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martes, 20 de noviembre de 2018

Canción de invierno - Reseña

Oscura, romántica e inolvidable, Canción de invierno es una encantadora historia para las lectoras de Dentro del laberinto y La bella y la bestia.

La última noche del año. Ahora los días del invierno comienzan y el Rey de los Goblins cabalga rumbo al extranjero en busca de su amada…
Durante toda su vida, Liesl ha escuchado las historias del apuesto y peligroso, Rey de los Goblins. Ellos han encantado su mente, su espíritu y han inspirado sus composiciones musicales. Ahora, con 18 años de edad y ayudando al negocio de su familia, Liesl comienza a creer que sus sueños musicales y las fantasías de su niñez se desvanecen en el horizonte.
Pero cuando su propia hermana es tomada por el Rey, Liesl no tiene más opciones que emprender un viaja hacia lo clandestino para intentar rescatarla. Pronto se encontrará sumergida en un mundo extraño en el que tendrá que tomar una decisión imposible. Y con el tiempo y las viejas normas actuando en su contra, Liesl deberá descubrir quién es ella en realidad antes de que el destino esté sellado.

Repleta de música y magia, déjate seducir por Canción de invierno, en un mundo que no podrás olvidar durante mucho tiempo

No es ningún secreto que mi película favorita de la infancia es Laberinto, por lo que la premisa de este libro me entusiasmaba y asustaba a partes iguales. De cualquier manera, no pude resistirme y tuve la suerte de poder leerlo —además, ¿vieron lo precioso que es como libro en sí?—. Al final, resultó ser un libro muy yo. Quienes hayan leído Las lunas de marzo se darán cuenta de las pequeñas cosas que tenemos en común, cosas que me hicieron quizás empatizar más con los personajes de esta novela. Y claro, bueno, está Laberinto, que impregna cada parte de mi ser y que tiene gran influencia sobre el libro, sin ser un retelling o una copia.

La sinopsis cuenta, sin duda alguna cómo arranca esta historia. No obstante, se queda corta. Esta novela no se trata solamente de la búsqueda de la hermana de Liesl, Käthe, sino del viaje que emprende Liesl para encontrarse a sí misma y luchar contra fuerzas mucho más grandes de las que imaginaba. De hecho, la trama de Käthe termina mucho antes de lo que imaginaba, lo que me hizo preguntarme de qué iba a tratar el resto del libro. Es entonces cuando deja de parecerse a Laberinto, digamos.

No es una historia rápida ni sencilla; de hecho, ocurren muchas cosas y la trama se va desenrollando de a poco, para soltar casi que con cuentagotas los secreto que esconde el mundo subterráneo donde viven los duendes. Quizás para algunas personas sea incluso una novela lenta —ya saben que a mí me encantan y no lo considero algo negativo—, así que vayan con cuidado. Creo también que tiene altibajos, momentos en los que la tensión no se mantuvo del todo, pero eso no hizo que disfrutara menos. El final es donde más lo siento, pues me da la impresión de que se desinfla un poco, pero creo que queda lo suficientemente abierto para esa segunda parte que se intuye, y cerrado si así lo queremos. Es cuestión de decidir.

Como les decía, empaticé lo suficiente con los personajes porque me recordaron un poco a los míos en la novela que mencioné, especialmente las dos hermanas: Liesl y Käthe, que hasta en personalidades son similares a las mías —quien leyó ya sabe más o menos qué esperar por ese lado—. Liesl es una muchacha sencilla, humilde y que no cree tener ningún talento ni motivo para resaltar, aunque compone música increíble que nadie valora porque, bueno, es mujer. Käthe es exuberante, pura energía y pasión. Josef, el hermano menor de ambas, un prodigio del violín y la esperanza de la familia.

En este cuadro que se nos plantea, me gustó la relación de Liesl con sus hermanos; los dilemas que tiene sobre a quién ayudar, las decisiones que toma, sus errores, todo lo que la hace humana. Esta cuestión, que Liesl se equivoca, nos acompaña durante toda la novela y, dadas las circunstancias, me parece de lo más creíble. De cualquier manera, el amor que sienten los hermanos por Liesl es más importante de lo que parece, y me gusta resaltarlo. También cabe resaltar a Constanze, la abuela de Liesl, que la tiene muy clara y es un personaje muy, muy interesante.

Como olvidar, por supuesto, al Rey de los Duentes, Der Erlkönig, que actúa de antagonista y de interés amoroso, dependiendo de las circunstancias y de alguna cosa más. Es una relación que, si bien empieza antes de que arranque la historia, por lo que tiene otra base, se cuece a fuego lento y admite antes la pasión que cualquier otro sentimiento más profundo, así que ya saben qué esperar por acá también. Qué personaje complejo y que aún no termino de entender del todo. Ni siquiera decidí si me gusta o no, pero voy a tener que esperar a esa supuesta continuación para decidirlo. Eso sí, es un misterio que espero que nos resuelvan.

La narración es una de las cosas que me gustaron de la novela. No es súper fluida y a veces se detiene demasiado en descripciones, pero estas siempre son muy bellas. Y se adecua muchísimo a la historia y a la época, además de jugar con los tiempos y las palabras de una manera que me pareció perfecta. Además, la terminología musical en una obra en la que la música es casi que el motor que mueve la trama es acertadísima.

Por otro lado, también la ambientación me gustó mucho. Ese pueblo lejano, el bosque, el mundo subtearráneo y toda su historia y construcción, que es fascinante, como los distintos duendes que lo habitan. Además, hay que tener en cuenta la tradición folklórica que hay detrás, que se siente viva y a la vez tan antigua... Estas cosas a mí me encantan, así que me tenían comprada desde el minuto uno.

Así que, para redondear, es una novela preciosa, misteriosa y deliciosamente escrita. Quizás a algunos se les pueda hacer lenta, pero es parte de su encanto y lo veo más como algo positivo que una debilidad. Aun así, con los defectos que pueda tener, la disfruté muchísimo y la recomiendo a quienes hayan gustado de las cosas similares que nombré en esta reseña. Les dejo mi escena favorita de Laberinto para que entren en ambiente.



jueves, 9 de noviembre de 2017

Desayuno en Júpiter - Reseña

Cuando Ofelia y Amoke se conocen, sus mundos parecen completamente contradictorios. Ofelia es el caos, la apasionada por la astronomía que ha suspendido la Selectividad y que pasa su año sabático en Gales con su padre, vendiendo mermelada orgánica, cazando liebres con su amigo Harlon y tratando de encontrar su propósito en la vida.

Amoke es el orden, una solitaria y responsable estudiante de Biología que pasa todo el tiempo que no está en la universidad cuidando de su hermano Tayo y leyendo libros de Charles Darwin. Lo único que Ofelia y Amoke tienen en común son Virginia Wonnacott (una excéntrica y ermitaña novelista de noventa y dos años), la Asociación Hiraeth (una peculiar ONG) y la sensación de no tener una vida completa.

Cuando Virginia Wonnacott le ofrece trabajo a Ofelia como su asistente personal, los mundos de estas dos chicas se juntan. Mediante discusiones, libros de segunda mano, cartas y WhatsApps de madrugada, Ofelia y Amoke se entrelazan en un viaje para encontrar un futuro que no sabían que existía y descubrir los sentimientos de la una hacia la otra. 

Quise leer esta novela desde que fue anunciada; mentira, quizás desde un poco antes, cuando solo sabía el título y ya me gustaba porque decía «Júpiter» y yo con esas cosas soy medio obsesiva. Cuando la sinopsis estuvo disponible, me pasó como ya me había pasado con otros libros: que parecía escrita para mí; encajaba a la perfección con todas las cosas que me gustan. Entonces, obvio, lo quise. Muchas gracias a Stephanie por regalármelo en mi cumpleaños.

El año pasado leí las dos anteriores novelas de Andrea. Corazón de mariposa me gustó y ta, pero pude apreciar ciertas cosas del estilo narrativo. Entre dos universos me pareció superior, aunque ciertas partes se me hicieron algo pesadas. Ahora, Desayuno en Júpiter, es claramente mi favorita de las tres, y de mis mejores lecturas del año. Muchas gracias, Andrea, por escribir una historia tan mágica. Realmente imaginaba que iba a seguir creciendo como escritora, se notaba, pero superó mis expectativas (que eran bastante altas).


