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miércoles, 16 de diciembre de 2020

Un mar sin estrellas - Reseña


Muy por debajo de la superficie de la tierra, sobre la orilla del Mar sin Estrellas, hay una gran cantidad de túneles y recintos llenos de historias. Las entradas que conducen a este santuario suelen estar ocultas, a veces en el suelo de los bosques; en ocasiones, en hogares privados e, incluso, pueden estar a simple vista. Pero quienes las buscan las encontrarán. Sus puertas han estado aguardándolos.

Zachary busca su puerta, aunque no lo sabe. Sigue un canto de sirenas silencioso, una certeza inexplicable de que está destinado a encontrar otro sitio. Cuando descubre un libro misterioso en las estanterías de la biblioteca del campus, empieza a leer y queda cautivado por los relatos de prisioneros que buscan amor, ciudades perdidas y acólitos sin nombre. De repente, una vuelta de página trae a Zachary a una historia de su propia niñez, increíblemente escrita en ese antiguo libro.

Una abeja, una llave y una espada impresas en el libro conducen a Zachary a dos personas que cambiarán el rumbo de su vida: Mirabel y Dorian. Estos desconocidos lo guían a través de bailes de máscaras y relatos susurrados en salones clandestinos hasta la sede de una sociedad secreta, donde los picaportes cuelgan de cintas y, fi nalmente, a través de una puerta pintada que se abre mágicamente para entrar en un lugar que siempre había anhelado.

Entre túneles serpenteantes atestados de libros, salones de baile y orillas oscuras como el vino, Zachary cae en un mundo embriagador, impregnado de romanticismo y misterio. Pero una batalla se libra por el destino de ese lugar y, aunque hay quienes lo sacrificarían todo para protegerlo, otros están decididos a destruirlo.


Hay libros fáciles de reseñar y después está este, que se resiste con ganas a ser explicado, porque la realidad es que debe ser experimentado. Porque es eso, más que una historia: una experiencia, una inmersión en ese mar remoto y lleno de historias. Me moría por leer este libro desde que supe de su existencia —aún tengo pendiente el primer libro de la autora—, pero no fue lo que esperaba, aunque no sé bien qué es lo que esperaba. Fue mejor, creo yo. Fue... Es difícil de explicar. 

No tenemos una historia, sino historias dentro de historias dentro de historias. Una historia es una historia es una historia. Si quieren que lo explique de manera menos confusa, podemos decir que tenemos una trama principal, la de Zachary, y pedacitos de historias intercaladas con sus capítulos, que a veces son de otros libros y a veces son simples notas tiradas en el suelo o el diario de alguien más. Podríamos decir que estos elementos complementan la historia principal, pero no es así, sino que están profundamente entrelazados y no son opcionales. Todo es parte de la misma historia, o de las muchas pequeñas historias que forman este universo. Es complejo, les dije.

Y también es complejo ir más allá de lo que nos dice la sinopsis: Zachary, un estudiante universitario que se enfoca sobre todo en la literatura y los videojuegos, descubre Dulces penas, un libro que le resulta fascinante hasta que se horroriza con lo que encuentra allí: un relato del que, de alguna manera imposible, es parte. Así, obsesionado por descubrir la verdad, es que termina en medio de un relato fantástico y algo decadente. El pasado que fue y ya no será es un tema recurrente en la novela, así como una perspectiva muy interesante del futuro, como un final abierto. Muchas cosas por acá.

La trama avanza con cierta lentitud que no será del gusto de todos los lectores, así que no me extrañaría que desanimara a aquellos que buscan historias rápidas que devorar con voracidad. No es el caso de Un mar sin estrellas, que exige ser disfrutado con lentitud y cierta atención. Si no, corremos el riesgo de que se vuelva todavía más confuso. Acá hay que prestar atención a los detalles, saborear la prosa, hundirnos de a poquito y estar atentos a los símbolos. Se nos recompensará con bibliotecas legendarias, sociedades secretas, cuentos de hadas y un homenaje al storytelling que es imposible de ignorar.

Conforme avanzamos en el libro, más vamos entendiendo y no entendiendo a la vez. Y se va pareciendo cada vez más a un sueño, a la clase de lógica onírica que no tiene sentido pero a la vez sí. Es, sin embargo, lo que uno espera del mar sin estrellas, esa fuerza omnipresente que vamos descubriendo de a poco. No sabría decir si el final me dejó satisfecha; cierra bien, pero me quedo, como siempre me pasa con los buenos libros, con ganas de saber más. De no dejar ir este mundo o estos personajes.

Los personajes son, como el pirata del principio del libro, una metáfora de algo más. Y tanto es así que no sé si se sienten reales del todo. Puede que, así como cada vez nos metemos más en esa ambientación de sueño, ellos vayan perdiendo el tipo de humanidad cotidana que los hace más cercanos. No quiere decir que no sean creíbles, o que sus vínculos no sean creíbles, sino que la distancia entre quienes eran al principio y quienes son al final es bastante grande.

Sigue siendo muy difícil escribir esta reseña.

Los dos elementos que más podría resaltar de la novela son, además de esa estructura tan rara, la prosa y la ambientación. La forma en la que está narrado este libro es bellísima; con un aire poético que me recordó mucho a El soñador desconocido, encuentra la manera de hechizar a los lectores y de sonar a cuento de hadas, a misterio, sin tener un vínculo con la actualidad y las referencias culturales contemporáneas.

Y respecto a la ambientación... Qué puede decirse. Es maravillosa. Es un universo que me gustaría  no haber dejado. Me llevó bastante terminar el libro —que además es largo y tiene letra chiquitita— en parte porque lo estiré todo lo posible para poder disfrutarlo, pero aun así se me hizo corto. Siento que lo leí demasiado rápido. Qué más quisiera yo que volver a perderme en los salones una vez majestuosos del Puerto, entre los libros antiguos y llenos de secretos. En esos mundos, esos símbolos y las historias que encierran. En las costas oscuras del mar sin estrellas. Nada que pueda decirles ahora se compara con vivir esto ustedes mismos.

