miércoles, 28 de agosto de 2019

La misión de Rox - Reseña

Rox ha partido a la región del oeste, devastada por los monstruos, en busca de una aldea perdida habitada por Guardianes. Mientras una riada de supervivientes acude a la Ciudadela en busca de un refugio seguro, tras sus muros florece un nuevo movimiento filosófico, la Senda del Manantial, cuyo líder predica el fin del mundo conocido… para bien o para mal.
Xein, por su parte, ha sido enviado a la Última Frontera, el lugar desde donde los Guardianes defienden la civilización de la amenaza de los monstruos, y de donde pocos regresan con vida. Axlin se ha propuesto rescatarlo; mientras prepara su viaje, y al investigar sobre la Senda del Manantial con la ayuda de Dex, encuentra pistas que la conducen a una época anterior a la Ciudadela, donde podría hallarse el origen de la plaga de monstruos que asola su mundo.

En esta última entrega de la trilogía Guardianes de la Ciudadela los destinos de los protagonistas se entrelazan una vez más, condicionados por secretos y revelaciones que pondrán en peligro los cimientos de su relación, pero que también podrían suponer la clave para salvar su mundo de la tiranía de los monstruos.

Leer la tercera y última parte de esta saga era una cuestión de tiempo. Después de lo mucho que disfruté la segunda parte, El secreto de Xein (que para mí fue una mejora respecto al primero, El bestiario de Axlin), estaba clarísimo que necesitaba continuar. Tras los misterios y revelaciones del segundo libro, que fue más de intrigas que de aventuras, a diferencia del primero, necesitaba saber. Por acá ya saben que suelo anticiparme a las cosas y muchas veces adivino finales o plot twists, pero con esta saga me venía sorprendiendo mucho y me alegra decir que siguió siendo así en su mayor parte.

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Les venía diciendo que el primero fue sobre todo de aventuras, mientras que el segundo tuvo más misterios y acción dentro de un mismo escenario. Pues este último es una mezcla de las dos cosas: no perdemos las intrigas y misterios de la Ciudadela, pero también hay acción fuera de ella. Una gran combinación para un libro tan largo como este, que además busca cerrar todos los cabos sueltos. De alguna manera, para hacerlo, termina abriendo un montón de caminos más, que son una puerta hacia el pasado de este mundo y los motivos por los que los monstruos están en él. Es decir, lo que venimos esperando hace dos libros.

El anterior libro nos dejó tres frentes abiertos: el de Axlin, en la Ciudadela, el de Xein, camino a la Última Frontera, y el de Rox, en busca del enclave en el que nació. Los tres se enfrentan a situaciones que los hacen plantearse todo lo que saben sobre su mundo y los monstruos. No quiero spoilear nada de este libro ni de los anteriores, pero los que leyeron se imaginarán a qué me refiero. Estas tres líneas narrativas son muy interesantes, creo que en general por igual, ya que cuando pasaba a la trama de otro personaje me frustraba no saber qué pasaba con el que venía siguiendo. A lo mejor el que menos me interesó fue Xein, ya que no conecté tanto con él como con Axlin o Rox —a las que amo mucho mucho y no sé qué hacen perdiendo el tiempo con Xein—, pero los descubrimientos que hace en la Última Frontera también me parecen fascinantes.

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Algo que me pareció fascinante, sobre todo de la segunda novela en adelante, es lo aterradores que son los monstruos innombrables. Solo de imaginarme su existencia, se me ponían los pelos de punta. Eso es un puntazo a favor de la historia. Mucho más que los que son evidentemente horribles o los colosales, porque estos son... Bueno, como ya saben. Y la autora lo sabía, por eso escribió ciertos capítulos en los que se habla más sobre ellos. La verdad es que conocer el origen de todo fue más que interesante. Llegó un punto donde pude más o menos darme cuenta de por dónde iba la cosa, pero ya estaba súper avanzada en la trama. Valoro montones eso; en general, como les contaba, suelo adivinar los giros y eso —no porque sea especialmente inteligente, es algo que pasa cuando leés mucho y/o escribís—, pero acá muchas cosas me tomaron desprevenida y me encantó que así fuera.

Además, no es fácil mantener la tensión y la intriga por casi setecientas páginas. En algún momento, claro, la información empezó a llegar con más frecuencia, pero las ganas de saber ya eran muy altas y fue bien recibido todo. Spoiler grandote Tengo que admitir que esperaba que el origen de los monstruos fuera otro y, si bien no me decepcionó, me descolocó. Igual, me gusta la idea de que sea algo así, medio absurdo, y no algo intrínsecamente malvado spoiler. Igual, me pareció excelente cómo todas las pistas fueron dejadas a lo largo de los tres libros y cobraron sentido en este. Las descubrimos a la misma vez que los personajes, con la misma fascinación y horror que ellos.