Parte de la playlist de la novela, que me parece perfecta.

Como bien dice la sinopsis, se podría decir que la trama gira en torno a dos cosas: la relación entre Ofelia y Amoke, las dos protagonistas (y narradoras en primera persona, de forma alternada), y su trabajo con Miss Wonnacott, una escritora nonagenaria bastante difícil. Pero hay más, mucho más, y son estos matices lo que hacen que la historia se vuelva tan cálida y tan inmersiva.

Fuente
Desde que estas dos se conocen, la historia se va desenvolviendo despacio. Eso es algo fundamental: no es una historia de las que se leen en una noche (aunque pueden, si quieren), sino de esas que fueron escritas para disfrutarse despacio, como el chocolate que te guardás en la mesita de luz y comés cuadradito a cuadradito. De esta manera, la trama y los personajes se vuelven parte de tu vida, y la familiaridad al volver es casi un cosquilleo. Según van pasando los días y Ofelia y Amoke van conociéndose, también somos testigos de lo que le cuenta Miss Wonnacott a Ofelia, su biografía, digamos, y tenemos ese relato del pasado, que es tremendamente triste y poderoso. Y no solo esto, sino que las historias personales y familiares de ambas protagonistas tienen un papel fundamental, más allá de la relación entre estas. Todo influye, como los hilos de un tejido en continua creación. Como la vida misma, supongo.

Porque, a pesar de que las voces narrativas son las de Ofelia y Amoke, no son los únicos personajes con peso. Los secundarios tienen vida, no son figuras de papel para sostener a los principales. Incluso los más pequeñitos tienen razón de ser. Como dije, las familias de ambas tienen un papel importante, sobre todo por lo que representan para ellas (como apoyo y como punto de partida) y por la figura del hermano, que se repite en ambas, y que han sufrido y sufren también por su parte. Quizás los más importantes, en este sentido, sean Harlon, un amigo de Ofelia muy especial, y Miss Wonnacott, a la que conocemos bien gracias al relato de su pasado.

Fuente
De cualquier manera, hablemos un poco de las protagonistas. De la fragilidad y de la fuerza que tienen, sí, al mismo tiempo. De cómo Ofelia se viste con ropa vintage y gusta de la música indie y descubre cosas sobre sí misma que no esperaba. De cómo Amoke parece calma y en realidad lleva tormentas por dentro. De la forma en que la vida (¿o la muerte?) las une, y de cómo, muy despacio, se van haciendo amigas, y supongo que no es spoiler decir que más, y de cómo sus miedos y sus vidas les juegan en contra a veces. De la forma maravillosa en que esta novela nos transmite tanto sobre el amor y sobre la amistad, sobre el descubrirse y quererse a uno mismo. También habla de la importancia de la familia, pero no en el sentido tradicional sino en la fuerza que a veces transmite y que a veces no hay feeling y que está bien, no sé. Y en medio de todo eso están Ofelia y Amoke y el cariño inmenso que se tienen, una cosa mágica y preciosa.

Creo que la ambientación y otros ciertos detalles hacen de esta una historia aún más memorable. Todo tiene lugar en una pequeña localidad en Gales, que de por sí no tiene nada fuera de lo común, pero que Andrea llena de un realismo mágico bastante particular. Diría que me recordó a la película Restless en ciertos detalles, pero también vi por ahí que es de las favoritas de la autora, así que asumo que es algo que le gusta ver y hacer. No sé, hay pequeños detalles que hacen que un lugar en teoría realista se vuelva... más. Creo que ese aspecto está muy bien manejado.

Fuente
Además, me hizo muy feliz la cantidad de tabúes y prejuicios que se rompen. Ya sean raciales, sexuales u otras cuestiones, como lo que pasa con las mentes y los cuerpos de la gente después de la guerra o durante enfermedades jodidas, estas cosas se hablan y se sienten. Son parte de las vidas de los personajes, a veces cotidianas, y la forma en que luchan con lo malo y descubren o se enorgullecen de lo bueno es terriblemente emotivo. También me hizo feliz la naturalidad con la que se dan las cosas entre Ofelia y Amoke, a pesar de que ambas tienen sus dudas, por motivos bien diferentes. Me encanta cómo lo ven sus respectivas familias, el contraste que muestran. Me encanta Harlon, con todo lo que eso implica, aunque hablar de Harlon y sus peculiaridades es quizás decir demasiado, pero la caza de liebres y todo lo que vamos sabiendo, también despacio, lo volvieron entrañable y una figura clave de esta novela.

La prosa es otro elemento que suma es la bellísima prosa. Si ya en sus otros libros se dejaba ver una evolución, en esta novela se nos confirma. Lo que en Entre dos universos se me hacía recargado, acá encuentra la forma de expresar belleza e imágenes con sus palabras. Es una novela extremadamente sensorial, y esto se logra a través del lenguaje. Casi sinestésica. Transmite muchísimo a nivel emocional también, y las voces de las dos protagonistas, aunque comparten el tono algo lírico y los detalles quirky de la novela, expresan muy bien sus formas de ser.

¿Qué tengo para criticar, entonces? No sé, ¿que se terminó? No, en serio, quizás que un par de cosas las pude predecir con tiempo, pero fueron pequeñas y no estoy tan segura de que la autora no haya querido que nos diéramos cuenta en esos instantes.

Así que eso, supongo que es redundante decirlo a esta altura, pero es una novela que me encantó, que me hizo feliz y que releería encantada, con más tiempo. La recomiendo a todos, por los temas que toca y porque es realmente preciosa. Y me muero de ganas de leer la siguiente novela de Andrea, que sale en unos días y que tiene lugar en uno de mis países favoritos: Japón.

No sé, vayan a leer, por favor. Y después me cuentan.


Lo que siento por ti es tan difícil.
No es de rosas abriéndose en el aire,
es de rosas abriéndose en el agua.

Lo que siento por ti. Esto que rueda
o se quiebra con tantos gestos tuyos
o que con tus palabras despedazas
y que luego incorporas en un gesto
y me invade en las horas amarillas
y me deja una dulce sed doblada.

Lo que siento por ti, tan doloroso
como pobre luz de las estrellas
que llega dolorida y fatigada.

Lo que siento por ti, y que sin embargo
anda tanto que a veces no te llega.
Lo que siento por ti, Idea Vilariño




Los aesthetics de la reseña fueron hechos por la misma autora, sacados de su cuenta de Twitter.

jueves, 12 de octubre de 2017

El inventor de juegos - Reseña

Iván Dragó participa en un concurso de juegos. Inventa un juego y recibe una carta en la que le dicen que ha resultado elegido entre otros diez mil chicos. Esta situación le cambia la vida. Sus padres desaparecen y se ve obligado a vivir primero con su tía y luego con su abuelo, el famoso inventor de juegos Nicolás Dragó. En la ciudad de Zyl, cuna de los juegos, se abrirá para él un mundo de aventuras y misterios.












Qué decir de este libro. Tengo que dar algunas vueltas para escribir la reseña, me temo. Mi primer encuentro con El inventor de juegos fue por error. Pasaba por una librería a preguntar si había algo nuevo de Neil Gaiman, mi escritor favorito, y la vendedora me entendió cualquier cosa y me pasó este. Por supuesto, le dije muchas gracias, chau chau, y me fui porque no estábamos entendiéndonos y porque me dio mucha vergüenza socially awkward af. El segundo encuentro fue todavía más random. En uno de mis viajes a Resistencia a ver a mi novio, agarré una de las películas que estaban pasando en el ómnibus. Sin saberlo hasta mucho después, era la adaptación de este libro. El final, precisamente. Por suerte, no recordaba gran cosa cuando empecé a leer. Muchas gracias a loqueleo (Santillana) por permitir que hubiera un tercer encuentro. 