Sé que no es un libro para todo el mundo, más que nada por una cuestión de gustos, pero de verdad los animo a leer. Es uno de esos libros diferentes, especiales, que uno sabe que va a llevar en la cabeza por mucho, mucho tiempo.

miércoles, 9 de diciembre de 2020

Nunca digas tu nombre - Reseña

Estás en una ciudad desconocida, esperando tu tren. Tenés varias horas, así que salís a caminar por las calles. Solo llevás un bolso pequeño y tu cámara de fotos. Hace frío. Te encontrás con alguien y te ponés a conversar. El aire está raro, pero te dejás llevar. Se hace de noche. Hay algo a punto de ocurrir, no hace falta ninguna capacidad extrasensorial para saberlo. Los dados están echados. Llegues adonde llegues, siempre terminás conociendo tu futuro.

«Te dijeron que no confiaras en extraños, que no anduvieras con ellos, que no los siguieras, y acá estás, desobedeciendo todas las advertencias».









No sé si todos los lectores del blog lo tendrán claro, pero Federico Ivanier es de mis escritores favoritos desde la preadolescencia. Ha aparecido más de una vez en este blog, y también aparece mucho en mis estantes. Seguir leyéndolo ahora de adulta es un privilegio y un placer enorme. Hacía tiempo que tenía puestos los ojitos sobre su último libro, pero recién ahora pude leerlo. Tenía mucha curiosidad porque sabía que era distinto a los demás, así que paso a contarles qué me pareció.

En este caso, corresponde que empecemos por la prosa. Es lo que llama la atención de inmediato: la narración está en segunda persona, presente, un recurso que en lo personal me resulta fascinante y que siempre me gusta encontrar en la ficción. La elección es muy adecuada porque le aporta dinamismo a la historia, a la vez que interpela al lector. Se combina a la perfección con el tono poético y lleno de incertidumbre, con las imágenes invernales y las emociones veladas del protagonista, que nunca dice su nombre, como bien indica el título. Resulta envolvente, fluida, y así es como se lee rapidísimo, en constante tensión.

Es una historia cortita, diría yo que entra en la categoría de nouvelle. Por lo tanto, la trama no es compleja ni nos encontramos con subtramas, lo que podría resultar confuso en historias de esta longitud. Nuestra trama es bastante directa, si bien no lineal, porque también hay algunas escenas del pasado que son clave para entender la historia completa. El protagonista confunde la hora de los pasajes, tiene que hacer tiempo en un pueblito de la frontera entre Francia y España, Irún. Pasea, se encuentra con una chica muy rara... En fin, podría ir por muchos lados, algunos más cliché que otros. Sin embargo, es una novela de Federico Ivanier. Sabemos que va a ir por el lado raro.

Hay muchos indicios de este quiebre entre lo melancólico-normal del inicio y el quiebre que se da hacia el final. El primero ocurre casi al principio, en una escena bástante gráfica que rompe con la cotidianidad de la plaza. Luego, pequeños detalles en su conversación con esta chica. Hasta el paisaje acompaña. Respecto al quiebre que menciono —en cierto modo esperable, aunque no diría que predecible—, prefiero no decir demasiado, pero está bastante unido a otra de sus novelas anteriores, diría que podrían pertenecer al mismo universo. Pueden teorizar a gusto.

¿Es una novela contemporánea? ¿Juvenil? ¿De fantasía? ¿Thriller? ¿Horror? No sé muy bien cómo la catalogaría, si es que es necesario. Tiene un poquito de todas esas cosas, pero también se apoya muchísimo en una prosa bastante lírica y en la cultura popular, especialmente en la música y el cine. Tampoco pasan desapercibidas ciertas referencias literarias.

Como siempre, Federico Ivanier no decepciona. Me encanta todo lo que hace, pero me alegra leer cosas suyas un poquito más experimentales, más oscurillas y con esa voz tan suya. Creo que es un libro ideal para leer de un saque, en un rato libre. De hecho, ¿por qué no leerlo mientras hacen tiempo? No digo de viaje, pero... Pero tal vez la sensación sea diferente si partimos de ese punto en común con el protagonista. Tal vez se vuelva un poquito más inquietante.

miércoles, 7 de octubre de 2020

Rojo, blanco y sangre azul - Reseña

 

Alex Clarademont-Díaz, el hijo milenial de la presidenta de los Estados Unidos, es un tesoro para el marketing de la Casa Blanca: atractivo, carismático e inteligente. Lo que nadie sabe es que no soporta al príncipe Henry, el hijo de la reina de Inglaterra. Así que, cuando la prensa sensacionalista se hace con una fotografía que refleja un altercado entre Alex y Henry, las relaciones entre Estados Unidos y el Reino Unido se enfrían. Ambos países trazan un plan para paliar los daños. lo que empieza como una falsa amistad, publicada en Instagram, se va transformando en algo más profundo de lo que Alex y Henry podrían haber imaginado.

¿PUEDE EL AMOR CAMBIAR EL MUNDO?





Debo admitir que miré este libro por encima del hombro un montón de veces. Puede que haya sido por el hype gigantesco que tuvo en redes, por lo maravillados que estaban todos. Puede que haya sido porque soy prejuiciosa. Ni idea. La verdad, llegado el momento, decidí leerlo porque tenía que saber a qué venía todo esto y si realmente era para tanto. Y, se preguntarán ustedes, ¿era para tanto? En muchos sentidos, . Les cuento bien.

Normalmente empiezo las reseñas hablando de la trama, pero en esta ocasión creo que sería contraproducente. La trama no importa. A este libro no venimos a leer sobre politiqueo, sino a shippear. Es un libro por y para el ship, por más inverosímil que sea todo lo demás. Quiero dejar eso claro porque este libro hay que abordarlo así, con sinceridad. Más allá de eso, la sinopsis cuenta muy bien cómo partimos: la prensa detecta un conflicto bastante accidental entre Alex, hijo de la presidenta de Estados Unidos, y Henry, príncipe británico, y para evitar cualquier tipo de problema ahora estos dos tienen que fingir ser súper amigos, muy cercanos. Me pregunto yo qué podría suceder.