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Tengo que decir también, ahora que ya conocemos todo lo que se podía conocer, que me encantó el desarrollo de este mundo. Se aleja bastante de los mundos de fantasía más clásicos, aunque podemos reconocer rastros de ellos en él. Es un mundo decadente, en constante peligro. Si bien varios lo relacionan con el mundo de Shingeki no Kyojin —yo misma noté esta similitud—, creo que toma otro camino. Es más viejo, más primitivo, digamos. Me encantó cómo todo se ajusta a las necesidades de la gente, a la supervivencia frente a los monstruos. Desde las formas caseras de protegerse de ellos hasta las intrigas de la Ciudadela. La manera en la que los monstruos influyen en las clases sociales más altas, el rol de los guardianes en la sociedad... Es un mundo sólido, creíble, y del que me gustaría saber más. Me atrevo a decir que como trilogía es muy superior a Memorias de Idhún, por lo excelente de su ambientación y construcción y por lo mejor desarrollados que están los personajes principales.

En verdad, el único momento en el que dudé respecto a darle cinco estrellas —igual se las di— fue con el final. El clímax se me hizo algo pobre en cuanto a la epicidad de todo lo que venía sucediendo, aunque entendí el porqué de las cosas. Me habría gustado algo más de emoción, de acción. Tal vez fueron las expectativas que me jugaron en contra, tan embalada como estaba hacia el final. Lo que pasa después, las últimas páginas, me gustaron bastante. Como cierre creo que es bastante satisfactorio.

Así que, ahora que ya terminé la saga, me quedo con el vacío de saber que se acabó, pero contenta porque me dejó satisfecha y porque me hizo encontrarme con una Laura Gallego más madura, con nuevas historias que lograron fascinarme tanto como las que leí de adolescente. Recomiendo montones estos libros a los amantes de la fantasía y a los que tengan ganas de embarcarse en una aventura llena de emociones, peligros y monstruos. ¿Se animan?

miércoles, 21 de agosto de 2019

Todo lo que sé sobre un corazón roto - Reseña

Del autor de Cómeme si te atreves

Ella no quiere creer en el amor.
Él siempre ha querido enamorarse.
Ella escribe en su diario a una escritora muerta.
Él no quiere saber nada de la muerte.
Lo que Marc sabe de Simone es lo que cuentan sobre ella en el instituto. Lo que Simone sabe sobre Marc es lo que ningún chico había hecho antes por ella. Desde que a Simone le rompieron el corazón su pasión por el dibujo ha crecido, es una vía de escape porque nunca ha hablado con nadie de lo que pasó. Aunque cuando llega Marc es su gran oportunidad para empezar a creer en las personas.
Todo lo que sé sobre un corazón roto es que en el mundo hay parejas que se conocen, se besan, se enamoran y rompen.
¿Y si la vida es demasiado triste para ser feliz?



Hacía siglos que quería leer a este autor, al que le sigo la pista desde los años de los foros literarios en mi/nuestra adolescencia. Cuando vi que había publicado por primera vez (Cómeme si me atreves), me alegré montones y lo dejé apuntado, aunque por la temática (y esta es una cuestión personal) preferí esperar para leerlo. En fin, que cuando salió este, de inmediato captó mi atención y fue por el que quise arrancar a leer a Daniel. No solo por la bellísima portada, sino por todo lo que prometía la novela.

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Hoy, a diferencia de otras veces, voy a arrancar hablando de la narración de este libro y de cómo está ordenado. No es lineal. A veces —con aviso— se nos cuentan cosas que pasaron antes. En general, la historia la cuenta la protagonista, Simone, en primera persona del presente, pero hay algunos capítulos de Marc e incluso uno en tercera persona. Y tenemos fragmentos del diario de Simone, del antes y del ahora. Esto hace que, más que una historia que podemos seguir así nomás, tengamos que reconstruir un poco lo que pasó, retroceder en el tiempo, tomar carrera. Me pareció una elección oportuna, si tenemos en cuenta el tipo de historia y el mensaje que transmite, la atmósfera que busca construir. Fue, además, lo que me hizo entender alguna que otra cosa que no me terminaba de cerrar de la novela y de cómo estaba contada, que al principio me costó mucho. Les explicaré.