Lo empecé a leer hace relativamente poco; acá también tengo que dar un par de vueltas para explicar la situación. Desde que recuerdo, me mareo si leo en vehículos en movimiento, por lo que suelo evitarlo. Ese sábado, como casi todos, tenía una hora y media de viaje en ómnibus para ir a danza, y me negaba a perder ese tiempo cuando tenía tantas cosas que hacer. Así que me llevé los lentes, guardé el libro en la cartera y le recé al diosito de los transportes urbanos para que el ómnibus no se moviera demasiado. ¿Y qué pasó? LO LOGRÉ, leí casi sin que me doliera la cabeza y sin querer vomitar al bajar. Estoy muy orgullosa de mí y siempre voy a recordar este libro por eso. Ah, qué intensidad

En fin, sin dar más vueltas, también pasó otra cosa en ese viaje: me metí tantísimo en el libro que no quería llegar a destino, y me dolió terriblemente tener que guardarlo para bajarme. La verdad es que no tenía ningún tipo de expectativa, ni buena ni mala, y sin embargo, bastaron unas pocas páginas para que me tuviera enamorada. Aunque fue igual de lindo leerlo de adulta, tengo la sensación de que si lo hubiera leído de niña, habría sido de mis favoritos.

Lo primero que me atrapó fue lo absurda que es la historia, pero de una forma adorable. No es una trama que se tome en serio a sí misma, ni que se preocupe por añadir o no elementos fantásticos en algo que de otra forma sería bastante realista. Hay hechos que ocurren sin ninguna explicación, y muchos de ellos no la necesitan, ni para nosotros ni para los personajes, porque se rompería el hechizo. No paro de dar vueltas a cómo explicar la sensación que da la forma en que esta historia está construida, porque me recuerda a algo de mi infancia y no logro recordar qué es. A grandes rasgos, es una trama bastante simple, pero que no necesita de muchas florituras para llegar a los lectores.

A su vez, los personajes no cuentan con mucha profundidad, pero tampoco se echa de menos. Es una historia más bien de hechos, de atmósfera quizás. Iván Dragó, nuestro protagonista, es un niño que viene de una familia de inventores de juegos y cuya vida da un vuelco luego de enviar un juego al concurso de Juegos Profundos y de que sus padres desaparezcan en una competición de globos. Estos hechos ponen en marcha una serie de sucesos, todos relacionados con Juegos Profundos y un nombre que no para de repetirse: Morodian.

Morodian es claramente el personaje estrella, a pesar de que solo se lo nombra en las dos primeras partes de la novela y aparece bastante poco hacia el final. Lo que tiene de bueno es que se lo anticipa, su nombre se llena de bruma e incertidumbre, como una mala palabra o un miedo que no se nombra. Lo malo es que su verdadera aparición no es tan impresionante como uno espera, así que no llega tanto. Pero ya voy a hablar de esto más hacia el final.

La novela está dividida en tres partes: «El ganador del concurso», que cuenta lo que mencionaba arriba y la experiencia de Iván en el colegio Possum, cuyo edificio no para de hundirse y los profesores y alumnos tienen prohibido llegar a los finales de las cosas; «Zyl», donde Iván viaja al pueblo de su abuelo, antes conocido como «La ciudad de los juegos», ahora caído en desgracia; y por último, «La compañía Juegos Profundos», que es fácil de intuir, y además nos narra el desenlace de la historia.

Las tres partes están tocadas por lo mágico y lo absurdo. Que el colegio Possum se hunda, piso por piso, y haya que tener cuidado para evitar la catástrofe es claramente ilógico, pero tiene sentido dentro del mundo de la novela, como el televisor que a cierta hora pasa Lucha sin fin —lo que me recordó a mi papá y su infancia mirando Titanes en el ring— y Anunciación se haya vuelto invisible debido al juego del hombre invisible. Zyl, la ciudad de los juegos, está llena de estos elementos, que dotan al universo de la novela de una cierta ternura. Las figuras de gente en la estación de tren, para que los viajeros piensen que hay más habitantes en la ciudad; una escuela dedicada solamente a la creación de juegos; una pieza de rompecabezas que causa la caída en desgracia de todo el lugar. Todo esto vuelve a Zyl un lugar mágico, salido de un cuento, en el mejor de los sentidos. La compañía es el pico de toda esta magia disparatada. Los proyectos de juegos son resultado de una mezcla de científicos locos y algo que está más allá de la lógica. Mi parte favorita son los libros-juegos, que se convierten en cosas... a veces peligrosas. Es todo tan demente que hasta cuadra con todo lo que venimos leyendo.

Una de las cosas que ayudan a que el libro funcione es la forma en que está escrito. Me recordó un poco a Una serie de eventos desafortunados, aunque sin que el autor intervenga de la misma manera. La forma de contar es muy cálida, muy cercana, de todos modos. Y el humor que maneja es bastante sutil, también despreocupado, con cierto aprecio por la ironía. Sobra un poco hablar acá de la ambientación, pero de la mano con la narración viene el hecho de que yo no tenía mucha idea de dónde pasaban las cosas, y aunque no se dice explícitamente, mi perspectiva cambió cuando los personajes empezaron a hablar y utilizaban el voseo. No es algo raro, dado que el autor es argentino, pero me tomó un poco por sorpresa y me dejó pensando. ¿Por qué una novela situada en un lugar indefinido no puede ser voseada? Ah, por nada, en realidad, puro prejuicio. Y lo más loco: funciona. No suena raro, ni forzado, ni desconcertante.

Mi única queja con el libro es el final. Morodian no cumplió con mis expectativas, y el desenlace se me hizo apresurado, casi torpe. Las últimas páginas me dejaron con gusto a poco, me parecieron perezosas. Me enoja porque todo el libro es excelente y merecía un final a la altura, algo que estoy segura el autor podría haber dado. Como sea, aunque me haya dejado un poco inquieta, no borra la sensación de maravilla que logró el resto del libro, y no sería justo tampoco. Es un buen libro en sí mismo y no vamos a quitarle eso.

Se habrán dado cuenta de que la reseña tiene imágenes de la película, y habrán reconocido quizás a David Mazouz (Gotham) o a Joseph Fiennes (Shakespeare In Love). ¿No que el libro era argentino? Bueno, la película es argentino-canadiense, y fue filmada casi en su totalidad en Argentina. Es muy interesante todo, la verdad, y me da ganas de mirarla —esta vez, bien, no solo el final— porque tiene pinta de ser entretenida, al menos. Les voy a dejar el tráiler y ustedes me dirán qué tal:



Así que bueno, salvo el detalle del final, me encontré con una novela increíble que ojalá hubiera podido leer de niña. La tercera fue la vencida, y al tercer encuentro tuve el privilegio de disfrutar de una historia singular, atrapante y bien escrita, que no debería pasar desapercibida. Los insto a todos a buscarla y a dejarse maravillar por el mundo de inventos y juegos de Iván Dragó.

jueves, 7 de septiembre de 2017

¡Entrevista a Elísabet Benavent!

Hoy no traigo una reseña, sino que, como dice el título, vengo con una entrevista a la conocida autora española Elísabet Benavent. Hace poco, cuando anduvo por Uruguay, tuve la maravillosa oportunidad de conocerla —gracias a Penguin Random House— y de entrevistarla. Me encontré con una persona muy cálida y adorable, también muy divertida. No quiero decir mucho, ya que la entrevista es bastante larga —casi treinta minutos, diez páginas de Word (¡gracias, Majo, por ayudarme a pasarla!)— y pueden descubrirlo ustedes mismos.
También tuve la suerte de poder asistir a la firma de libros que tuvo lugar en el CCE (Centro Cultural de España), que estuvo preciosa, a pesar de que el día no ayudó y de que era martes.
No se olviden, además, de que tienen disponible mi reseña de La magia de ser Sofía.

Sin más dilación, ¡pasemos a la entrevista!


Primero que nada, te quería preguntar cómo empezaste a escribir ficción


Pues empecé muy jovencita; a mí siempre me ha gustado mucho escribir. Contaba un profesor mío de la universidad que todos encontramos de alguna manera alguna forma artística con la que autorreferenciarnos, ¿no? Para algunos es pintar, para otros es escribir poesía; yo desde muy jovencita escribía historias para mí y para mis amigas, las leíamos los fines de semana y demás. Pues esas historias, en un momento dado, empiezan a cambiar, empiezan a coger más importancia, y ya no hablan de mí ni de mis amigas, hablan de personajes de ficción. Los personajes empiezan a crecer, a desarrollarse, a contar cosas que ya no solo me han pasado a mí o me preocupan a mí, sino cosas que veo a mi alrededor. Y un poco esa parte de mi vida que era un rinconcito empieza a tomar importancia, y ya al final se vuelve muy importante, y yo necesito escribir. Se empieza así; lo tienes como una forma de expresarte, de volcar tus ansiedades, tus miedos, tus ilusiones, y empiezas poco a poco a darle tiempo, y con ese tiempo va creciendo.