Y no, que sea predecible no es malo. Es perfecto. Es todo lo que tiene que suceder, porque no agarramos el libro esperando sorpresas, sino shippear a los personajes y acompañarlos durante la historia, presenciar sus peripecias y su desarrollo. Este es el punto fuerte del libro. La historia de amor es maravillosa, dulce, divertida. A veces, triste, porque qué sería de un libro así sin buenos obstáculos para que queramos con más ganas verlos juntos. A mí me tuvo atrapadísima por los pocos días que me duró, no podía esperar a tener un momento libre para poder seguir leyendo. Daba igual imaginar cómo iba a terminar: eso era justamente lo que quería. Es una comfort read.

Que sea un libro para el shippeo no quiere decir que sea de mala calidad, ni mucho menos. La prosa es muy ágil, se recrea donde debe hacerlo —las escenas románticas son intensas, las noches con amigos son desenfrenadas y se sienten como una película indie, los momentos íntimos llenan de calidez las páginas—, pero también tiene algunos momentos estrella como los mails que intercambian los protagonistas, citas célebres incluidas. Leí por ahí, creo que en Goodreads, que la novela habría brillado mucho más de haber estado escrita en primera persona y que los mails eran prueba de ello: estoy de acuerdo.


Vi por ahí también varios comentarios sobre cómo Alex no les cayó bien y que los personajes secundarios no tienen mucha importancia. Ahí estoy en desacuerdo; en lo personal, tanto Alex como Henry me parecieron personajes llenos de vida y bien desarrollados que amé conocer, discrepe o no con mi forma de ver el mundo. Además, el resto del casting es muy interesante, diverso —algo que se agradece— y entrañable, así que no tengo quejas por ese lado. Admito, eso sí, que no me terminó de cuajar en el contexto que se les da.

¿Por qué digo esto? Porque, a mis ojos, la construcción de la política en este libro es muy ingenua. Todo es muy fácil, sencillo. Las política estadounidense no es tan así, las normas de la realeza británica no son tan así tampoco. Las dinámicas son bastante bolazo. El mundo no se divide en buenos y malos así nomás, muchísimo menos en política. Qué sé yo, esto puede ser algo que tire para atrás a los que busquen leer esto por la trama política, pero ¿acaso existe tal lector? Por mi parte, meh: como si quisiera poner aliens en el medio, yo vine por el shippeo y tuve exactamente lo que quería y lo disfruté como una nena chica. Hasta me reí en voz alta en algún que otro momento. Y una parte me emocionó un poquito.

Es una comedia romántica, chiquilines. Y por más que se permita tocar temas muy profundos como la identidad, los derechos humanos, la importancia de la representación de la diversidad y otro montón de cosas muy valiosas, no le podemos pedir que también sea otro tipo de libro —y también sabemos cómo son los estadounidenses con el patriotismo y cómo perciben al resto del mundo, algo que desearía que no fuera así, pero en fin. Como mucho, podemos discutir si esa otra trama suma o no a la historia principal, que es un romance. En mi caso, esas partes no llamaron mi atención y las leía deseando que volviéramos a las escenas lindas. Soy bastante simple, para qué mentir.

Más allá de esto, es súper disfrutable. Se lee en nada, cuesta soltarlo y es un regalo para los que estén con ganas de engancharse como hace tiempo no hacen, de salir de algún bloqueo lector o lo que sea. Es de esos libros. 

Lo recontra recomiendo, sí, por favor. Con criterio.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

Silber. El primer libro de los sueños - Reseña

Misteriosas puertas con tiradores en forma de lagartija, figuras de piedra parlantes y una niñera enloquecida con un hacha en la mano... Últimamente, los sueños de Liv Silber son bastante inquietantes. Sobre todo uno de ellos le preocupa muchísimo. En ese sueño se encuentra en un cementerio, de noche, observando a cuatro chicos que llevan a cabo un sombrío ritual. Los chicos guardan una relación muy real con la vida de Liv, puesto que Grayson y sus tres mejores amigos existen de verdad. Hace poco que Liv asiste al mismo instituto que los cuatro, quienes en realidad parecen bastante simpáticos. Sin embargo, lo que resulta realmente inquietante —mucho más inquietante que el cementerio por la noche— es que los chicos saben cosas sobre ella que durante el día jamás manifiestan... hasta que llega la noche y, con ella, el sueño. Liv ignora cómo lo saben, es un misterio absoluto, y ¿quién se resiste a investigar un buen misterio?





Debo empezar esta reseña con una confesión: creí que este libro era middle-grade, así que me llevé una buena sorpresa al descubrir que era juvenil. ¿Me molestó? No, solamente me desconcertó por un par de páginas. Después, seguí con mi vida. Más o menos. En verdad, me desconcertó por una gran cantidad de motivos, a veces para bien y otras no tanto, pero sin duda este libro no fue para nada lo que esperaba. Lo disfruté, eso sí, y ahora les voy a contar bien por qué.

Este no viene siendo un buen año de lectura; no porque no pueda leer o porque no me haya encontrado libros increíbles, sino porque he vivido muchos cambios a lo largo de los meses, y varios son de horarios y rutinas. Mientras me adapto a ellos y a distribuir mi energía de forma diferente, la lectura y el blog van retomando de a poco un lugar más prioritario en mi vida. No me gusta verlo como una tarea, así que también me costó un poco más por ese motivo. Está claro que eso repercute en los seguidores, los comentarios y las visitas, pero soy humana y adulta, y tengo que hacer lo que puedo con el tiempo que tengo. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el libro? Que hacía meses que no leía algo con tanta facilidad. No me refiero a rapidez, que eso lo tengo entrenado, sino a leer sin esfuerzo y con ganas. Cuando me paraba a mirar, ya había leído ciento y algo de páginas, cosa que no me pasó mucho este año.

