnos hermosas horas de lectura.


Estamos ante uno de esos libros que prácticamente no necesitan presentación. Incluso a quienes no lo leyeron seguro que les suena el título o tiene una idea básica de la historia. Por eso, pienso empezar este especial contándoles no de qué trata, sino cómo conocí Mujercitas. Si quieren una entrada que explica súper bien el argumento de la novela y los personajes, les recomiendo esta de Mel. No creo ser tan exhaustiva.

No sé muy bien cuál de estas dos cosas pasó primero, ya que era muy chica. Conocía el libro de nombre, pero no lo había leído. Llegó a mi vida de dos maneras: a través del libro J. K. Rowling vista por J. K. Rowling, una entrevista a la autora que se publicó en el año 2000 o por ahí, en donde comentaba que Jo March era una de sus heroínas favoritas. Como yo en ese entonces adoraba a la Rowling —ahora es un poco más complicado, la verdad—, traté de leer todos los libros que ella decía haber leído en su niñez y juventud. No puedo asegurar haber llegado a Mujercitas después de leer esta entrevista, aunque tengo la sensación de que sí, y de que lo hice por este motivo. Solo sé que lo encontré en la biblioteca de la escuela y, por supuesto, tuve que leerlo. No recuerdo bien si me gustó o no, aunque algunas escenas se me quedaron grabadas —los castillos en el aire, por ejemplo— y los eventos más importantes no me los llegué a olvidar. Cuando tuve la oportunidad de releerlo antes de ver la película, me dije que sí, que había llegado el momento. En verdad, lo estoy releyendo tan despacito que sigo en medio de la segunda parte, pero no quería dejar de hablarles de toda la experiencia.

Y hablando de mi relectura, charlemos un poco de la edición nueva de Lumen. La que yo leí en la biblioteca de la escuela, se imaginarán, era muy viejita y probablemente estuviera adaptada o algo así.  Esta es una versión definitiva de los dos volúmenes, sin censura, ilustrada y con apéndices. Empieza con un prólogo precioso de Patti Smith, pero también tiene una introducción que explica bastante sobre el contexto y cómo conviene leer la obra si se es joven o si se es más grande. Además, al final hay varias secciones que explican un montón más sobre la época en distintos aspectos. El rol de la mujer, la medicina, la religión, entre otros. Todo esto lo vuelve un volumen muy completo, ideal para quien quiera empaparse de all-things-Mujercitas. Es bastante gordito, sí, y pesa, pero eso se cae de maduro.

Todos los paratextos incluidos me parecen un acierto. ¿Por qué digo esto? Porque es una obra que gana muchísimo con el contexto adecuado. Leída así nomás, con nuestra mirada actual, sé bien que puede resultar una novela lenta, aburrida, machista y llena de moralina. No quiero invalidar esas opiniones, pero creo que las cosas cambian cuando la miramos con el cristal de su época. La introducción misma nos explica por qué fue un libro que revolucionó la novela juvenil como se la conocía, que incluso se consideró poco cristina en ciertos aspectos y que trata el rol de la mujer de una forma muy directa. Una novela que, además, reivindica la importancia de la vida cotidiana de las mujeres. No voy a explayarme al respecto, pero sí quiero dejar claro que considero fundamental estudiar un poco sobre la época y sobre la autora para poder entender mejor la novela y, en verdad, también la película.

En fin, ¿de qué trata Mujercitas? Dicho así nomás, de la vida de la familia March. Esta familia está conformada por cuatro hermanas y sus padres. El padre se encuentra ejerciendo como capellán en el frente, dado que nos ambientamos en la Guerra de Secesión, por lo que la madre, a quien llaman Marmee, es la encargada de cuidar a la familia. Las hermanas son Meg, Jo, Beth y Amy, muy distintas entre sí. También podríamos incluir a una tía muy particular y a Hannah, la criada, que vive con ellos y que es parte del día a día de la familia. Los vecinos, los Laurence —el señor Laurence, su nieto Laurie, el profesor Brooke— también forman parte del entorno familiar de los March. A través de episodios de sus vidas a lo largo de algunos años, vemos a estos personajes crecer, madurar, sufrir y vincularse como si de personas reales se tratase. Y así han impactado tanto en distintas generaciones desde su publicación.