¿Y ahora qué es lo que te inspira a escribir?

Me inspiran mucho, como siempre, cosas que me cuenta mi círculo de amigas, historias que escucho, el feedback con la lectora, muchísimos mensajes privados que recibo a través de las redes sociales, muchas veces compartiendo experiencias personales, o un comentario en una firma. Cualquier opinión sirve también para nutrir un poco ese imaginario común en el que en realidad vivimos todas, porque todas, da igual el país, da igual casi hasta la edad, hemos vivido, vivimos o viviremos cosas muy parecidas o nos inquietarán las mismas cosas, y yo quiero pensar que me inspira la realidad, la realidad que nos rodea a todos.




¿Tenés alguna rutina para escribir?

Para mí escribir nunca será cien por cien trabajo porque es una pasión, pero hay que imponer cierta rutina de trabajo, porque no puedes estar siempre a expensas de las musas, ¿no? Decía Picasso: «que las musas te pillen trabajando», es un poco eso. Hay que tener disciplina, no tanto rutina como disciplina. Yo intento escribir todos los días, aunque sea una nota en el móvil o un post-it o cualquier cosa. Creo que hay que sentarse delante del ordenador para que salgan las ideas. Hay veces que te pasarás diez horas delante del ordenador y no saldrá nada, pero a lo mejor sale el germen de algo que al día siguiente, un poco más inspirada, se convierte en más páginas.

Yo creo que soy una persona además a la que la rutina la calma. Me gusta levantarme siempre a la misma hora, seguir los mismos pasos, ir a la oficina, y creo que por eso mismo me monté la oficina junto con mi compañero, Jose, fuera de casa, para tener que salir y tener esa rutina que creo que es muy sana.



¿Escribís con música?

Pues a veces sí, y hay veces en las que me es imposible. Hay veces en las que cojo una canción que me induce a un estado de ánimo. O, por ejemplo, una parte complicada, o trágica, o divertida. Cojo una canción que me induce a ese estado de ánimo y, muchas veces, de tanto repetirla, se convierte en ruido blanco; no escucho nada, ni siquiera la canción. Solo tengo la sensación que me despierta. Eso para los de alrededor es muy incómodo; tienen que escuchar a través de los auriculares cómo escucho doscientas veces la misma canción, pero yo no la oigo. Me cuesta mucho escuchar música en español por la letra, porque se me va la cabeza a la letra. Escucho bastante música en inglés mientras escribo, y hay veces en las que necesito apagarlo todo, porque a lo mejor estoy más complicada, se me está atravesando algún diálogo, entonces en esos momentos necesito silencio. Depende un poco del día, de la hora, de si estoy más cansada o menos cansada, de la inspiración. Creo que la música es una gran fuente de inspiración, y a lo mejor una frase en una canción que has escuchado en un taxi te puede dar la idea de por dónde seguir una historia, qué le pasa a un personaje. Yo creo que la música es parte un poco de todas las artes, ¿no?


Desde el momento en que llega la idea hasta el momento en que termina el manuscrito, ¿cómo es tu proceso?

Creo que el proceso más complicado es el del principio, cuando tienes la idea, pero no tiene aún forma. Lo comento con más gente que escribe y la sensación que te da es como que has cazado una idea en lo alto, pero tienes que bajarla, y hasta que no la bajas no sabes si vale. Entonces ese proceso de bajarla, de los personajes, de «a ver, interactúan en esta historia estos personajes, ¿esos personajes cómo son? Son así». Esa parte es muy divertida porque estás conociendo a personas que no existen, pero al final, en tu cabeza, parece que estás creando una vida que existe. Y esa parte es muy divertida, pero las tramas son un poco más complicadas, porque te surge una idea, pero luego bajar esa trama, complementarla con subtramas, con una trama complementaria… Ahí empieza a ser un poquito doloroso el proceso. 

Yo solo funciono así: se me ocurre una cosa, ideo a los personajes, paso mucho tiempo conociendo los personajes, haciéndome preguntas muy absurdas acerca de ellos, hasta conocerlo absolutamente todo, hasta cosas que nunca usaré en el libro, como cuál es su comida preferida, dónde pasó las primeras vacaciones o a dónde fue por primera vez en un avión. Cosas muy absurdas, pero vas armándote la personalidad, y luego ya empiezas a escribir. Empiezas a escribir y la historia ya se irá contando. Luego claro hay que revisar muchas cosas porque tiene que tener una estructura, un ritmo, pero a mí me gusta escribir muy libre, dejarme llevar, no tener nada muy encorsetado porque creo que así la historia te sale más natural. Es más, las veces que he seguido un esquema un poco más recto, luego he notado que el texto es menos libre, y a mí me gusta escribir en un proceso libre.


¿Te parece que eso tiene que ver con el género que escribís? Porque si escribieras algo como fantasía, por ejemplo, ¿cambiaría eso tu forma de escribir?

Yo creo que sí que cambiaría, sobre todo con la fantasía. A mí me gusta mucho la literatura fantástica, sobre todo Tolkien, por ejemplo. No me imagino que Tolkien siguiera el mismo proceso creativo que yo; una persona que inventó el alfabeto élfico, que se inventó una lengua… La manera de escribir probablemente fuera diferente. Hay partes que son inherentes al género y hay partes que son tu forma de ser, tu forma de proceder; creo que es una mezcla. Supongo que el género marca mucho. Marca en cuanto a cómo son los personajes ya. El género manda un poco, ¿no? Ciertas pinceladas que la historia ya lleva consigo, en cuanto a que son historias románticas. Entonces ya hay elementos que siempre se van a repetir. Puede ser que en el proceso se vea también.


¿Qué es lo que te llama la atención del género, lo que te hace querer escribirlo?

Pues que somos nosotras ¿no? Que está ahí. Bueno, lo primero, que me gusta mucho el chick-lit, porque me parece que le da una vuelta a la realidad. Como lectora, cuando me leo uno de estos libros, a veces tratan temas muy complicados. Por ejemplo, Marian Keyes habla de alcoholismo, de familias desestructuradas, pero nos da una visión de la realidad siempre muy optimista. Me gusta ese optimismo del género; no es oscuro, tiene luz. Me gusta el código con el que se expresan las protagonistas, porque me siento identificada, yo hablo así con mis amigas. Me gusta del género que la moda siempre tiene un poquito de, no importancia capital, pero sí siempre aparece, porque a nosotras nos gusta. Habla de nosotras, de lo que nos preocupa, del amor, del trabajo, del sexo, de las amigas, de la familia, del futuro. Yo me encuentro muy cómoda en este género porque me siento entre amigas, es estar hablando con mis amigas, de ahí nació Valeria. Valeria nace porque yo me mudo lejos de mi casa y echo de menos a mi grupo de amigas y las recreo en una novela. Creo que eso es lo que más me gusta del género, que es como estar entre amigas siempre.



¿Pensaste en algún momento en cambiar de género, para probar o algo?

Siempre tienes la tentación de cambiar, de probar, de «¿cómo se me daría?» Pero creo que me viene grande, creo que me metería en un problema del que no sabría salir. No, por ahora me siento muy cómoda con los códigos, con el lenguaje, con el tipo de personajes. Creo que incluso con Sofía di un giro que por ahora no quiero seguir. Sofía era un poco más lento, quizá con menos diálogo, un poco más drama en algunos puntos, un poco más reflexivo. Esta vez, para la siguiente, me planteo una cosa mucho más rápida, incluso frívola; una cosa más divertida, más rápida sobre todo. Creo que hay muchas cosas dentro del género para ir probando, ir tanteando, antes de cambiar de género, que me viene grande. Me encantaría poder escribir un buen drama, o poder escribir una novela negra quizá, o ciencia ficción; yo soy una gran lectora de ciencia ficción, pero no me veo capacitada, por ahora no. Quizá dentro de unos años, no lo sé, por ahora no.


¿Qué te gusta leer y cuáles son las cosas que más te influencian?