Es por eso que voy a empezar hablando de la prosa desenfadada de la autora, de lo bien que canaliza la voz de una adolescente escéptica, sarcástica y curiosa como Liv a través de la narración en primera persona. La historia fluye gracias a que la prosa y la voz son amenas, son interesantes y divertidas, con mucha personalidad y algunas referencias que no se hacen pesadas. Creo que, más allá de que pueda caer bien o mal Liv —es una adolecente, cosa que noto que muchos olvidan cuando leemos juvenill—, está muy bien trabajada y nos lleva por la historia con mucha energía y un fuerte carácter. Aprovecho a seguir hablando un poco más de Liv en este párrafo, ya que estoy. Una chica inquieta, cuyos padres tienen trabajos que los obligan a mudarse de país constantemente. Ella y su hermanita Mia —un personaje con aun más carácter, que personalmente adoré— no han tenido un hogar real o amigos veraderos, tan solo a Lottie, su niñera. Sin embargo, no por eso son tímidas. Más bien, lo opuesto.

Así como Liv me parece un personaje tridimensional y bien logrado, la mayoría de los secundarios también tienen este nivel de trabajo. Su familia, sus nuevos amigos, los nuevos vínculos familiares que llegan como sorpresa. Todo esto funciona muy bien. Ahora, tal vez algunos de ellos tienen menor desarrollo más allá de unos simples rasgos caracterizadores, como Jasper, pero supongo que se ampliará en este tipo de personajes en las próximas entregas. A pesar de eso, me parece que todo esto se da de forma natural y que los secundarios tienen vida, objetivos y una influencia en Liv y en su historia. No quiero decir demasiado: es un libro fácil de spoiler y, así de raro como es, mejor no saber mucho.

Y es que sí, acá hay de todo: sueños extraños, ritos satánicos —no esperaba ese nivel de oscuridad—, un secundario inglés —estamos en Londres, aunque la autora sea alemana— con un baile de otoño con temática victoriana, un blog con chismes por una persona anónima que parece saberlo todo... Yo qué sé, a veces me dejaba con un signo de interrogación en la cara, pero admito que me intrigó en todo momento. Tal vez el contenido liceal adolescente no me entusiasmó tanto, pero no podemos olvidar que es una novela juvenil y que claramente no soy el público objetivo, aunque pueda disfrutar del libro. Encaja perfecto en la novela y seguro que era lo que habría querido encontrar cuando era más chica. Estoy segura de que habría disfrutado muchísimo más de este libro a los quince años, porque este era el tipo de contenido que buscaba y disfrutaba. Ahora, a los veintisiete, es un poco distinto, pero no por eso lo veo como algo negativo. Creo que no está de más la aclaración.

Como negativo, en verdad, encuentro algunos detalles. Cierto comentarios no del todo atinados —de todas maneras, es un libro de 2013 y se lo tengo en cuenta—, un par de situaciones que no me convencieron, pero fuera de eso no me disgustó. Me parece que, además, el final es perfecto porque da a entender que lo verdaderamente bueno recién empieza, y que para eso tenemos que leer el siguiente. Aun así, si ignoramos esa última página y que cierta trama no se resuelve en este primer libro, podemos quedarnos perfectamente con una novela autoconclusiva si es lo que deseamos. Por el momento, es lo que voy a hacer yo, más que nada porque tengo muchísimos pendientes. En un futuro, tal vez siga con esta saga.

Así que, como conclusión, puedo decir que lo disfruté, y que también disfruté mucho leer de esta manera tan suelta y ligera, como hacía tiempo no lo conseguía. Es algo que agradezco mucho, así que ténganlo en cuenta si están con bloqueo lector o con ganas de algo ágil. Luego me cuentan, ya saben.

miércoles, 29 de julio de 2020

TESLA Mundos Alternos I - Reseña

En el presente libro, el lector encontrará la perspicacia de Sherlock Holmes, el desconcierto de Jack el Destripador y la perversidad de Dorian Gray. Participará de un desenlace inesperado para la dulce Alicia de Lewis Carroll, acompañará a Wilhelmina Murray de Bram Stoker al otro lado de un espejo mágico, revivirá el oscuro destino de Drácula y la insaciable curiosidad de Víctor Frankenstein. 
Se acercará a personajes fascinantes y gélidos como la almirante Calíope, o la esbelta Eshima, se preguntará qué será de Aleska en el bosque del silencio y cuál el destino de la dulce Charlotte en el hemisferio de las brumas. Lo perseguirán los susurros de Nikola Tesla y la omnipresencia inquietante de Nole Mask.

El portal del tiempo, el trueno, un lugar para traficar almas, la división Oculus de realidad virtual, la noria del prater de Viena dibujada en un cielo rojo, la caravana con un monje loco, los barrios miserables de trols y fallecidos digitales, el amor de dos hombres, la pasión entre dos mujeres o la frivolidad de una ciudad de neón, viajan vertiginosamente entre las palabras que dan forma a relatos sobre dos universos ficticios que hablan de las verdades más profundas del corazón y de la vida: amor, odio, miedo, muerte y redención.

El alma de los personajes transita por el erotismo, el suspenso, el ingenio, el desengaño, la valentía, la extrañeza y la venganza, ellos dejarán una marca imborrable en el lector quien reconocerá además, temas de actualidad como el impacto de las redes en la vida de las personas, los alcances individuales y colectivos de la sociedad de consumo, el dominio de las masas, la inteligencia artificial, la crisis del paradigma patriarcal o la responsabilidad de los humanos con respecto a la Tierra y a sus semejantes.


[Hola, estimados. Este pequeño paréntesis es para recordarles que esta reseña se las trae Juan, no yo, y que va a estar reseñando cositas cada dos meses ♥.]