Uno de los problemas que tuve era que la narración se me hacía poco natural. Tanto la forma algo barroca en que estaba contada como los diálogos, irreales en personajes de esa edad o en personas comunes, me chocaban mucho. Entonces me di cuenta de que eso no era así por casualidad. No se trata de un libro hecho para reflejar la realidad cotidiana, sino que a través de las palabras, de una prosa más poética y de unos diálogos que reflejan lo que nos pasa por el pecho y no por la mente, se crea un mundo que no es nuestro mundo y a la vez sí lo es. Más allá de las peculiaridades propias de Simone o de Marc. Cuando me hice amiga de esa idea, la lectura fluyó mucho más y ahí sí que pude disfrutarlo.

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También está cuestión de que Simone es una narradora compleja. Una chica que siente mucho, pero oculta todavía más. Que ama pintar, el arte, la poesía de las cosas, la vida sencilla con su familia. Que ama mucho, pero no se lo permite. Que no se entiende. Contradictoria, vengativa, rota. Que tiende al autoboicot hasta que se permite sanar. De la que se ha dicho mucho, pero en verdad se sabe muy poco. De pocos amigos, de palabras bellas. De futuro incierto, que cada vez toma más forma. No es fácil quererla, pero a fin de cuentas eso requiere ponerse en su lugar, y la empatía no siempre es fácil. Simone no es una persona que pueda atarse, que pueda sacrificar su libertad y su crecimiento por otras personas, por mucho que las quiera. Eso es parte de la historia, pero no todo. Hay muchas más aristas que van a descubrir cuando se lancen a sus páginas.

Llegué hasta acá sin contarles, en verdad, de qué va toda esta historia. Pero, como les conté, no es una novela lineal. Es una novela de personajes en su mayor parte y lo que contemplamos es su crecimiento. Las cosas de su pasado que los convirtieron en lo que hoy son. Lo que tienen que vivir en su último año de secundaria para poder ser quienes van a ser. Cómo lidian con la soledad, con el desprecio, con el duelo, con la fama, con la traición. Leer esta novela es acompañarlos, a veces vernos en ellos incluso. Si me pusiera a contar de verdad de qué va, siento que diría demasiado. Es de esos libros para perderse, más que para seguir un camino.

Al igual que con la narración, me costó llevarme con los personajes. Salvo con Marc, el chico de ciencias, que me conquistó desde el momento uno. Con Simone fue más difícil, pero entre ella y su familia lograron quedarse conmigo al final de la novela. Los demás secundarios tuvieron sus momentos, y aunque aprecio que hubiera cierta diversidad étnica, no siempre me gustó su representación. No es algo que enturbiara mi lectura, pero sí me chocó en algún momento, aunque fuera mínimo. Como pasa siempre con las novelas escritas en primera persona, en fin, es muy fácil que el protagonista acapare la atención y que tenga más vida que los demás. Acá pasa un poco, pero no creo que juegue en detrimento de la historia, justamente por el tipo de historia que es. Sí quiero decir que, aunque algún personaje me resultó cliché, muchos tuvieron su momento de redención —literaria, al menos— y, al final, terminó por volverse todo mucho más sororo de lo que creía y me dejó contenta.

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En cuanto a la ambientación, una de las cosas que más me gustaron es que, a pesar de que sabemos que estamos en España, se haga mención a La Ciudad y a La Capital. Le quita peso a los lugares reales y nos envuelve más en esa atmósfera como sacada de la ficción en la ficción, difícil de ubicar y que encaja a la perfección con la forma en que se cuenta la historia. Me gustó el cuidado y el amor que se nota que hay por esa Ciudad que no se nombra. Se conoce cada lugar, la importancia que le dan los personajes a estos, cómo influyen en sus vidas, en sus historias personales. El trigal, la playa, los lugares que visitan y que evitan. Estas cosas hacen que el entorno se convierta en un personaje más que, por supuesto, crece a la par que los demás. Aplaudo que una ambientación que podría haber pasado desapercibida tuviera esta importancia y este desarrollo.