No quiero comentar mucho más de la historia en sí, pero me gustaría hablarles un poco de los personajes. De esa madre abnegada que, a pesar de parecer perfecta, admite hacer un trabajo diario muy grande para contener sus enojos. De Meg, que quiere tenerlo todo y recibe más de un baño de realidad; de Jo, que es fuerza salvaje y creatividad en estado puro; de Beth, la angelical; de Amy, presumida y caprichosa, pero forzada a ser humilde. Todas tan distintas y, sin embargo, coexisten de una manera natural. Son una familia entrañable, a la que llegamos a querer en todas sus versiones. También está Laurie, ese personaje tan querido por las March y tan importante será para ellas.

Mujercitas es y ha sido una historia que llega muchísimo a su lectores —lectores de todo timpo, desde su publicación—, que se convierte en un lugar seguro al que volver. Resulta emotiva, inspiradora, muy visceral incluso. Tal vez el motivo sea, en parte, que la autora puso tanto de ella en sus páginas. Sabemos que se basó en su propia familia y en algunas de sus vivencias para escribir la historia, que fue un encargo. De no ser por este encargo, difícilmente hubiéramos tenido la novela entre nuestras manos. No era lo que Louisa solía escribir.

La película hizo un gran trabajo a la hora de homenajear a Louisa, por cierto. Hay múltiples guiños a la manera en la que llegó a publicar Mujercitas, por ejemplo, o cómo se escribió el final que tiene en la actualidad. Recordemos que en esa época las protagonistas tenían que terminar casadas. Incluso se hace referencia a que era ambidiestra, lo que le permitía usar las dos manos para escribir. Hay mucho de Louisa en Jo, desde el momento en el que la autora lo decidió así, claro, pero la película lo sabe transmitir a la perfección y hasta se mezcla un poco la ficción con la realidad. No era algo que esperara encontrar en una adaptación y sin dudas hizo que el final se volviera algo más ambiguo, pero para mí es un acierto. Abre la puerta al debate, a plantearnos un poco mejor cómo habría terminado la historia si la autora hubiera tenido total libertad. Infinitas posibilidades. Yo creo que a Louisa le habría gustado.

Tuve la suerte de poder asistir a la avant premiere de la película, así como a la actividad previa organizada por el #Clubdelecturauy y Penguin Random House. Allí, tras ser agasajados con comida y té muy ricos, gracias a Maizena y Lipton, participamos de un debate grupal sobre la obra y en un sorteo. Después, fuimos todos juntos a ver la película. Ya venía con el corazón calentito por la actividad preciosa, rodeada de gente linda de distintos clubes de lectura del país, pero salí mucho más feliz todavía.

La película es hermosa. A algunos les podrá parecer confusa porque juega con distintas líneas temporales en vez de ser lineal como las otras, pero para mí se diferencia muy bien la época —en el pelo, la ropa, la paleta de colores, el tono. Esto hace que todo tenga un tinte más nostálgico y emotivo: sabemos que las cosas no son como eran antes, pero no sabemos por qué. Me parece una idea innovadora e interesante y aplaudo a la directora por haberlo hecho así. Disfruté montones de las actuaciones, de la música —no he parado de escuchar la banda sonora para escribir o reseñar—, del vestuario hermoso que bien merecido tiene ese Oscar. 




Además de contarles sobre el libro y sobre la experiencia maravillosa que fue la avant premiere, de cómo disfruté la película, quería hablarles de una lectura complementaria que me parece que aporta muchísimo a estos otros dos elementos. Se trata de una novela corta de la autora Gloria V. Casañas llamada En el huerto de las Mujercitas.



