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jueves, 25 de septiembre de 2025

Décimo aniversario de «Las lunas de marzo»


Hoy se cumplen diez años de la primera publicación de Las lunas de marzo.
Además, coincide con el lanzamiento de Los astros sin voz, tercera y última parte de la serie.

Como siempre les cuento, la historia nació a fines de 2009, cuando tenía dieciséis años. La empecé por diversión, un día que tenía que hacer tiempo antes de irme a la casa de mi papá. Me pareció interesante escribir una historia siendo brújula total, sin saber nada: así me fue: me tranqué, la dejé, la retomé, y así por años, hasta 2014. No fue fácil; la experiencia me dejó abrumada y desconectada de la novela, tardé años en reconciliarme. Incluso, por años, me costaba entender lo que otros veían en la historia. Estaba totalmente negada.

En 2015, tras experiencias compartidas en foros de escritura y mucho tiempo leyéndonos entre nosotras, tuve el honor tremendísimo de que Scarlett de Pablo me propusiera que Lunas fuera el primer libro de Escarlata Ediciones, un proyecto precioso me enseñó muchísimo sobre el mundo editorial. Por ejemplo, mis primeras correcciones literarias fueron novelas de Escarlata, también fui lectora editorial. Gracias a Scarlett, a los veintidós años pude tener en mis manos mi primera novela publicada —¡que tuvo dos tiradas!—, mis primeras presentaciones, eventos, entrevistas y apariciones en medios. Mis primeras ferias del libro como autora. Mis primeros lectores.




Cuando Escarlata cerró, mis historias se quedaron huérfanas. Pasó un buen tiempo, en el que —contrario a lo que siempre dije— terminé escribiendo dos secuelas (Las noches perdidas, Los astros sin voz) y varios relatos. Eso me ayudó a reconectar con la historia, con su protagonista y todo ese universo al que me negaba a volver. A recuperar el amor por la escritura, de hecho. Al final, terminaron siendo de mis novelas más queridas, y eso que escribí mucho, muchísimo después. Tal vez es el período más prolífico de mi vida.

Recién en 2022, Ediciones Urano me dio la oportunidad de brindarle una segunda chance a Lunas, estrenando el sello Puck en Uruguay, y mi vida volvió a cambiar para siempre. Con la incorporación de cuatro cuentos inéditos y algunas correcciones, Lunas salió de vuelta al mundo, literalmente. Se publicó en Uruguay, en Argentina, en México, ¿quién sabe si no llegará a otros lugares? A mí, por lo pronto, me llevó a recorrer el país, a presentarme por primera vez como autora en la Feria del Libro de Buenos Aires. Lunas, desde hace diez años, no para de cumplirme sueños.

Las lunas de marzo no fue la primera novela que escribí, pero sí fue la primera en todo lo que importa. Este año también celebramos una segunda edición en Puck y el lanzamiento de Los astros sin voz, la tercera y última parte de la historia, la culminación de dieciséis años de trabajo. La mitad de mi vida. Gran parte de ese trabajo es mío, pero no todo, y por eso agradezco profundamente a todos los que me ayudaron a que Lunas se convirtiera en realidad, en un sueño tangible.


Y ahora, lectores, es de ustedes. De principio a fin.





Aunque ahora cerremos un ciclo, nuestra historia continúa. Los invito a seguir acompañándome en esta aventura que es la publicación, a través de mis redes sociales como Instagram (especialmente mi canal de difusión) o Goodreads, donde pueden encontrar cualquiera de mis libros. ¡También recuerden que este fin de semana es la presentación de Los astros sin voz!

Nos encontramos en el próximo capítulo, ¡hasta pronto!




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sábado, 30 de diciembre de 2023

Dónde encontrar mis libros

Pasaron exactamente tres años desde el último post de este blog y, si bien no tenía pensado volver ni es mi intención hacerlo de ahora en más, me pareció correcto aparecer para contarles dónde pueden encontrarme ahora, a mí y a mis libros.