TESLA Mundos alternos I es un compilado de cuentos de ciencia ficción creado por el grupo Escritores Alternos, compuesto por Ana G. Broggio, Natalia Arcieri y Ximena R. Molinari. El contenido es muy variado en su estilo narrativo, hay cuentos cortos autoconclusivos, novelas cortas de un par de capítulos e historias inconclusas, que adivinando por el título del libro, podrían ser continuadas en futuras entregas.

He tenido el placer de asistir a varios seminarios de ciencia ficción coordinados por las autoras, y no me queda duda de que su conocimiento del género y sus raíces es amplísimo. En este libro se tocan varios subgéneros, como el steampunk (futurismo victoriano, máquinas con muchos engranajes que funcionan a vapor), cyberpunk (inteligencias artificiales, tecnología dominando a las personas, piensen en Blade Runner o Matrix) y biopunk (modificaciones corporales, implantes cibernéticos, las personas siendo menos personas y más máquinas).

El libro se divide en dos mundos o épocas, aparentemente vinculadas:

  • La Esfera Completa, basado en un siglo XIX mucho más avanzado que el nuestro, con trenes a base de energía atómica y un planeta dividido en dos: el hemisferio cercano, que se rige por las leyes naturales que todos conocemos, y el hemisferio de las brumas, a donde van a parar seres de todo tipo, atravesando espejos y haciendo pactos sobrenaturales. Esta mitad del libro hace un fino equilibrio entre la ciencia y la magia, llevando la trama adelante de la mano de múltiples invenciones ficticias de Nikola Tesla: una caja que cumple los deseos más profundos, un guante que magnifica las sensaciones del cuerpo o un paraguas que no es un paraguas y puede traer tus peores pesadillas a la realidad.
  • Akihabara, 2043, basada en la ciudad real de Akihabara, Japón, se convierte en la meca tecnológica mundial, gobernada desde las sombras por la Corporación Tesla. Rompiendo con lo esperado, una buena parte de los cuentos de este mundo es llevado adelante por las investigaciones de Sherlock Holmes en esta ciudad corrompida, acompañado como siempre de Watson, mientras salen a la busca de Jack el Destripador. Otros cuentos se enfrentan a cuestionamientos más clásicos del género, como el límite entre la libertad y el control y la humanización de la inteligencia artificial.

Los cuentos son extremadamente diversos; sobre todo en la primera mitad tienden a ser dramas humanos con la tecnología como mero disparador, destacando «El motor del alma» e «Historia gitana» y sus capítulos siguientes (que espero continúen en la próxima entrega). En la segunda mitad lo inhumano toma protagonismo. «El séptimo proyecto» y muy especialmente «Ojos inteligentes» se apropian de mensajes ya transmitidos en otras obras, pero le dan un lavado de cara que impacta de forma diferente.  Varios tocan temas de diversidad sexual, de erotismo y de decadencia además de los habituales en el género.

El hecho de tener tres autoras y dos mundos hace al libro muy variado, pero también muy caótico. Hay historias que cuesta entender a la primera lectura, sobre todo las que tienen referencias cruzadas. Que sea a su vez una compilación con secuelas deja muchos aspectos de los mundos sin analizar, muchas veces la explicación se limita a «lo inventó Tesla, así que funciona». Cuánto estén dispuestos a cuestionar el contexto queda a criterio del lector.

TESLA: Mundos alternos I es un libro muy bueno para picotear. Alguien más nuevo en el género puede ir leyendo y decidir que subgénero de la ciencia ficción le atrae más antes de comprometerse con novelas y sagas pesadas. Los lectores experimentados podrán encontrar varios guiños y un estilo distinto pero inspirado en los clásicos. Ojo, también puede pasar que apaguen la cabeza hasta llegar al siguiente cuento. Recomendado con pinzas.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Cuadernos de ficción: Des/amor y Aventurero - Reseña

Octava entrega de la serie “Cuadernos de Ficción”, literatura contemporánea temática. 11 escritores y 11 ilustradores combinan sus artes alrededor de un tema en común: en este caso “desamor”.

Escriben en este número: Eduardo Aguirre, Miguel Avero, Camilo Baráibar, Gonzalo Baz, Leonor Couroisie, Carolina Cynovich, Diego de Ávila, Carol Milkewitz, Miguel Ángel Molfino, Diego Recoba, Valentina Viettro.

Ilustran: Marcos Vergara, Max Aguirre, Joel Correa, Ángel Mosquito, Laura Carrasco, Leonardo Sandler, Bruno Chiroleu, Guillermo Hanzs, Pablo Fernández, Andrés Alberto, Nicolás Peruzzo.






[Hola, estimados. Este pequeño paréntesis es para contarles que esta reseña se las traemos en conjunto con Juan, que va a estar reseñando cositas cada dos meses ♥. Esta primera parte es suya, mientras que el segundo libro lo voy a estar reseñando yo.]


Debo admitir que no soy un gran fanático de las novelas románticas. Aquellas que han pasado por mis manos me dejaron con la sensación de estar despegadas de la realidad, ser convenientes o forzadas o slow burns que eternamente dan vueltas y nunca llegan al punto. Des/amor no es nada de eso.

Lo primero que inspira el título es la idea de las relaciones de amor de pareja, que existen en algunos cuentos de esta antología, pero no se queda atrapada en el concepto: des/amor por la familia, des/amor a la distancia, des/amor a través de la historia, des/amor por una pérdida de algo que nunca llegó, des/amor por uno mismo.

Las once historias contenidas son tan variadas como su temática; con más o menos acierto, todas tienen una impronta clara y no se las puede identificar como «parecido a». Algunas son cortas e impactantes, como «Lóbulo», de Eduardo Aguirre. Otras son pausadas y reflexivas, como «Ismael» de Diego de Ávila.