En homenaje a Louisa May Alcott. A mediados del siglo XIX en Concord, un histórico pueblo de Massachusetts, los vecinos son ilustres pensadores en la época: Emerson, Thoreau, Hawthorne, y entre ellos la familia Alcott, cuya segunda hija, Louisa May, acaba de saltar a la fama literaria con una novela juvenil.

Hasta allí llega Analisa Clemens en compañía de su tía, huyendo de la Guerra de Secesión. Lectora empedernida, Analisa busca refugio a sus pesares en los libros, y halla una extraña coincidencia entre sus sentimientos y los de las hermanas March de la famosa novela Mujercitas. Un manuscrito que descubre aspectos insospechados de la vida en Concord le demuestra que aquel lugar no es el apacible pueblo blanco que parece, y la intriga por saber a quiénes se refiere el anónimo autor de esas páginas la conduce a la gente de las colinas y a Justin, un joven de carácter y modales por completo opuestos a los de su antiguo prometido. Su afán de vivir aventuras la empuja hacia Orchard House, la casa de las mujercitas de la novela. En ella, Analisa encuentra no sólo la respuesta a sus incógnitas, sino una revelación que cambiará su vida para siempre.

En el huerto de las Mujercitas rinde homenaje a una escritora que evadió los esquemas de pensamiento reservados a las mujeres de entonces, se atrevió a desafiar las convenciones sin perder su amor por la familia ni el romanticismo, y dejó profunda huella en otros escritores. Es también una novela dentro de otra, a tal punto fusionadas que la realidad se torna ficción y ésta se vuelve real. Louisa May Alcott actúa en ella como un personaje más, revelándonos secretos desconocidos de la familia y de su papel en la historia de Concord, un sitio que Gloria V. Casañas conoce y ama, y del que trae para sus lectores, además de una romántica trama, un encantador diario de viaje por Orchard House y sus alrededores.

Poco que decir sobre el contenido de este libro que no esté en la sinopsis. Primero que nada, ¿ven la casa de la portada? Es Orchard House, donde vivió la autora la mayor parte de su vida. ¿Recuerdan la casa de las March en la película? Bueno, ahí tienen otro de los guiños.

Esta novela corta también cuenta con un prólogo muy esclarecedor sobre la vida familiar de la autora y los personajes históricos importantes que influyeron en su crecimiento. Hacia el final del libro, hay un apéndice sobre Orchard House, que la autora conoció en persona, y que incluye fotos de la casa, de los distintos espacios que habitó la familia Alcott.

Más allá de esos agregados, nos cuenta una historia en la que Louisa es personaje, mas no protagonista. Analisa Clemens, una chica sureña que acaba de sufrir la pérdida de su prometido en la Guerra de Secesión, viaja con su tía y termina viviendo en Concord, en el norte, donde habita la autora de su novela favorita. La segunda parte acaba de salir, ella se conoce con Justin, un muchacho que le recuerda a Laurie, con una señora misteriosa que quiere conocerla más... Además, dentro de su edición de la novela, encuentra las páginas de un diario desconocido, de una persona muy enferma... Todo está lleno de guiños a Mujercitas, claro.

Lo que más me gustó del libro, además de que es una manera preciosa de acercarnos a Louisa y a Concord, es el peso que tiene la Guerra de Secesión y el papel de los Alcott en ella. Como podrán saber, el norte era abolicionista y muchos allí incluso ayudaban a los esclavos a escapar del sur. Los Alcott tenían una forma de ver el mundo muy avanzada y libre para su época, por ejemplo, y se rodeaban de la intelectualidad de la zona. Me gustó poder verlos desde este aspecto, ya que en Mujercitas la guerra está presente pero no se profundiza en ella.

Ya sea para reconstruir la época, reimaginar la vida de la autora, conocer mejor los detalles de esta o simplemente disfrutar de una historia sencilla y linda en una ambientación histórica, es una novela corta disfrutable. Me parece que complementa muy bien la lectura de Mujercitas y que puede sacarle una sonrisa a más de un fan.