Me gusta muchísimo la novela negra, mucho, mucho. La novela negra, la de terror, la de zombis, que no me pega nada. La fantástica, también. Lo que pasa es que en la fantástica me quedé un poco colgada con Tolkien y vuelvo a él muchas veces. Cuando no sé qué leer, vuelvo a El hobbit, a El señor de los anillos. Leo poca romántica, desde hace unos pocos años hasta aquí, porque me da mucho miedo contagiarme con el tono cuando estoy escribiendo. Por ejemplo, de romántica me gusta muchísimo Christina Lauren. Marian Keyes para mí es un referente. Hace unos meses tuve la oportunidad de conocerla y es una persona encantadora, es divertidísima, e irradia esa luz… Es admirable. 

Me dejo recomendar mucho; los libros que me recomiendan mis amigas van a la lista de pendientes. Voy con un poco de retraso con la lista de pendientes. El otro día conté que tengo treinta pendientes este año. Este verano he leído a destajo, pero solo he podido ponerme con ocho, así que me queda mucho por leer. Es que me gusta de todo. Yo creo que la clave está en leer de todo, que no hay que limitarse a un género y que no hay que tener prejuicios con los géneros. Que a lo mejor per se no te gusta la histórica, pero llega un libro de histórica, le das la oportunidad y te encanta. No creo mucho en los géneros, creo que cada persona tiene libros que le gustarían ahora, a lo mejor ahora no, pero dentro de unos años sí… Creo que hay que dar una oportunidad, que hay que quitarse los prejuicios.


¿Qué tanto de vos hay en los personajes? 

Hay mucho; no solo de mí, sino de mi mundo, de mis amigas, de todo lo que me cuentan, de lo que veo, de lo que me preocupa, pero hay personajes en concreto que son muy yo. Valeria tiene un punto muy yo; Carmen —de la saga Valeria— también. Silvia —de la bilogía Universo Silvia— y Sofía, Sofía es muy yo. Esa manera de darle vueltas a las cosas, no lo puedo evitar.


¿Qué es para vos lo más difícil a la hora de escribir? 

A veces el proceso es muy fácil y a veces es muy complicado en partes diferentes. Depende más del momento que del proceso en sí. Hay un punto en el que tienes toda la historia en la cabeza y te preguntas: «¿cómo voy a volcar todo esto en el papel?, ¿me voy a equivocar?, ¿lo voy a saber hacer como quiero hacerlo?, ¿se me entenderá cuándo...?» En ese punto, yo por lo menos me agobio mucho. «Madre mía, tengo que volcar todo esto, ¿sabré hacerlo, no sabré hacerlo?, ¿cómo lo he hecho en anteriores ocasiones?» Pero yo creo que depende del momento también, a lo mejor suele coincidir con un momento en el que estás más inseguro o estás cansado…

Hay veces en que lo más complicado es dejar marchar el personaje, en ocasiones ha sido casi imposible. Con Martina y con Pablo me costó muchísimo; a día de hoy sigo sin dejar marchar del todo a Pablo. Entonces creo que cada proceso es diferente en cada momento; hay cosas que se hacen más cuesta arriba que otras.


Si te dieran la posibilidad de vivir adentro de una de tus novelas, ¿cuál sería?

Ay, nunca me han hecho esta pregunta. No sabría decir, porque por un lado te diría Valeria, por otro te diría Silvia y por otro te diría Martina, pero creo que si me tuviera que quedar solo con una, me quedaría con Martina. A pesar de por todo lo que pasa Martina. Pero quizás porque tengo el corazón partido con Pablo, que es un poco el niño de mis ojos. Creo que me quedaría con vivir en Martina, también porque me gusta mucho el mundo de la alta cocina y me parece apasionante esa pasión con la que vive Pablo su trabajo. Me encantaría poder conocer a alguien como Pablo, que me enseñara la cocina, que me hablara de música con esa pasión, alguien enamorado de la vida. Que no me quejo de mi marido, eh, que no lo cambio. Creo que me quedaría o con Valeria, o con Martina.


¿Y si te dieran la posibilidad de que una de tus protagonistas fuera tu mejor amiga?

Es que tengo la suerte de que una de mis mejores amigas es muy Lola; o sea yo tengo a mi Lola; entonces, pensando en que en la saga Valeria son todas un poco protagonistas, y Lola un poco más que las demás, más que Carmen y Nerea quizá… Yo diría Lola, pero porque tengo la suerte de tener una Lola en mi vida. Creo que es la sal de la vida, que todas tenemos una Lola en nuestra vida en mayor o menor medida, y que es un poco el contrapunto de muchas cosas, y hay que estar muy agradecida de tenerla. Habrá quien sea la Lola de alguien, también. Yo creo que elegiría a Lola, o a Silvia.


¿Esperabas que tus libros tuvieran la repercusión que tienen? ¿Te lo imaginabas?

Para nada. Es más, cuando firmé el contrato, en la primera reunión que tuve en la editorial, estaba asustadísima; yo no sabía a lo que iba, o sea, sabía a lo que iba, iba a firmar el contrato, pero no sabía cómo era este mundo. No, yo aún me considero una recién llegada. Estoy aprendiendo muchísimas cosas… ¡Y lo que me queda por aprender! Me dijeron el número de ejemplares de la tirada. Me pasé semanas soñando que se me caían libros encima, porque pensaba «¿pero quién va a comprar este libro? Por Dios santo, ¿quién me va a leer?». Y era una pesadilla recurrente. Es que de verdad, de verdad, de verdad, a día de hoy, sigo sintiéndome sorprendida de la acogida, de la aceptación y el cariño. Y toda esta familia que se está creando en las redes es una cosa que todos los días me sorprende. Creo que nunca hay que perder esa sorpresa, porque esa sorpresa tiene otra parte, otro contrapunto que es el agradecimiento, y me siento muy, muy agradecida, y soy consciente de que lo que ha pasado es porque hay personas detrás que han confiado en los libros, que le han dicho a una amiga «léete este libro, que te va a gustar», que han prestado un libro, que lo han recomendado, que han hablado bien de ellos. A día de hoy me sigue sorprendiendo; estoy muy, muy agradecida.


¿Y cómo te llevás con tus lectores?

¡Quiero pensar que me llevo muy bien! Además, es un contacto directo y diario; intento mantener las redes sociales al día. Instagram más o menos lo llevo a rajatabla, en Facebook se me acumula un poco más, pero contesto a todos los mensajes privados que me llegan, leo todos los comentarios y me gusta tener esa relación porque yo creo que lo bueno de esta época 3.0 es que tenemos la suerte de tener unas plataformas que nos permiten recibir el feedback de los lectores en tiempo real. Te ayuda a aprender de tus errores, de tus aciertos, de hacia dónde quieres ir, incluso a compartir un poco de tu opinión, de hacia dónde quiero ir ahora, ¿qué me espera en el futuro? Tus miedos, tus ansiedades, parte de tu vida personal también. 

Yo no soy muy de compartir vida personal personal; jamás, por ejemplo, he sacado a mis sobrinos en una red social o demás, pero trocitos de vida sí, pero porque te das cuenta de que esas personas que están en las redes sociales se han convertido ya casi en familia, y pasan contigo los buenos y los malos momentos. A veces sin darse cuenta y a veces dándose cuenta. Cuando tú pasas un mal día y alguien te escribe en una red social «oye, ¿estás bien?», jolín, llega, llega mucho, y te das cuenta de esa relación, de ese vínculo casi mágico que se ha creado gracias a las redes.


¿Cómo te llevás con las críticas? 

Esto lo decía una compañera mía de profesión: «las críticas no le dan gusto a nadie, pero son necesarias». No se puede pretender gustarle a todo el mundo, caerle bien a todo el mundo y que todo el mundo opine que haces todo bien. Es que además no sería ni siquiera sano. Las críticas son muy sanas, siempre y cuando sean constructivas. Yo siempre contesto a todos los mensajes, sean positivos o negativos, menos a los que llegan al insulto. Los que llegan al insulto, al ataque abierto, «eres una no sé qué», evidentemente a eso no se contesta. Pero si alguien se acerca a través de una red social, o en una firma, me ha pasado también, «oye, este libro no me ha gustado nada», yo pregunto «ostras, pues dime por qué», porque también está bien saber. Muchas veces será por una cuestión personal, no he conseguido que se sintiera identificada, no he conseguido que la protagonista le cayera bien, no he conseguido que se enamorara de la protagonista. Otras veces será porque he cometido un error más flagrante, «esto no lo he hecho bien». Muchas veces «aquí he echado en falta algo»; me lo apunto, sí. 