Esa es otra cuestión: desde que dejé de usar este blog para reseñar, pasaron muchísimas cosas. Entre ellas, la publicación de cuatro novelas (Las lunas de marzo, Adagio, El año de los girasoles, Felicia y los bosques olvidados), algún que otro premio, dos trabajos distintos, un diploma en edición, ferias del libro y montones de actividades literarias.

Por eso, quería dejar en esta entrada un par de datos relevantes, para que puedan estar al tanto de todo lo nuevo, si acaso alguien de por acá no está al tanto y tiene ganas de ponerse al día. También voy a dejar de nuevo mi cuenta de Instagram, que es donde estoy más activa, y la cuenta de la Mega Maratón de Escritura, que sigue siendo uno de los proyectos más importantes para mí y que no para de crecer. ¡Los espero por allá!


Ahora, pasemos a mis libros. Es probable que, si no saben nada de mí desde 2020, recuerden más que nada Las lunas de marzo y Proyecto Pandora, ambas publicadas con Escarlata Ediciones, que eran mis últimas obras publicadas. Lamentablemente, Escarlata Ediciones cerró con la pandemia, por lo que ciertas cosas cambiaron mucho.

Hablemos de eso.


  • Las lunas de marzo: en noviembre de 2022, fue reeditada por Ediciones Urano bajo el sello Puck en una preciosísima edición revisada, con cuatro relatos extra que la unen con su secuela (ya que ahora van a ser tres libros, que ya tengo escritos hace tiempo). Me alegra mucho poder contarles también que esta novela está disponible no solo en Uruguay, sino también en Argentina. Tuvo su presentación en la 44.ª Feria Internacional del Libro de Montevideo y fue parte del envío uruguayo a la 48.ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y a la 37.ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
  • Adagio: esta novela corta ganó el primer premio del Concurso literario Juan Carlos Onetti en la categoría Narrativa Infantil y Juvenil en 2021, y luego fue parte del catálogo del envío uruguayo a la 59ª Feria del Libro Infantil y Juvenil de Bolonia. Fue publicada al año siguiente por Sujetos Editores, quienes actualmente la están grabando en formato audiolibro gracias al Programa IDA. También fue parte del envío uruguayo a la 37.ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
  • El año de los girasoles: fue publicada por Sujetos Editores en junio de 2023. Es una novela autoconclusiva, juvenil y contemporánea a la que le tengo mucho cariño. De hecho, no soy solo yo: sus lectores son los que me han dejado las reseñas más sentidas y siempre me hacen saber lo que sintieron con este libro. La portada la hizo una querida amiga, Valentina Marini. Fue presentada en la 21.ª Feria del Libro Infantil y Juvenil de Montevideo.
  • Felicia y los bosques olvidados: es una novela middle-grade que ganó el segundo puesto en la categoría Literatura Infantil y Juvenil de los Premios Nacionales de Literatura en 2022 y que fue publicada en agosto del año siguiente por Ediciones Urano, bajo el sello Puck. Además, tiene ilustraciones hermosísimas del talentoso Iván Zigarán. También fue parte del envío uruguayo a la 37.ª Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

En general, deberían poder encontrar todos ellos en cualquier librería del país (y, en Argentina, Las lunas de marzo). Es posible que los dos de Sujetos a veces no aparezcan disponibles, pero basta con preguntarle al librero o comentarle que son distribuidos por Gussi. Si no, pueden ponerse en contacto directo con la editorial. También tengan en cuenta que son las editoriales a las que deben contactar por colaboraciones, ya que yo no dispongo de ejemplares. Por ahora, no tengo noticias que contar respecto al futuro de Proyecto Pandora o su secuela.

Me encantaría comprometerme a actualizar esta entrada o a traer otra cuando haya novedades respecto a estos libros o futuras publicaciones, pero no puedo asergurarlo. Por lo pronto, los insto una vez más a utilizar mi cuenta de Instagram para eso.