En fin, ¿qué puedo decir? Tal vez no empecé la lectura con buen pie y tuve miedo de que me decepcionara, sobre todo por lo bien que me cae el autor. Por suerte, pronto entendí de qué venía la cosa, cómo leerlo, y puedo decir que lo disfruté mucho. Es una novela preciosa, sobre el duelo y sobre aprender a sanar, sobre aceptar el amor y aceptarse uno mismo. No me atrevo a recomendarla a todos, pero sin duda muchos van a saber apreciar su valor. No tengan miedo de arriesgarse.

miércoles, 14 de agosto de 2019

Sophie en los cielos de París - Reseña

Tras hundirse un barco en el Canal de la Mancha, una niña de apenas un año aparece flotando en un estuche de violonchelo y es rescatada por un erudito y aventurero londinense llamado Charles Maxim. De esta forma tan extraordinaria comienza la conmovedora historia de Sophie y Charles, quien, una vez constatada la desaparición de la madre de la niña, se convierte en su tutor legal. Sin embargo, con el paso del tiempo, se apodera de Sophie la idea de que su madre sobrevivió al naufragio, y aunque Charles le advierte que eso es casi imposible, para ella el «casi» significa que existe «alguna» posibilidad, y ésta, por remota que sea, jamás debe descartarse.
Así pues, a pesar de que la única pista que tienen es una dirección parisina grabada en el estuche del chelo, Charles, que lo daría todo por verla feliz, accede a acompañarla a París para iniciar la incierta búsqueda. Allí, en una noche mágica, Sophie conoce a Matteo y sus amigos, unos jóvenes vagabundos que recorren la ciudad por los tejados y que enseguida se prestan a ayudarla para que su sueño se haga realidad.

«Una escritora con una voz profundamente personal y una imaginación fecunda.» Philip Pullman

Llegué a esta novela gracias al Infoblog del año pasado y a la generosidad de Gussi, que regaló libros a los participantes. No tenía mucha idea, la verdad, pero ya saben que no puedo resistirme a libros con protagonistas que tienen mi mismo nombre. Pasó mucho tiempo y, entre otras lecturas más urgentes, lo dejé estar, aunque nunca salió de mi mesa de luz. Ahora, en el mes de mi cumpleaños, dije «¿por qué no?» y lo tomé. Y fue un acierto.

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La novela nos cuenta una historia que, en principio, es de lo más disparatada. Por el tono de la narración y según vamos avanzando, se nota que es intencional. Que es de esos libros que funcionan tanto para niños como para adultos. De esos que mezclan situaciones insólitas con pequeñas dosis de realidad —que vienen siempre de adultos, quienes podrían arruinar la felicidad de los protagonistas — y se las arreglan para salir triunfales y que el lector se sumerja en el relato. ¿Que Charles Maxim encuentra a la bebé en la caja de un cello y decide quedársela y criarla? Sí. ¿Que usan libros en vez de platos hasta que Sophie deja de romoperlos? Precioso. ¿Que hay toda una sociedad de jóvenes y niños viviendo en los tejados de París? Dame. La fantasía toma el poder de esa manera, a pesar de que la única magia está en la forma en que se nos cuenta esta historia tan particular.

Es importante hablar de la prosa ahora. De la manera bellísima en que la autora describe las cosas, hace comparaciones inesperadas que, sin embargo, funcionan y transmiten lo que considero que es la esencia del libro. No es una narración pesada ni lenta, el libro se lee muy rápido, pero yo aconsejo que se tomen un momento para apreciar la forma en que está escrito. Es parte de lo que hace que le tomemos tanto cariño a los personajes y a sus peripecias.

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Sophie es una criaturita salvaje, una niña que creció alejada de las rígidas normas sociales de la época —no sabemos cuál, pero se intuye que no es la nuestra— y cuyas prioridades siempre son aprender, divertirse, ir más allá. Criada llena de amor y libertades por Charles, un hombre muy peculiar y con poca vocación de adulto, es quien quiere ser y no quien otros adultos a cargo quisieran que fuera. A pesar de todo, sigue convencida de que su madre no murió en el naufragio y que puede ir a buscarla. Tras un descubrimiento y ciertos apuros, Charles y ella viajan a París para intentar encontrarla. Y así es como Sophie se encuentra con Matteo y los demás tejabundos, la gente que vive y malvive en los tejados de París. Por supuesto, esto representa un desfile de personajes entrañables, insólitos, que ayudarán a Sophie a encontrarse con su madre. A pesar de los riesgos, que no faltan.

La ambientación parisina es espléndida, distinta a lo normal ya que la perspectiva se ajusta a la novela y a la experiencia de los personajes, tanto en las calles como en los tejados. Da ganas de conocer ese otro París, más cerca del cielo y de las estrellas. La prosa, como mencionaba antes, ayuda mucho.