Además, llevo notas de las críticas negativas porque creo que no es que tengamos que hacerles más caso, sino que vamos a aprender mucho más de ellas que de las positivas. Con las positivas te llega el calor de la lectora, que se haya tomado la molestia de escribir una buena opinión en Amazon o en Itunes o en un blog, pues se ha tomado un tiempo, lo ha hecho cariño, y se agradece muchísimo. Pero es que a la persona que ha hecho lo contrario, o sea, que ha hecho lo mismo pero con una opinión contraria, también hay que apreciarle el tiempo y el interés. Son constructivas, se aprende y hay que tenerlas en cuenta. Y son sanas, sobre todo.


¿Cambió mucho tu vida desde que empezaste a publicar?

En algunas cosas, totalmente, y en otras, nada. Solo en cuanto al trabajo; yo trabajaba en una oficina, en un trabajo muy gris que no me gustaba nada y que me estaba robando las ganas de vivir. Era un trabajo muy de oficina, muy corporativo, y yo me sentía un poco encerrada allí, no acababa de verme muy identificada con el trabajo. Pero, claro, en un momento de crisis… ¿A dónde iba a ir yo? «¡Ay, me lanzo a la escritura!». Pues no, tienes un trabajo, y piensas… A nadie le da gusto que suene el despertador; cuando me suena el despertador, hoy en día, tampoco me levanto dando saltos de alegría y riéndome a carcajadas, «¡qué bien, son las seis de la mañana!». Pero, en cuanto al trabajo, sí ha cambiado; a lo mejor no me despierto tan contenta aunque vaya a trabajar de lo que me gusta, porque no me gusta madrugar —soy ave nocturna; soy de dormir poco, en realidad—, pero cambian las rutinas de trabajo, cambia el espacio de trabajo. Muchas cosas las echo de menos; echo de menos a mis compañeros, ese ambiente de trabajo. Ahora, gracias a Dios, tengo a Jose, que me hace mucha compañía y me ayuda mucho.

En lo primordial, mi vida no ha cambiado. En cuanto a mis amigos, mi rutina social, mi familia, mi marido… Eso no ha cambiado. Ha cambiado que de repente tengo una familia muy grande dentro de las redes sociales, que nos lo pasamos muy bien y comparto muchas cosas con ella. Ha cambiado mi vida laboral completamente. He aunado mi pasión con mi trabajo; por eso te decía antes que nunca voy a considerar escribir un trabajo al cien por cien porque no puedo hacerlo, disfruto demasiado para considerar que es mi trabajo. 

En lo que más he cambiado es en los viajes. Yo antes no viajaba nada por trabajo; iba de mi casa a la oficina y de la oficina a mi casa. Ahora, pues eso, plantearte una gira de firmas de cuatro meses, o este primer viaje, cruzar el charco. Es el primer viaje internacional que hago para promocionar un libro, y pues evidentemente con muchísima ilusión, muchísima alegría, y muchos nervios. Muchísimos nervios.

En lo pequeño, en lo personal, no ha cambiado tanto. Pero sí que es verdad que sonrío más, sonrío más ahora.


¿Cómo se siente tener lectores en otros países y viajar?

Es increíble. Ayer, antes de coger el avión, hablaba con mi madre por teléfono. Mi madre es muy sufridora, y si me voy de Madrid a Barcelona ya sufre, pues imagínate coger un avión de trece horas. Estaba tranquilizándola «es un vuelo directo, no tenemos que hacer trasbordo»; las madres se aturullan también con estas cosas. Y estaba tranquilizándola y llegó un momento en el que mi madre me dijo: «madre mía, si esto te lo llegan a decir hace cuatro años». Y yo le contesté: «ni hace cuatro años, ni hace dos, ni hace uno». Yo sigo preguntándome cómo puede ser esto. Es increíble pensar que algo que escribiste en tu casa —sobre todo Valeria, que yo cuando escribí Valeria, o Silvia, sabía que nadie me iba a leer—, que haya llegado a otras personas, que haya cruzado el charco… Se siente raro, porque dices «¿cómo ha podido pasar?». Y a la vez es muy emocionante, y da vértigo también, porque piensas «qué bien ha salido todo, qué bonito es todo, no vaya a hacer algo que lo estropee». ¿No? Siempre se tiene esta parte de responsabilidad, el vértigo este de decir «cuídalo, ve con cuidado, ha ido todo tan bien, es todo tan bonito…». Yo creo que hay que quedarse en lo positivo siempre, no en el miedo. Tengo una amiga que dice «está saliendo todo tan bien que seguro salgo a la calle y me atropellan». No hay que pensar así, hay que quitarse un poco ese miedo. Es increíble. Es que no hay palabras.


¿Qué consejo le darías a las personas que están empezando a escribir o que tienen intenciones de publicar?

Que no lo dejen, que no se dejen desanimar por nadie, porque lo van a intentar. Hay mucha gente que les va a decir, por el camino, cosas como una frase que me dijeron a mí en una ocasión, que me hizo polvo, como que «que cantes y bailes en ropa interior delante del espejo no te convierte en Madonna». Y yo a las personas que les digan eso les contestaría que si quiero ser Madonna, de puertas para adentro soy Madonna y que no tienen que opinar de nada. Todo el mundo opinará, todo el mundo les dirá que es muy difícil. Que no pierdan la fe, que no pierdan la fe en sí mismos, que la magia sucede, la magia está ahí fuera. Que no pierdan la fe en su trabajo, que peleen por ello, que sean autoexigentes —sin pasarse, sin castigarse—. Que sueñen, que sueñen mucho y muy alto. Que lean muchísimo. Que confíen en los demás, también. En alguien de su alrededor que les vaya a decir cuándo algo está bien y cuándo está mal, que se respalden en alguien. Y que tiren para adelante siempre, que lo intenten. Que el «no» ya está escrito. Dice mi madre que la suerte es para los valientes. Si no lo intentas, seguro que no va a salir. Que adelante, que a por todas, a comerse el mundo.



Muchas gracias a ella por la entrevista y por la experiencia preciosa que fue conocerla
¡Espero que les haya gustado!

lunes, 31 de julio de 2017

La magia de ser Sofía - Reseña

Sofía tiene tres amores: su gata Holly, los libros y El café de Alejandría.
Sofía trabaja allí como camarera y es feliz.
Sofía no tiene pareja y tampoco la busca, aunque desearía encontrar la magia.
Sofía experimenta un chispazo cuando él cruza por primera vez la puerta.
Él aparece por casualidad guiado por el aroma de las partículas de café...
...o tal vez por el destino.
Él se llama Héctor y está a punto de descubrir dónde reside la magia. 







Creo que esta va a ser una reseña difícil de escribir. No por el libro en sí, sino por mí. Necesito que me crean cuando digo que quiero leer este libro desde que me enteré de su existencia. Primero, por el título. No necesita explicación si saben cómo me llamo. Segundo, porque la primera línea de lo sinopsis es lo más yo del mundo mundial. Parece hecho para mí —qué ironía, a fin de cuentas—, posta. Tercero, porque hace tiempo que quiero leer a esta autora, y cuando vi este me decidí a que fuera con el que empezaría. Mi error fue hacerlo justo ahora. Por eso dije en Goodreads que no lo leí en un buen momento. No tengo ganas de hablar acá de mi vida privada porque es eso, privada, pero digamos que el libro me pega de cerquita cerquita. Y fue casi como si algún tipo de entidad quisiera darme una lección de empatía o algo, qué sé yo. No sé, estaba súper cómoda enojada y odiando gente, no quería sentir empatía con nadie, ¿ok? Pero por suerte el libro me gustó mucho y lo pude disfrutar gracias a la gentileza de Penguin Random House.


Así que bueno, es difícil ser neutral. Y quizás en otro momento de mi vida *hace un mes* me habría sido más fácil apoyar a estos personajes en sus idas y vueltas, pero ahora mismo estoy como dividida entre lo bien que me caen y lo mucho que discrepo con sus elecciones. Ay, sí, ya sé, pero no es moralina esto, ya se me va a pasar. Si ya saben que soy una persona horrible igual.