Espero que hayan tenido un muy, muy feliz 2023 y que 2024 les traiga montones de cosas lindas. Nos vemos pronto, aunque no sea por acá. Si están leyendo esto, gracias ♥.


miércoles, 30 de diciembre de 2020

Despedida 🍒

No, no es una broma. Tampoco es una decisión impulsiva: hace varios meses que tomé la decisión y mantuve el blog más o menos como siempre —habrán notado mi baja actividad a la hora de responder comentarios o pasar por otros blogs— para poder terminar el año. Sí, es un poco triste. Sí, les voy a contar por qué.

Primero que nada, esto no quiere decir que voy a dejar de reseñar libros. Lo que sucede es que ya no me entusiasma hacer este tipo de reseñas en este medio, por varios motivos que les voy a contar más adelante. Si quieren seguir leyéndome, pueden encontrarme en ✨mi cuenta de Instagram✨, que es la de siempre. Pienso darle un poquito más de atención y cuidados, así que tengo mucho que aprender.

Ahora, ¿qué es lo que pasó? Nada en particular, sino la suma de muchas cosas. La principal es que ya no disfruto de hacer esto de la misma manera. Siempre manejé este blog de forma metódica y organizada, pero desde hace un cierto tiempo eso, más que ayudarme a estar tranquila, me tiene agotada y estresada. Además, vi afectada mi capacidad de escribir reseñas detallistas y sentidas, algo que antes me entretenía un montón.

De más está decir que el año que termina es ni más ni menos que 2020, que se llevó puestas un montón de cosas que parecían muy estables. En lo personal, salvo algunos casos bastante complejos y sin hablar de la situación global, no tuve un mal año, todo lo contrario: me recibí, encontré un trabajo precioso, escribí mucho, empecé a cuidar más mi salud física y mental. Todas estas cosas redujeron, en parte, el tiempo que puedo dedicarle a leer y a mantener el blog. Y sentirlo siempre ahí como una obligación, una carga, fue la señal de que algo tenía que cambiar.



Por supuesto, hay otros motivos que me impulsaron a tomar esta decisión, más allá del no disfrute y tener poco tiempo. Una de ellas fue lo lejana que me siento del resto de la comunidad, aunque haya encontrado vínculos preciosos y hasta amistades. Estoy un poco cansada de sentir que hablo sola o para las mismas tres personas, cuando podría estar utilizando una plataforma que de verdad me permita compartir mis opiniones y recibir las de los demás. Estoy bastante cansada de los comentarios vacíos, de saber que hay gente que comenta para recibir un comentario a cambio, que a veces ni siquiera leen las entradas que tanto esfuerzo lleva escribir. De hecho, estoy segura de que algunas personas van a comentar sin leer esto. Estoy cansada también de lo que conlleva mantener el blog en funcionamiento, de la búsqueda de imágenes —que tuve que sacar de casi todas las entradas por temas de copyright, por las dudas— y de comentar a otros en una plataforma que lo hace tedioso más que un momento para leer reseñas que me interesan.

Dicho así, parece que estoy harta de todo, pero no es así. Agradezco con todo mi ser la experiencia preciosa que fue tener un blog literario. La gente hermosa que pude conocer, lo mucho que aprendí. Las oportunidades que tuve, como trabajar con el Plan Nacional de Lectura e incluso viajar a la Feria del Libro de Buenos Aires o dar talleres en liceos. Los eventos hermosos en los que pude participar, los autores que conocí y hasta entrevisté. Las colaboraciones con editoriales, las que mantengo hoy en día y las que no, que hicieron posible que siguiera con el proyecto. Lo lindo que fue poner tanto de mí en un proyecto y verlo dar sus frutos. Hasta fue lindo compartir, aunque fuera por poquito tiempo, parte de las entradas del año con Juan, mi novio, y encarar aún otro proyecto juntos. Fui muy feliz con el blog.

Las etapas son eso, etapas. Eventualmente, terminan. Este blog fue una etapa hermosa que me permitió crecer muchísimo, pero llegó a su cierre. Dejo atrás cientos de entradas que contienen reseñas, entrevistas a autores, experiencias en eventos y especiales temáticos. También, anécdotas como escritora, una parte de mi vida a la que quiero y necesito dedicarle más tiempo. Lo que no tuve este año, por ejemplo, desde que empecé en este trabajo. 