Hay dos relatos que quiero destacar: «Caracoles»de Diego Recoba, la historia de como un hombre al borde de la muerte recuerda sus amores logra fusionar la tensión con la nostalgia y con el absurdo, y «Geografía de las almas», de Carolina Cynovich, que además de ser escritora amiga del blog, escribió una historia de hermandad y cómo, a través de la historia y de la conveniencia del intérprete, se diluyen los relatos y pueden terminar significando cualquier cosa.

Uno de los relatos que se sintió más actual fue «La puntada del corredor», de Miguel Avero. Narra las desventuras del protagonista venezolano que viene a Uruguay a tratar de buscar una vida mejor, pero ve cómo lentamente la distancia va disolviendo sus vínculos. Tampoco puedo dejar de mencionar la incomodidad y la crudeza de «No hay latidos», de Leonor Courtoisie, que habla sobre el impacto emocional de una mujer que sufre un aborto espontáneo. No puedo olvidarme de mencionar las ilustraciones que acompañan a cada cuento, especialmente las de Bruno Chiroleu y Pablo Fernández.

En conclusión, el hilo que une a los cuentos es muy amplio y se presta para los escritos de todo tipo. Me encantó y capaz, capaz, me convenció de que abra alguna novela romántica en unos meses.




Tercera entrega de un trabajo editorial que pretende ofrecer, disfrazado de libro, una clase de revista literaria inexistente en la actualidad. En ella se brinda espacio a numerosos escritores e ilustradores, mayormente jóvenes, para exponer trabajos inéditos de calidad, generando antecedentes para futuras obras, colaborando con una consigna común, literatura de género, relatos breves, apuestas emergentes: temáticas abandonadas por el mercado.

Participan en este volumen los ilustradores y escritores: Guillermo Hansz- Max Aguirre, Fernando Souzamotta- Martín Bentancor, Jorge Vildoza- Alejandro Farias, Lara Lee- Pablo Leguísamo, McNolo Moreno- Carmen Moreno, Matías Soto López- Leonardo Oyola, Sebastían Santana- Sebastián Pedrozo, Maco- Mercedes Rosende, Richard Ortiz- Ramiro Sanchiz, Marcos Vergara- Rodolfo Santullo, Daniel Puch- Ana Solari.



Cuando Estuario nos propuso esta colaboración para hablar un poquito más de sus Cuadernos de ficción —pueden encontrar las opiniones de otros miembros del club con el hashtag #ElClubTeRecomienda—, me alegré mucho. Ya había leído Balnearios y tenía bastantes ganas de probar con uno distinto. Si bien compré Des/amor porque en él hay un relato de varias personas a las que les tengo mucho cariño, no llegué a leerlo —y no creo que lo reseñe en el blog, dado que es el que eligió Juan, pero me pueden preguntar qué me pareció si les da curiosidad—, pero decidí que era una gran oportunidad para elegir algo distinto, algo que normalmente no tenemos en el panorama nacional: las historias de aventuras.

Creo que no fue lo más acertado. Tal vez sea porque no compartimos el mismo concepto de lo que implica una aventura, pero me da la sensación de que no soy el público objetivo de este libro y que por eso no logré conectar con casi ningún relato, algo que no me sucedió en Balnearios y que espero que no suceda en Des/amor. Por lo tanto, quiero que tomen esta reseña desde ese punto de vista: no quiero decir bajo ningún concepto que sea un mal libro, sino que no era para mí.

Ocurrieron varias cosas con este libro. La primera fue que hubo algunos relatos en los que no logré comprender dónde se hallaba la aventura en cuestión. Para mí, una aventura tiene que resultar por lo menos emocionante, tener cierta dinámica y acción. En algunos de estos relatos, como «La muerte de Solís» o «Iluminaciones», pero sobre todo en el primero, hay algo muy estático que me enlenteció la lectura y que no logró engancharme.

Otro problema que tuve fue con los cuentos-homenaje. Me refiero a los que explícitamente quieren homenajear al género de aventuras más clásico, como el de Salgari, que serían «La verdadera historia del capitán Joseph Flint» y «Leones y diamantes». Si bien estaban narrados de forma correcta, contaban una aventura y tenían acción, el uso de un estilo ajeno al propio y bastante florido le quitó cierta fluidez al texto. A lo mejor, a quienes leyeron esta literatura de más jóvenes les resulta nostálgico y les produce otro efecto. No es mi caso, pero no voy a quitarles mérito por eso.

La tercera situación que quiero mencionar es que algunos relatos tenían ideas muy interesantes, pero la ejecución me resultó confusa o caótica. Creo que tanto «Uno de aventura» como «Asalto al vagón del oro» o «Nomenclator» plantean conceptos que habría estado bueno explorar, pero la brevedad de los textos los volvió más bien abrumadores. Esto me parece un poco inevitable, dadas las circunstancias.

Mi favorito absoluto fue «Samarcanda blues», de Mercedes Rosende. Me encantan las historias contadas en dos tiempos y la forma en que ambas tramas se entrelazan es perfecta. Lo disfruté muchísimo y me recordó lo mucho que tengo pendiente leer a esta autora. Además, la ilustración que lo acompaña es de Maco, a quien admiro montones. «1138» también me pareció muy entretenido. «Casi sábado a la noche» y «Pinar Town!» tuvieron momentos copados, a pesar de no ser lo que suele gustarme.

El mayor problema, en general, fue que en la gran mayoría encontré bastante misoginia. A veces, micromachismos; a veces, cosas más explícitas. Yo sé que las opiniones de los personajes no tienen por qué representar las de los autores ni mucho menos las de los editores, pero en casi todos los casos me pareció innecesario y hasta en detrimento de los textos. Tengo en cuenta que el libro es de 2014, de todas maneras, que fue hace más tiempo del que parece.

En definitiva, creo que no le acerté a la hora de elegir el género. Esto no quiere decir que ustedes no vayan a encontrar acá un libro que los termine maravillando, así que tomen todas mis palabras con pinzas. Hay más de un autor de acá —como Sebastián Pedrozo o Rodolfo Santullo— del que he leído otras obras que me gustaron muchísimo, así que tampoco dejen de leerlos a ellos. Ya me contarán qué les pareció a ustedes ♥.




