MOXIE es un libro necesario que permite tanto a chicos como adultos poner atención en pequeños detalles de la vida cotidiana que son sexistas y que sin dudas, contribuyen al sufrimiento de muchas persona. Hasta no hace mucho, un hombre podía mandar a lavar los platos a una mujer sin pestañar. Hoy más de uno lo piensa un poco. Vivimos en tiempos de cambios. Muchos adultos piensan que todo este cambio es una exageración. La realidad indica que, aunque cada vez hay más movimientos de luchas por los derechos femeninos, las mujeres seguimos al frente de nuestros hogares, aun cuando trabajamos todo el día.
Me hace especial ilusión reseñar este libro, que pude leer gracias a la librería América Latina y que era una lectura que tenía anticipadísima. Además, la edición limitada es realmente hermosa y vale la pena —como todas las de la editorial, sí, pero esta más. Muy fan de la sobrecubierta transparente.
Lo primero y primordial es resaltar que este es un libro feminista y que no tiene miedo de serlo. Muchas veces pasa que la palabra feminismo termina siendo una «mala palabra» o algo que se evita para no generar polémica, pero acá no. De hecho, es una de las conversaciones que se sostienen, junto con la de por qué es feminismo y no otras palabras. Creo que es importante que empecemos esta reseña siendo claros al respecto.
En la secundaria a la que va Vivian todo está mal. El director es el padre de uno de los jugadores estrella del equipo de fútbol, así que casi todo el presupuesto va para eso. Además, los pibes pueden ser todo lo asquerosamente machistas y acosadores que quieran y no pasa nada. Al revés, incluso controlan cómo se visten ellas para que no los distraigan. Entre tanta injusticia en un pueblo tan chico, nadie se anima a hacer nada. No queda otra que bancársela y esperar a terminar el año. Es como son las cosas.
Hasta que Vivian no puede más.
Cuando las cosas llegan a determinado límite, Vivian comienza con un fanzine, inspirado en la adolescencia rebelde y feminista de su madre, en el que invita a sus compañeras a manifestar su desacuerdo con lo que está pasando. Al principio, la recepción es tímida. Pero es leña para un fuego que arde cada vez más fuerte en las chicas que asisten a su escuela. Cuando las cosas se ponen cada vez más injusta, ellas van a ir alzando la voz. Y eso me parece maravilloso.
Ese es uno de los aspectos que más me gustaría resaltar de la novela. La unión de las estudiantes, que de a poco van dejando de ser entidades separadas para formar un grupo y una sola voz, que pide respeto y exige derechos. Cómo se muestran inseguras al inicio, cómo se van conociendo entre ellas cada vez más y dejan de ser meras compañeras de clase para formar lazos mucho más profundos. Cómo, hacia el final, algunas personas que parecían estar por fuera no lo estaban tanto y son recibidas no con incredulidad sino con los brazos abiertos.
No pude evitar que esto me recordara a experiencias personales. Por ejemplo, las sensaciones que provocó la fiesta que hacen para recaudar para el equipo de fútbol de chicas me recordaron al primer asado del EFD, el colectivo feminista que integro. También, lo que motiva la creación del fanzine me hizo pensar en Harta, la revista para adolescentes que salió de ese mismo colectivo y que seguimos haciendo con muchísimo amor y convencimiento. Sentirme tan cerca, que a pesar de la barrera espacial, temporal y, bueno, de realidad-ficción, tengamos las mismas ganas de movernos, unirnos y hacer algo, me llenó de emoción. Me estoy alejando un poco de la novela en sí, pero son puntos que no quería dejar de tocar porque esta novela hace un gran trabajo a la hora de transmitir esa sensación de reconocimiento.
Respecto al libro en sí, lo empecé con ciertas dudas porque el inicio es bastante lento y no pasa gran cosa. Además, aunque es de lectura fácil y directa, la prosa me parecía bastante chata. Después toma ritmo, tanto la prosa como la trama, pero sigue sin ser nada del otro mundo. Tampoco creo que pretenda serlo: lo que logra en cuanto a lo que les conté más arriba me parece muchísimo más importante. Y, en verdad, llega. Que es lo que tiene que hacer.
Uno de los motivos por los que la trama no avanza mucho es que se toma el tiempo necesario para construir a los personajes y las relaciones entre ellos. No son personajes perfectos, sino que se equivocan, evolucionan, crecen. Sus vínculos distan de ser perfectos también, y hay roces y malentendidos muy reales. A Vivian le cuesta aceptar la nueva relación de su mamá, a la vez le cuesta entender que algunas de sus amigas quieran rebelarse ante lo que sucede en la escuela y otras no porque tienen miedo. Algunas amistades tienen altibajos, por ejemplo. Incluso también se nos muestra lo que sucede en una relación cuando la parte masculina tiene toda la buena intención de entender y apoyar, pero a veces no puede o lo hace desde lugares que no. Son puntos muy interesantes y fundamentales, porque todas los hemos vivido o vivimos situaciones similares. Que se traten en la ficción ayuda muchísimo a entender mejor estas cosas cuando nos toca vivirlas.
Al final, al terminar el libro en ese remolino de emociones al que se llega, todos esos defectos que encontré antes me dejaron de importar. Lo verdaderamente relevante en esta novela es otra cosa, y está. Entonces por más que sea una historia sencilla con una prosa sencilla, lo que se nos cuenta, lo que se crea, es enorme. Vale muchísimo la pena. Además, es una edición hermosa, que reproduce los fanzines que hace Vivian.
Cierro esta reseña con una canción de Bikini Kill, la música que inspira a Vivian a la hora de ser una chica Moxie y dar pelea:
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Mientras terminaba de escribir esta reseña, me enteré —pues salió en varios medios y en las redes— de la denuncia por violación que hizo Thelma Fardin a Juan Darthes. Que a partir de esto surgió #MiraComoNosPonemos y que en el hashtag, además de darle apoyo a la actriz argentina, se contaron muchísimos testimonios que duele leer. No quiero terminar esta reseña sin hablar de esto y sin decir lo importante que es apoyarnos entre nosotras, escucharnos entre nosotras y no dudar de las víctimas. Esto está en el libro, pero me gustaría que lo lleváramos la vida real. Porque está todo muy bien con entenderlo en la ficción, pero estas cosas pasan todo el tiempo. Y está en nosotros hacer algo.





