En fin, cortando un poco con la bobada y yendo a lo que les interesa, esta es una novela romántica muy divertida. Admitiré que al principio me costó acostumbrarme a la narración, que me chocó un poco por algún motivo —¿quizás un poco forzada?—, pero después fue un no parar de leer hasta la madrugada y eso. La prosa se vuelve súper ágil, pero tiene momentos en los que los personajes reflexionan y deja de ser funcional nomás y se usa muy bien. Me explico, no es invisible. Además, cuando digo que es divertida, lo digo en serio. Me hizo reírme en voz alta varias veces, cosa que no recomiendo si son de leer de madrugada. 

¿Qué decir sobre la trama en sí? Es una novela de personajes, narrada en su mayor parte por Sofía, en primera persona, con algunos capítulos narrados por Héctor, el interés amoroso. En esta novela no solo vamos a ver cómo se desarrolla esta relación nada más, sino los problemas internos de cada uno, más allá del romance, y los de algunos de los personajes secundarios; en especial de Oliver, el mejor amigo de Sofía. Es complicado hablar de qué trata cuando la novela es así, porque es facilísimo caer en el spoiler, pero puedo contar un par de cosas, creo, sin cagarla demasiado.

Hay un problema central que impide que nuestros personajes, con tanta química y esa magia preciosa, estén juntos y sean felices y coman perdices y toda la cuestión. Eso es que Héctor está en pareja desde hace dieciocho años, y si bien no es una relación que esté pasando por su mejor momento, él la quiere. Y bueno, Sofía ya fue engañada antes y no quiere hacerle eso a alguien. Spoiler Como es obvio que pasa algo entre ellos, nos podemos imaginar cómo se dan las cosas. Y bueno, acá es donde tengo que discrepar, porque eso de «luchar por el amor» cuando el otro está en pareja para mí es una cagada. Esto es personal y quiero dejarlo claro. Qué sé yo, aunque de última hacen lo que pueden y enamorarse no se puede evitar, qué sé yo, fue difícil empatizar acá spoiler

Sofía como protagonista me gustó mucho. Con esa personalidad tan suya, con sus miedos e inseguridades, con la confianza ganada a través de los años. No sé, la verdad es que fuera de todo mi problema personal, fue un placer dejarme llevar por su voz a la hora de leer. Ella, como el resto de los personajes, se vuelve muy humana, muy real. He leído tanto personaje idealizado en este género que fue genial encontrarme a una persona que tuviera sus dudas y problemas, que no tuviera el cuerpo perfecto «sin saberlo» porque parece que las mujeres valemos más cuando no sabemos cuánto valemos *vomita*. Acá no es así, y Sofía seguro sería una persona con la que me encantaría sentarme a charlar con un café —el Alejandría, obvio—.

Héctor, por otro lado, está un poquito más embellecido físicamente, si bien no sigue el canon. Y además, podemos acceder a su mente, y vemos bien que no es perfecto, que también le aquejan un montón de problemas. En general, también me cayó bien, pero no me hizo muy feliz su forma de actuar respecto a ciertas cosas. Se imaginarán. Pero, en particular, me sorprendió spoiler que volviera con Lucía. ¿QUÉ? Si precisabas reflexionar, te tomabas un tiempito solo, no sé. ¿Qué es eso de volver? Lo mato spoiler.


Aunque la novela no se presta para ello —y lo celebro, porque podría haber caído en ese lugar común—, no puedo odiar a Lucía, la novia de Héctor. No puedo porque aunque veo qué errores comete, los he cometido yo, que soy una enferma del estudio y el trabajo y el control. Y tampoco puedo odiar la forma en la que actúa, porque me parece normal y acorde a cómo son las cosas, y de hecho probablemente actuaría igual. Así que si bien esto no es muy objetivo de mi parte, creo que es un personaje del que me gustaría saber más. Si en la segunda parte de esta bilogía tuviera algún capítulo propio, sería bastante feliz de leerlo. 

Como ya dije, los secundarios están todos muy bien; no son de cartón ni una excusa para hacer brillar a los protagonistas o que no se note que son los únicos interesantes. No, todos los que tienen alguna relevancia desarrollan una personalidad, un papel y una forma de actuar y comunicarse. Se vuelven, también, muy reales. Sobre todo Oliver, de quien vamos a conocer una pequeña aventura, que aunque no entendí muy bien qué aportaba al libro en general, fue interesante de leer.

Una de mis cosas favoritas es la naturalidad con la que se trata al sexo. Como con los personajes, estoy acostumbrada a que en muchas novelas el sexo esté idealizadísimo hasta el punto del ridículo, a veces. Pero acá todo se sintió normal. Incluso en los momentos más románticos, había una cierta sensación de realidad, ¿cómo explicarlo? No sé. También que se hablara sin tapujos, sin tabúes. Las cosas como son, sin ser ordinarios tampoco. Y *se pone de pie* *aplaude* que haya escenas de masturbación femenina, algo sumamente tabú de lo que casi ni se habla. Maravilloso.

La ambientación capaz les da igual a quienes tienen Madrid cerca, pero para mí, que nunca estuve en España, fue muy lindo sentirme un poco ahí mientras leía. Como no conozco la ciudad, no puedo asegurar que esté todo bien hecho y eso, pero yo me sentí cómoda y sentí que la historia traía Madrid a mi casa, así que con eso estoy más que satisfecha. Más allá de la ciudad, sentí real todo el barrio, los ambientes que utilizan los personajes a diario, y en especial, cómo no, el Alejandría, al que me encantaría poder ir de verdad. Amo ese tipo de lugares, es uno de los motivos por los que quise leer el libro en primer lugar. Y amé todo lo que tuviera que ver con el café, obvio.

En definitiva, qué decir. Fue un libro súper disfrutable, con personajes construidos de forma excelente y una ambientación muy cálida. Además, se lee al toque y es divertidísimo. Pero bueno, me llegó en un momento difícil y tuve la empatía puesta en el otro lado, qué le voy a hacer. Igual, confirmé que quiero leer el siguiente libro y más de la autora, eso sin duda.

Este libro tiene su propia playlist en Spotify:

viernes, 22 de julio de 2016

Hija de humo y hueso - Reseña

Karou es una estudiante de arte de 17 años que vive en Praga. Pero ese no es su único mundo. A veces, Karou desaparece en misteriosos viajes para realizar los encargos de Brimstone, el monstruo quimera que la adoptó al nacer.
Tan misteriosa resulta Karou para sus amigos, como lo es para ella su propia vida: ¿cómo es que ha acabado formando parte de una familia de monstruos quimera? ¿Para qué necesita su padre adoptivo tantos dientes, especialmente de humanos? Y, ¿por qué tiene esa recurrente sensación de vacío, de haber olvidado algo?
De pronto, empiezan a aparecer marcas de manos en las puertas, señal de que la familia de Karou corre grave peligro. Karou tratará de cruzar al mundo quimérico para ayudarles, pero es perseguida por los serafines. Entre ellos se encuentra Akiva, un ángel arrebatadoramente hermoso al que Karou está unida de formas que ni ella misma puede imaginar. 



Bueno, vengo primero que nada a decir lo TARADA que fui estos años al negarme la lectura de este libro. Ni idea, al principio no me llamó mucho, después no lo vi más y ta, me dejó de interesar. Tarada, dije. Ahora estoy agradeciendo que (en Rosario, sí) se nos ocurriera comprar los tres juntos. No sé qué hacía con mi vida si no.

Este libro me encantó; hacer la reseña me resulta complicadísimo porque me encantaría decir eso e irme, así nomás. «Me encantó, lean, manéjense». Pero ta, sé que no es justo, así que voy a intentar escribir algo coherente. Esta historia es realmente mágica. No es de esos YA que crean un mundo fantástico para justificar la historia de amor y se nota. Acá todo parece cobrar vida, ¿cómo explicarlo?

La historia es envolvente. No te tira de una a la acción, sino que despacio nos va llevando a los distintos rincones de la vida de Karou, la protagonista. Desde ahí, va en crescendo hasta que se desborda y todo da un giro enorme y no sabemos ni qué estamos leyendo. Es muy KE. No en un mal sentido, es decir, está perfectamente hilada, todo cobra sentido, pero nos hace quedar heladitos. A eso me refiero.

En realidad estaba bastante aburrida de historias de ángeles y demonios porque siempre son bastante parecidas, pero esta tiene un noséqué especial, ¿cómo explicarlo? Su propio encanto y particularidades. No deja de ser Romeo y Julieta revisited, pero el amor imposible es un tópico que no deja de ser interesante.