Pueden encontrar todas estas entradas en el índice, que incluye también las que se publicaron en Escaramuza, Harta o el Astillero de las Letras. Las tienen también en mi perfil de Goodreads, donde me gustaría ser más activa. Y, como dije antes, siguen pudiendo encontrarme en mi cuenta de Instagram y, si tenemos suerte, tal vez en las páginas de algún libro. Crucen los dedos para que 2021 sea un buen año para eso.

Muchas gracias, de verdad, a todos los que me acompañaron desde el inicio hasta este momento. Gracias también a quienes apoyaron el blog con colaboraciones o entrevistas. Los proyectos personales parecen solitarios, pero no lo son tanto. Y gracias a ustedes, los que están leyendo esto. 


Nos vemos pronto ♥.

miércoles, 26 de agosto de 2020

Booktag de la #MMEUY


¡Hola a todos! Hoy les traigo una entrada diferente ya que, como sabrán, no suelo hacer booktags. De hecho, no me gustan mucho, pero este es especial. ¿Por qué? Porque lo hicimos Santi y yo para los participantes de la #MMEUY y me parecía lindo traerlo al blog también. Si no saben qué es la #MMEUY, pueden leer más sobre nosotros en este link. De paso, les recuerdo que pueden hacer el  booktag en cualquier red, la que prefieran, y que tenemos una versión para escritores y otra para bloggers, booktubers y bookstagrammers.

La #MMEUY 2020 ya casi llega a su fin, lo que me da un poco de pena. También me daba algo de pena haber logrado la mitad de mi objetivo —que sí cumplí el año pasado—, pero como ya comenté en Twitter, mis circunstancias son otras y, además, es otra novela. Todos los proyectos son diferentes y no valen en función de la cantidad de palabras por sesión ni nada de eso. Somos más que nuestra productividad y, como siempre decimos, la maratón es para motivarse, no para presionarse. Entonces, me reconcilié con la realidad, que es que estoy escribiendo menos y con menos frecuencia que con mis últimos dos tres o cuatro proyectos, y me recordé lo importante: estoy escribiendo.

Sin más dilaciones, ¡pasemos al booktag!


Versión para escritores

Punto de partida: ¿brújula o mapa?
Me considero «brujumapa». Tengo una idea de lo que va a pasar, hago una planificación bastante flexible. Sin embargo, dejo mucho espacio a la improvisación. He probado ser mapa o brújula y ninguna de las dos cosas me funciona, necesito el punto medio.

El equipo: ¿cómo desarrollás a tus personajes?
A los principales les asigno una personalidad del MBTI, eneagrama, signo zodiacal, casa de Hogwarts y les ideo una carta astral. Lo más importante, de todas formas, es trabajar su conflicto interno, sus metas y cómo se relaciona todo esto con la trama. A los secundarios los trabajo un poco menos, pero intento que sean coherentes y que aporten a la historia.

El camino: ¿cómo son tus sesiones de escritura?
Hasta hace un tiempo, ocupaba todas las mañanas con sesiones de escritura y ejercicio. Ahora que tengo un trabajo fijo, no puedo permitírmelo, así que son sesiones cortitas de mañana y en los ratos que tengo libres durante el día. Hago lo que puedo con el tiempo y la energía que tengo, digamos.

Los aliados: ¿te juntás a escribir o escribís en solitario?
Con la situación actual, ya no he podido juntarme a escribir, pero es algo que hice en la #MMEUY pasada y en las #MiniMMEUY y que me encanta. Me parece súper rico compartir tiempo y espacio con otros escritores amigos, inspirador y motivador sobre todo. Durante abril, hicimos algunas reuniones de escritura virtuales, que fueron lindas, aunque no es lo mismo.