Así que nada, tienen dos reseñas con bastantes contrastes, de dos libros distintos. Esperamos que en ambos o en alguno de ellos encuentren historias que los tengan en vilo y con ganas de más. Ya sea lo que suelen leer o quieran salir de su zona de confort, nos haría muy felices que le dieran una oportunidad a todos estos escritores uruguayos. Muchísimas gracias a la editorial por los ejemplares ♥.

miércoles, 8 de abril de 2020

Encuéntrame en Moonlight - Reseña

Jenn Bennett, una de las voces más brillantes dentro de la romántica juvenil, nos trae una novela que cuenta la historia de Birdie y Daniel, dos jóvenes que, luego de un incómodo primer encuentro, se ven obligados a trabajar juntos en un hotel de Seattle, donde un escritor famoso lleva una vida misteriosa y reservada.

Birdie Lindberg, aficionada a los libros de misterio, tiene una imaginación desbordante. Sus abuelos la criaron en soledad y la educaron en su casa, por lo que ha cultivado una inusual vida de fantasía en la que ella adopta el papel de una detective heroica y cada extraño se convierte en un sospechoso. Pero su mundo solitario se expande cuando consigue un trabajo de verano antes de ir a la universidad, el turno noche en un histórico hotel de Seattle.
En su nuevo trabajo, Birdie espera pasar de ser una soñadora introvertida a una pionera valiente, y el gregario Daniel Aoki se ofrece como voluntario para convertirse en su guía. El carismático chofer de la furgoneta del hotel comparte el mismo turno con Birdie y frecuenta la misma cafetería costera: Moonlight, donde Birdie espera el primer ferri de la mañana luego del trabajo. Daniel también comparte su gusto por la intriga, y él se ha topado con un misterio en la vida real: un famoso escritor huraño —que nunca aparece en público— quizás esté encontrándose en secreto con alguien en el hotel.
Para descubrir la identidad enigmática del escritor, Birdie debe salir de su cascarón. y descubrir que el misterio más complejo de todos quizás sean los sentimientos que Daniel, un acertijo en sí mismo, esté despertando en su vida.


Admito que este libro me compró porque de más chica amaba con mi alma las novelas de misterio. Además, necesitaba leer algo livianito después de lecturas muy intensas, así que llegó en el momento correcto, en medio de la cuarentena. Es de esos libros ideales para encarar con mantita, un buen té y ruidito de lluvia afuera. 

Como pueden ver en la sinopsis, se trata de una novela romántica, juvenil, con toques de misterio. Nuestra protagonista, Birdie, es aficionada a este tipo de literatura y, como fue criada de una forma muy restrictiva y aislada, también es bastante inocente, a pesar de haber vivido cosas bastante tristes para su edad. Es por esto que, al morir su abuela y tener más libertad que antes, tiene un encuentro íntimo con un desconocido, pero no se siente bien y se va sin decir nada. Muy típico de estas novelas: se lo encuentra en su nuevo trabajo. Este chico, Daniel, le comenta a Birdie que en el hotel en el que trabajan hay un misterio: uno de los clientes podría ser Raymond Darke, un famoso escritor cuya verdadera identidad es desconocida.

En realidad, el misterio del escritor es bastante light, una excusa —en el buen sentido— para contarnos más sobre la relación entre Birdie y Daniel y sus propios miedos individuales. En ese sentido, es una historia muy linda, cálida, con momentos frikis y momentos tristes. A veces es algo ridícula, pero de una manera intencional. Me reí en más de una ocasión y resultó ser una lectura muy amena.

Birdie es una protagonista particular. Es, como les dije, muy inocente para algunas cosas, pero convive con la tristeza de haber perdido a su madre a temprana edad. Tiene una relación amable con su abuelo, con el que comparte el amor por los misterios, y adora a su extravagante tía Mona. También tiene una relación muy particular con el café Moonlight, ya que su madre, su tía Mona y ella vivían encima antes de que la primera muriera de repente. Con su abuelo también comparte algo más: los problemas de sueño. Su abuelo tiene narcolepsia, y este es uno de los temas que trata la novela, algo que no había visto en otros libros con anterioridad, al menos no de esta manera. Me pareció una linda protagonista, un poquito por fuera de lo común, fácil de querer, aunque a veces se pasaba un poco de infantil, pero tenía sentido con su crianza y por lo tanto no me pareció fuera de lugar.

Daniel Aoki, el chico en cuestión, es bastante cinnamon roll y tiene intenciones de volver a intentarlo con Birdie. De ascendencia japonesa y un pasado un poco complicado —aunque sin ser edgy y violento como los protagonistas masculinos de 2008—, se ganó mi corazón al poner música de David Bowie en el auto, en uno de sus viajes con Birdie. Me pareció que tenían química entre ellos y me quedé satisfecha con el desarrollo de su relación, con sus dudas y ganas respecto a volver a intentarlo, aunque los obstáculos a veces se los ponían ellos mismos. 

Respecto a los secundarios, ya hablé un poco, pero recalco de nuevo al abuelo, un tipo muy especial, y a la tía Mona, que uf, es una institución en sí misma. Sus participaciones en la historia son las más ridículas y, a la vez, de las más cálidas. La familia japonesa de Daniel también es muy interesante, sobre todo su madre, que solía ser asistente de un mago. Como verán, es una novela que tiene de todo y que se divierte con los detalles absurdos.

La narración, en primera persona desde la perspectiva de Birdie, es súper ágil y fácil de seguir. Leí la novela en un día, dos como mucho, muy contenta y sin que se me hiciera pesada. Transmite lo que se nota que quiera transmitir, sin ser demasiado obvia. Hay un montón de referencias a detectives de ficción, como Nancy Drew, y a series y libros de misterio, cosa que me parece preciosa. No se vuelve algo aburrido, lo que es un peligro con las referencias abundantes, e incluso se juega bien con el asunto: Birdie y Daniel tienen una cita en una recreación del Clue para parejas. Muy lindo momento.