Uno de los puntos fuertes de esta novela es Karou (cuando vi que tenía el pelo azul me re cagué porque tengo una protagonista así, pero el de la mía es teñido). Es fuerte, inteligente e independiente, sin dejar de tener sus vulnerabilidades y aspectos que la hacen muy cercana. Tiene un sentido del humor que me gusta mucho —soy fan del sarcasmo, qué se le va a hacer—, bastante absurdo a veces. Es peculiar, digamos. Funciona muy bien como protagonista. Los secundarios están muy bien perfilados; todos tienen su historia o su propósito. Todos son palpables. Me gustaron especialmente Zuzana y las quimeras con las que creció Karou. Akiva es interesante, pero quizás el que menos me llamó la atención, a pesar de que no está mal hecho en absoluto. No me convenció el instalove, aunque supongo que está plenamente justificado por la historia.

La ambientación es GENIAL, así, con mayúsculas. Desde Praga y las demás ciudades de nuestro mundo en las que transcurre la acción, hasta el otro mundo, todo está descrito de forma magistral, cercana, mágica. Me da hasta ganas de asomarme y mirar, ¿me hago entender?

Es que la narración también es excelente. Es muy común entre los YA encontrar narraciones sencillas, ágiles. Esto está muy bien si lo que se pretende es contar sin más (o si la historia lo requiere), pero deja muy poca huella en el lector. Quiero decir, el peso lo carga la historia. En este caso, tenemos una prosa preciosa, sin ser recargada, que hace que disfrutemos de la trama y de la lectura. Esto para mí es un golazo, qué les voy a decir. Sí y sí a los autores que cuidan de esta forma su narración.

En definitiva, este libro me encantó. Tiene todo lo necesario para ser una historia inolvidable, con personajes bien desarrollados, un mundo fascinante y una prosa que da gusto leer. Menos mal que tengo los otros dos acá, menos mal.

(Por cierto, falta un mes para mi cumpleaños ♥ *cuenta los días* *es ansiosa*.)

jueves, 18 de febrero de 2016

Odd y los gigantes de hielo - Reseña

En una aldea de la antigua Noruega vive un muchacho llamado Odd que ha tenido mucha mala suerte. No solo murió su padre durante una expedición vikinga, sino que además un árbol cayó sobre su pierna y se la astilló, y por ello debe andar con una muleta. Y, como si todo eso fuera poco, un interminable y crudísimo invierno ha puesto de muy mal humor a los pobladores.
Durante una caminata por el bosque, Odd encuentra a un oso, un zorro y un águila, tres aventureros que tienen una historia muy extraña para contarle, pues no son otros que Odín, Thor y Loki, que han sido expulsados de Asgard por los Gigantes de hielo.
Así es como Odd comienza una aventura más extraña de lo que jamás podría imaginar, un viaje para salvar a Asgard, la ciudad de los dioses, de la invasión de los Gigantes de hielo.
Será necesario un muchacho de doce años muy especial para derrotar a los Gigantes de hielo, restituir la paz en la ciudad de los dioses y terminar con el sempiterno invierno. Alguien alegre, inteligente y exasperante...
Alguien exactamente como Odd...

No puedo ser imparcial con esta reseña, lamento decirles. Neil Gaiman es mi escritor favorito (comparte el trono con Ursula K. Le Guin, por supuesto) y cualquier cosa suya me hace infinitamente feliz, aunque sea un pedo. Bueno, no, pero se entendió. Tengo una entrada medio viejita hablando de él y de nuestras (¿?) serendipias.

Como sea, apenas vi que este libro había sido traducido al español, lo quise. Me encanta leerlo en inglés, pero prefiero tener los infantiles en mi lengua materna, porque soy una cursi y mis planes son algún día tener criaturas y que lean —más les vale— cosas así de lindas.  Además, el ilustrador es Matías Bergara, uruguayo, así que Uruguay nomá’, bo. 

No voy a decir nada en contra de que esta historia sea infantil. Es infantil, por definición. Se supone que tiene que ser así y está perfecto. De todas formas, la narración es preciosa. La prosa de Gaiman siempre tiene un efecto increíble, como si nos estuviera dando la manito para irnos a otros mundos. LLEVAME A DONDE QUIERAS, DALE. Bueno, ta. Les dije que no iba a ser imparcial, ahora no se quejen.

El protagonista es adorable. Hace honor a su nombre, Odd (que en inglés significa, además de impar —es rengo—, raro, incómodo, esas cosas). Es peculiar, y su tranquilidad y forma de ver la vida da miedo. Sus compañeros de aventura, un oso, un águila y un zorro, son imposibles de describir sin hacer un spoiler criminal. Solo voy a decir que dan pie a los momentos más graciosos del libro y que me reí en voz alta y tuve que leerle ciertas cosas a mi novio para que se riera conmigo. Edit: bueno, acabo de ver que en la sinopsis lo dice, porque obvio que copié y pegué y ni la leí, como hago a veces cuando no quiero saber. En fin, qué mal. 

La historia es simple y bonita. Bueno, quizás no bonita en el sentido clásico, pero si lo leen van a entender. Además, MITOLOGÍA NÓRDICA, FUCK YEAH. De niña amaba todo lo que tuviera dioses, ¡cómo me habría gustado leer algo así con ocho o nueve años! Quizás el final sea poco creíble, SPOILER en estos tiempos donde la gente parece exigir que todo se resuelva mediante acción o violencia, incluso en cuentos para niños, SPOILER pero para mí es perfecto. No voy a contarlo, claro está, pero está bien así.

Lo recomiendo para niños no tan chicos, pero también para gente más grande que sabe disfrutar de la literatura infantil. Es así: Gaiman no decepciona *fangirlea hasta el final*.

miércoles, 15 de febrero de 2012

Yo serendipeo, tú serendipeas, nosotros serendipiamos, vosotros serendipeáis

Supe serendipear ya con Agatha Christie en aquella librería, hace mucho tiempo. Resulta que volvió a suceder, pero con otro libro. 
Ya dije en la entrada anterior que acababa de ver Umineko no Naku Koro ni, y hablé un poco del argumento. Bueno, resulta que antes había investigado un poco sobre ello, y llegué a leer sobre cómo estaba algo -bastante- basado en una novela de Agatha Christie, Diez negritos
No lo había leído, así que me lo anoté para después. Terminé de ver ese animé y me olvidé por completo, hasta que por motivos totalmente ajenos a eso llegué a este blog y a esta entrada. Lo tomé como una señal del destino (?) así que leí el libro, no sin antes investigar sobre él en wikipedia, cosa que les aconsejo encarecidamente no hacer si piensan leerlo, porque les caga el final. Por eso no linkeé como hago siempre, pueden leer la reseña en el blog que nombre recién. 
Y ahora viene mi momento de ira al perderme toda la intriga y el suspenso de un libro tan genial como ese, sabiendo de antemano qué iba a pasar. Gracias, wikipedia. 
Hoy, en 9gag, apareció un post -de un pelotudo, pero no importa- sobre el libro. Cuáles eran las probabilidades? No sé, pero serendipear es divertido. Así que lean el libro y serendipeen conmigo. Lalala.

pd: perdí matemática, mi entrada a facultad depende de salvar física, margot.
pd2: una amiga, Flor, se fue de vacaciones y sacó esta foto:

Para alguna que haya leído Las llaves..., esto es re bonito  


martes, 19 de julio de 2011

Joutsenet

Lumi on syönyt kaiken
Routa raiskaa tämän maan
Joutsenetkin jäätyy kiinni jaloistaan

Hola, soy Sofía, y me copé muchísimo con PMMP. Qué es eso? Como dice Wikipedia, es una banda de rock/pop finlandesa. Amo Finlandia, lo había dicho ya? Sí? Bueno, va de nuevo: amo Finlandia. 

Y esto es porque encontré una canción en finés, que se llama Cisnes, que habla de nieve, y cuya temática se parece muchísimo a una historia que estoy intentando escribir, que trata de... lo mismo? Cisnes, nieve... ta, cuando leí la letra mi cara fue así: .___________. 
Está acá, pero en inglés.

Aparte, es re linda.
Y me siento bien de no ser la única friki que busca canciones en idiomas, raros; no, Luminiţa


The snow has eaten everything
Frost is raping this land
Even the swans freeze stuck to the ground