Los archivos: ¿cómo te documentás?
Investigo todo lo que puedo mientras voy craneando la idea, y luego al planificar. Antes de empezar a escribir, tengo todo listo en la carpeta de la historia para poder buscar la información que necesite. También investigo mientras escribo: muchas veces me ayuda no solo a salir del paso, sino a elegir por dónde seguir o a ambientar un lugar de forma más creíble de lo que imaginaba al principio. Sé que dicen que no conviene investigar al escribir porque distrae, pero a mí de hecho me ayuda a meterme más en el ambiente y hasta me guía por la trama.

Plot twist: ¿qué te ha ayudado a salir de un bloqueo?
Establecer una rutina que me motive a escribir. Les hablé más extensamente de eso acá.

El clímax: ¿finales abiertos o cerrados?
Me gustan los finales que cierran el arco planteado en ese libro, digamos, pero que dan lugar a que la historia continúe. Me cuesta un poco #soltar, así que dejo finales que me permitan retomar la historia si tengo ganas, pero que no queden abiertos de más. 

Epílogo: ¿cómo corregís tus historias?
Corrijo superficialmente, dejo pasar un buen tiempo, corrijo superficialmente de nuevo, la paso a betas y luego corrijo con base en sus comentarios.



Versión para BBBs

Prólogo: ¿qué te llama la atención al elegir un libro?
Admito que soy débil ante una portada bonita, pero también me fijo mucho en el autor o autora y en las temáticas. Si se acerca a lo que quiero leer y/o al mood que tengo en ese momento, me interesa.

La aventura: ¿qué te gusta encontrar en un libro?
Personajes que superan mis expectativas, worldbuilding interesante y relaciones no normativas.

Planes: ¿cómo te organizás para reseñar?
Asigno un día a la semana para reseñar y, en general, lo cumplo. Antes anotaba en una libreta, pero ahora tengo más internalizada la estructura que uso y escribo las reseñas siguiéndola: introducción, trama, personajes, ambientación, prosa, conclusión. Varío si el libro lo pide.

Plot twist: ¿qué hacés si un libro no te gusta como esperabas?
Hago una reseña sincera pero respetuosa y lo regalo, dono o sorteo.

Momento oscuro: ¿qué es lo que menos te gusta encontrar en un libro?
Machismo/racismo/homofobia/etc., prosa pretenciosa, lecciones morales y tramas/personajes aburridos.

Clímax: ¿qué te gustaría encontrar en un libro nacional?
Menos grisura; siento que si un libro uruguayo no es lento, triste o melancólico, no se lo considera bueno. En infantil/juvenil, más autores jóvenes y diversos. Más fantasía, más riesgos. Creo que acá se suele ir siempre a lo seguro. HOT TAKE (o no).

Victoria: ¿qué necesita un libro para ganarse tus cinco estrellas?
Tocarme el corazoncito(? y que no lo pueda soltar. Que mi mente siga en el libro incluso después de terminar de leerlo.


Eso es todo. Pueden encontrar el booktag y las plantillas descargables para historias aquí. ¡Hasta la próxima!

miércoles, 12 de agosto de 2020

La bruja de Near - Reseña

LA BRUJA DE NEAR NO ES MÁS QUE UNA VIEJA HISTORIA QUE SE SUELE CONTAR PARA ASUSTAR A LOS NIÑOS.
SI EL VIENTO TE LLAMA POR LA NOCHE, NO DEBES ESCUCHARLO.
EL VIENTO ESTÁ SOLO Y SIEMPRE BUSCA COMPAÑÍA.
NO HAY EXTRAÑOS EN EL PUEBLO DE NEAR.

Estas son las verdades que Lexi ha escuchado toda su vida. Pero cuando un verdadero extraño –un joven que parece
esfumarse como el humo– aparece por la noche cerca de su casa, en el páramo, ella descubre que, al menos uno de esos dichos ya no es cierto.
A la noche siguiente, los niños de Near comienzan a desaparecer de sus camas y el misterioso joven se convierte en el primer sospechoso.
Mientras se intensifica la búsqueda de los niños, lo mismo ocurre con la necesidad de Lexi de saber más acerca de la bruja (que podría ser más que un viejo cuento para dormir), acerca del viento que parece hablar por la noche a través de las paredes y acerca de la historia de este chico sin nombre.