Como pueden ver, le dediqué casi todo mi enero y parte de febrero a Mujercitas, a conocer mejor a Louisa May Alcott. A volver a una historia de la que me quedaban solo retazos. Estoy disfrutando muchísimo de le relectura y prentendo seguir leyendo la novela despacio, así que dudo terminarla a la brevedad, pero me encanta reencontrarme con momentos que creía olvidados.

¿Si recomiendo la novela? Sí, por supuesto. Eso sí, traten de familiarizarse con el contexto lo más posible. Les juro que la lectura va a ser mucho más amena y que la van a entender a otro nivel. Y, después de eso, va a ser difícil no pensar en Louisa como en una amiga más.



miércoles, 5 de febrero de 2020

Las carreras de Escorpio - Reseña

En las carreras de Escorpio, algunos compiten para ganar. Otros, para sobrevivir. Los jinetes intentan dominar a sus caballos de agua el tiempo suficiente para acabar la carrera. Algunos lo consiguen. El resto, muere en el intento.
Sean Kendrick es el favorito, y necesita ganar la carrera para ganar, también, su libertad. Pero Puck Connolly está dispuesta a ser su más dura adversaria. Ella nunca quiso participar en las carreras. Pero no tiene elección: o compite y gana o… lo pierde todo.

Una hipnotizante y sangrienta carrera de caballos en la isla de Thisby es el telón de fondo para esta evocadora y vertiginosa novela. Esta palpitante historia enfrenta a dos jóvenes con la muerte… Ganar es sobrevivir.





Maggie Stiefvater es una autora que nunca me falla. Cuando la leí por primera vez, con aquella saga de hombres lobo tan peculiar, me enamoré de su prosa. A partir de entonces, siempre agarré sus libros sabiendo que me iban a encantar y, por ahora, no ha sucedido lo contrario. Pueden leer mis reseñas de La profecía del cuervo o de Milagros en Bicho Raro si quieren saber más. Ambos son libros raros en cierto sentido, con personajes entrañables y bien definidos. Atmosféricos. Ahora, Las carreras de Escorpio también lo es, pero va un poco más allá. Es un libro duro, melancólico y brutal.

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Aunque la novela se centre alrededor de esta peculiar y sangrienta carrera, no esperen que el libro sea la carrera, que en verdad tiene lugar hacia el final. Se trata más bien de todo lo que sucede antes y de cómo la participación y la preparación para correr afecta a nuestros dos protagonistas, Sean y Puck. Ambos tienen muy buenos motivos para arriesgar su vida en la carrera: Sean, su caballo Corr y su libertad; Puck, su casa y el futuro de su familia. A pesar del miedo, del sacrificio y de que podrían encontrar la muerte en la playa, van a darlo todo por llegar primeros y conseguir el dinero del premio. Por supuesto, no va a ser fácil.

No es una novela alegre, aunque se trasluce una cierta calidez entre el frío de noviembre en esa isla ficticia llamada Thisby. Tampoco es una novela llena de sucesos, sino más bien que lo que nos hace seguir leyendo es cómo enfrentan los protagonistas esta preparación para la carrera y cómo esta termina influyendo sobre sus miedos más feroces y su futuro. A algunos les podrá parecer lenta o aburrida, aunque a mí me resultó envolvente y muy evocadora. Depende del tipo de lector, supongo.

Es importante que sepan desde ya que, cuando digo que es una novela brutal, lo digo en serio. No se corta ni un poco en mostrarnos escenas sangrientas o muertes bastante feas, así que si son impresionables tal vez no sea un libro para ustedes. No es que sea especialmente morboso, tampoco, ni que sea gore, pero me parece adecuado avisarles así nadie se lleva una sorpresa desagradable.