También tiene un papel importante la ambientación. Estamos en Seattle, en diferentes partes de la ciudad, y la novela nunca deja que nos olvidemos de eso. Hay descripciones muy bellas, lugares que se sienten reales y una cosa muy sensorial que no es fácil de provocar en los lectores. Creo que está muy bien logrado todo.

El final me dejó satisfecha, aunque creo que eso no va a ser igual para todos los lectores, sobre todo los que vayan a leerlo más por el misterio que por el romance. Como les dije, esa cuestión es muy light, así que ténganlo en cuenta al leer. Lo importante: los personajes crecen, maduran y se enfrentan a sus miedos. ¿Los superan? Eso lo tienen que descubrir ustedes.

Así que eso: es una novela ágil, linda, fácil de leer y muy para días de lluvia, con algo calentito. Si les gustan los romances con pinceladas de misterio y elementos absurdos, es para ustedes. ¡Buena lectura!

miércoles, 18 de marzo de 2020

En las montañas de la locura - Reseña

«Todos los incidentes de aquel vuelo de cuarto horas y media están grabados a fuego en mis recuerdos, por su crucial posición en mi vida. Marcaron la pérdida, a mis cincuenta y cuatro años, de toda la paz y el equilibrio que la mente normal posee gracias a su acostumbrada concepción de la naturaleza externa y de sus leyes. De allí en adelante, los diez enfrentamos, aunque el estudiante Danforth y yo en mayor medida, un mundo espantosamente amplificado de vagos horrores que nada puede borrar de nuestras emociones, y que nos abstendríamos de compartir con la humanidad si pudiéramos.»

Una expedición de la Universidad de Miskatonic descubre en lo más remoto de la Antártida los vestigios de una extraña civilización, y con ellos un abominable secreto: sus verdugos, millones de años más tarde, aún perviven en las profundidades del hielo.



[Hola, estimados. Este pequeño paréntesis es para recordarles que esta reseña se las trae Juan, no yo, y que va a estar reseñando cositas cada dos meses ♥.]


En 1931, un grupo de científicos llega a la Antártida en busca de muestras de roca y suelo. En sus excavaciones, descubren por accidente una enorme caverna con restos fósiles que parecen desafiar la historia de la evolución como la conocen. Entre ellos, hay un cadáver que no se ha descompuesto en lo absoluto y no se parece a ninguna forma de vida conocida, sino a las leyendas de los Antiguos contenidas en el Necronomicón.

Amo estudiar mitologías y, como una de las más cercanas en el tiempo, la creada por Lovecraft siempre me generó mucha curiosidad. Hasta ahora, la había seguido en forma indirecta, a través de referencias en otras obras, o perdiéndome en wikis de juegos de rol. Este universo es tan vasto e incomprensible para los personajes humanos que, de solo ver un fragmento de este, pierden la cordura. No busca traer la salvación a la humanidad; después de todo, solo somos un pequeño accidente de seres intergalácticos que apenas registran nuestra existencia. Es por todo esto que me llevé una gran decepción cuando al fin pude leer este libro. La intención del autor es clara: desarrollar la narrativa de su universo a nivel histórico. Los personajes son meros vehículos para llevar la trama adelante, y no importa qué tan imposibles, incomprensibles y repugnantes sean los restos de la sociedad de los Antiguos, ellos pueden entender millones de años de historia tan solo yendo a pasear un día por las ruinas de la ciudad perdida en la Antártida.

El protagonista, Dyer, es el narrador de este viaje. Es quien «publica» este libro, para intentar disuadir futuras expediciones al área. Va acompañado de Danforth, un estudiante de posgrado que es «lector material bizarro y había hablado bastante de Poe». Ambos quedan traumatizados por la experiencia. Esa es la totalidad del desarrollo y se da en el primer capítulo. Sobre los verdaderos protagonistas, que son los Antiguos, no puedo hablar mucho para evitar spoilers, pero son lo más interesante que tiene el libro.

En cuanto a la ambientación, se ubica sobre todo en una cordillera ficticia en la Antártida, más alta que el Himalaya. Recordemos que, en el momento en que fue escrito (1931), el continente se hallaba inexplorado en su mayoría. La expedición se divide en dos: una que hace el descubrimiento inicial de la caverna y otra que acude a investigar cuando nadie responde al otro día.

La novela está narrada por un científico geólogo, y todo se analiza desde ese punto de vista. Asume que el lector está familiarizado con las eras geológicas, con los tipos de rocas y de suelos, con la evolución de las especies y con toda la terminología correspondiente. Quien conozca algo del autor, aunque sea los memes, sabrá de su predilección por los adjetivos. Todo es horrible, imponente, monstruoso, grotesco, perturbador, apabullante, inexplicable y otras cien cosas más.

Entre esto y la falta de acción, la lectura se hace a paso de caracol. Incluso los puntos altos de la historia se ven afectados por la constante sobreadjetivación. Las descripciones son detalladas por páginas enteras, un mérito compartido entre esto y la imaginación de Lovecraft.

Cabe destacar la edición ilustrada de Libros del Zorro Rojo. No debe de ser fácil retratar horrores cósmicos indecibles e inefables, pero las imágenes plasman en forma notable tanto los paisajes pesadillescos como los seres que no deberían existir, y el libro tiene más de veinte. Ayudan a traer a tierra las descripciones de todo lo que está por encima del entendimiento humano.

En conclusión, es un libro hecho para ponerle una línea temporal a todo el universo ya creado. Es duro de roer, lleno de terminología y adjetivos y lo que se esconde detrás es un relato que en su mayor parte es solo una excusa para llegar a contar la historia de los Antiguos. Solo lo puedo recomendar a aquellos fanáticos de la mitología lovecraftiana que ya estén curtidos por unas cuantas novelas del autor.