Tal vez lo único que no me convenció fue el final. A mí los finales abiertos me gustan, y aunque este no lo fue tanto, me pareció abrupto. Quedaron algunos hilos sueltos. Se entiende que no es lo más importante y supongo que la novela va hasta donde le interesaba a la autora. No perjudicó mi lectura, pero me habría gustado que hubiera un poco más de cierre.

Este libro, bastante corto y fácil de leer, me pareció una belleza. Una novela narrada con amor, con personajes queribles y una perspectiva peculiar. De esos que, insisto, pueden ser disfrutados por grandes y chicos. Aunque pase el día del niño, igual lo pueden regalar, eh. A los adultos, también. En serio.

martes, 6 de agosto de 2019

Los ojos del perro siberiano - Reseña

Desde que estoy enfermo, en los ojos de algunos veo temor, reproche, intolerancia, lástima, miedo, enojo, vergüenza, curiosidad. Los únicos que me miran igual son los ojos de mi perro.
















Si tengo que ser sincera, este libro me sonaba de haberlo visto en una reseña y poco más. Recientemente, lo escuché nombrar en la Feria del Libro de Buenos Aires. No tenía mucha idea y, aunque me llamaba la atención, no la suficiente. Cuando llegó a mí la oportunidad de leerlo, fue una sorpresa y un gusto. Al fin iba a saber de qué trataba, al menos, ya que no lo recordaba y no había vuelto a buscar. Fue una gran idea leerlo sin buscar nada: vale la pena saber poquito e ir metiéndose en la historia.

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En líneas generales, les puedo contar que la novela trata de un preadolescente —está en esos años en los que la niñez y la adolescencia se mezclan, sí— de una familia «de bien» argentina. De esas casi aristocráticas, en las que las apariencias juegan un papel muy importante, tal vez más que otra cosa. La voz que nos narra, sin embargo, es la del protagonista ya adulto, a punto de marcharse a Estados Unidos. Lo único que sabemos con certeza, además de la partida, es que el hermano del protagonista está muerto. Y así empieza. De verdad no hay mucho más que quiera decir respecto a la historia en sí. Fue un placer, aunque a veces doliera, ir descubriendo la trama de a poco, junto con el protagonista en su juventud. Conocer a sus estrictos padres, a una sociedad rígida, a una abuela sabia con un corazón enorme, a un hermano que le abre las puertas al otro para poder ser.

La voz del protagonista, que nos narra, es muy melancólica. Sabe bien lo que le pasó en la vida, por lo que nos cuenta todo con una suerte de resignación. Esto hace que la prosa sea muy íntima y cercana y que todo nos llegue de verdad. Además, juega muchísimo con referencias culturales y geográficas que son fáciles de entender, más allá de que uno no sea argentino —si estuviste en Argentina al menos alguna vez, quizás sea más fácil—, y están bien puestas. Generan un efecto en el lector más allá de la familiaridad.

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Otro recurso que está muy bien utilizado es la edición. No sé cómo era la original, pero la de Norma es una belleza ya desde el olorcito del papel, grueso. No diría que es precisamente un libro ilustrado, pero sí que juega con el diseño del texto para que el efecto de las palabras sea distinto sobre el lector, en los momentos adecuados.

El efecto de las palabras es algo que no quiero dejar de resaltar, por más que haga que la reseña se vuelva repetitiva. Es maravillosa la forma en la que todo el libro cumple la función de resaltar los momentos más emotivos, los que más se te quedan prendidos del pecho, pero es la prosa misma la que te induce esas sensaciones también. La que te hace pensar y sentir y enojarte a veces y suspirar otras. Si la idea del libro es que el mensaje principal llegue, pues lo consigue.

Como ya dije, no quiero meterme demasiado en la novela. Tampoco hay tantos personajes ni se puede hablar mucho de ellos sin contar de más, así que solo puedo decirles que me parecieron bien construidos, reales en el sentido de que he visto gente así y es un mundo que lamentablemente existe. Lo que sí quiero hacer es dar un trigger warning para los que no se sientan cómodos con la idea de la muerte o con leer sobre enfermedades terminales. Sabemos desde un inicio que el hermano del protagonista muere, pero entiendo si algunos prefieren no leer sobre esas cosas.

Más allá de todo, es una novela hermosa, que me dejó pensando y que me alegra haber podido leer, pues superó toda expectativa que pudiera tener. La recomiendo muchísimo y espero que puedan conseguir esta misma edición, que aporta bastante a la lectura. ¡No dejen de darle una oportunidad!