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Tal como decía, la trama gira en torno a los personajes. Tenemos a Kate —Puck— Connolly, que es una muchacha valiente y de carácter fuerte que quiere proteger a su familia. Ahora que son huérfanos debido a que sus padres fueron asesinados por los capaill uisce, estos caballos marinos que aparecen en la isla y que son peligrosos e impredecibles, la vida es muy complicada para ella y sus dos hermanos. El padre de Sean también murió debido a los capaill uisce, aunque en una de las carreras, hace muchos años. Ahora Sean trabaja cuidando a los caballos de Benjamin Malvern, un hombre rico, y su mayor ambición es poder vivir en paz con su capall uisce, Corr. La novela se cuenta a dos voces, en primera persona del presente, y ambas tienen mucha fuerza. Son personajes que a primera vista no parecen decir mucho, pero la manera en la que sienten las cosas se te queda pegada al pecho.

La relación entre ambos también me gustó mucho. Dista de ser el típico romance apasionado que uno imagina en este tipo de novelas, sino que lo que nace entre ellos es un profundo entendimiento, compañerismo y preocupación sincera el uno por el otro. Me gustó la manera en que se apoyan entre sí ante tamaño peligro como es el de la carrera, donde podrían morir.

No son los únicos personajes relevantes. Los hermanos de Puck, Finn y Gabe, nos dan algunos de los momentos más emocionalmente potentes de la novela, y son siempre una motivación para ella. Corr y Dove, los caballos de los protagonistas, tienen un vínculo muy especial con sus jinetes y son piezas claves para la novela. Vale aclarar que Dove es una yegua normal, por lo que competir ante los capaill uisce es un riesgo enorme para ella y Puck. 

Por supuesto, también tenemos al resto de los habitantes de la isla, amigos y conocidos de los protagonistas, que llegamos a conocer bastante. Estamos en un lugar pequeño en el que casi todo el mundo se conoce, así que pronto se genera ese sentimiento de familiaridad con todos, aunque sea de lejos. Es algo que a mí en particular me encanta encontrar en una novela, así que lo disfruté mucho.

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La causa de esto es, claro, la ambientación. Estamos en Thisby, una isla ficticia en algún lugar de lo que parece ser las islas británicas, dado que se menciona al continente y a América como cosas aparte y en una ocasión se menciona a la reina. No se especifica mucho, así como tampoco tampoco tenemos clara la época. Podemos adivinar que estamos en el siglo XX, ya que la tecnología es escasa pero no llega a ser decimonónica, y no mucho más. La atemporalidad le da un color distinto, casi lo acerca a los cuentos de hadas. Me encantó la forma en que se describe la isla, tanto los paisajes como la vida cotidiana y a su gente. Me sentí allí y las descripciones despertaron mis sentidos. Se puede saborear los pastelitos de noviembre, oler el salitre y el heno. La narración es una delicia, como en todas las novelas de la autora, aunque en esta fue más cruda tal vez, y un poco más fría.

Las estrellas de la novela son los capaill uisce, estos caballos salidos del océano, que empiezan a pisar la isla a la altura de octubre y noviembre, cada año. Son salvajes, impredecibles y muy peligrosos. Más grandes y veloces que los caballos normales, también comen carne y pueden resultar muy engañosos, lo suficiente como para llevarse a una persona al mar y allí... bueno, devorarla. No tengo idea de por qué a alguien se le ocurrió correr carreras con ellos en primer lugar, pero fue muy interesante conocer la manera en que impactan a la gente de la isla a sus vidas en general. Tener una muerte violenta tan cerca te hace diferente. Esto se nota.

En definitiva, es una novela que te cautiva a través de lo sensorial, pero también por lo intenso de sus emociones y por lo imaginativo y nostálgico de la ambientación y la trama. Una novela que tal vez no sea para todo tipo de lectores, pero que sin duda puede convertirse en favorita de muchos. La autora sigue sin fallarme, así que por supuesto que voy a seguir leyendo sus libros. ¿Ustedes?