En parte cuento de hadas y en parte historia de amor, la primera novela de Victoria Schwab es completamente original y, sin embargo, dolorosamente familiar: una canción que escuchaste hace mucho tiempo, un susurro llevado por el viento y un sueño.


El nombre Victoria Schwab ya es, en este blog, indicador de que vamos a leer algo bueno. Puede que mejor o peor que los otros libros de la autora, pero sin duda de calidad. Por eso, cuando tuve la oportunidad de leer su novela debut, ni lo dudé. Además, admito que hay cierto egocentrismo involucrado, ya que la premisa se parece un montón a la de mi novela debut —no había leído este libro entonces y dudo muchísimo que ella leyera Lunas en los foros literarios, ja—, entonces me ganó la curiosidad. La similitud se queda en la premisa y, apenitas, en la atmósfera, si se lo preguntaban. También sé que es un libro que no le suele gustar a todo el mundo, pero tuvo todos los ingredientes para gustarme a mí, que es, si no les molesta que lo diga así, lo que me importa más. Hoy me desperté muy Leo season, perdón.

Hablemos un poquito de esa premisa, pues. Como bien dice la sinopsis, en la pequeña aldea de Near aparece un desconocido, un evento inusual por allí. Además, justo empiezan a desaparecer niños. Lexi, la protagonista, duda menos de este extraño que de la legendaria bruja de Near, un personaje que flota entre lo verídico y el mito que creció entorno a su existencia. Es una novela con mucho aire a cuento antiguo, a leyenda. De inmediato atrapa la curiosidad de los lectores y, al menos en mi experiencia, esa partecita de nosotros que fue un niño inquieto y ávido de historias aterradoras. La tensión se vuelve más intensa página a página, y cada vez hay más cosas en juego. Creo que decae un poco hacia el final, que se me volvió algo confuso, aunque puede ser porque lo leí en circunstancias poco favorecedoras para la concentración, así que no me tomen la palabra con esto. En general, es una trama sólida e interesante que, aunque no es vertiginosa, no pierde el interés en ningún momento.

Me gustó Lexi como protagonista. Es una muchacha fuerte en varios de los sentidos de la palabra, no solo en el físico. El padre muerto, la madre ausente —psicológicamente— y la necesidad de proteger a su hermanita me hicieron pensar, sin poder evitarlo, en Katniss. Sin embargo, creo que allí acaban los parecidos: Lexi tiene otro tipo de sensibilidad y otra forma de encarar las cosas. Más allá de que no pueda ni quiera encajar en los roles tradicionalmente femeninos, parece estar más en contacto con sus sentimientos. Es inteligente y decidida, aunque tal vez esto último la lleva a más de un problema. Y, como se trata de Victoria Schwab, no son problemas sin consecuencias.

Los demás personajes son, como es fácil sospecharlo, pocos. Estamos en una aldea pequeña, donde todo el mundo se conoce. Se nos presenta a la familia de Lexi, a su tío Otto, a sus amigos y a los demás niños del pueblo, que empiezan a desaparecer. Por lejos, los personajes más fascinantes son las dos hermanas brujas que viven solas en una cabaña apartada de todos. Sus diálogos, su caracterización y el rol que juegan en la historia fueron de mis aspectos favoritos de la novela. Por otro lado, el extraño que llega a Near, Cole, no me interesó demasiado en la novela, así como tampoco lo hizo su relación con Lexi. Creo que hasta me habría gustado que hubiera ido por otros derroteros, le habría encontrado más sentido y habría cuadrado mejor con el marco de tiempo y la atmósfera de la historia, en mi opinión.

Podríamos decir que el páramo en el que se ubica Near es otro personaje, y podríamos decir que la bruja de Near es parte de la ambientación. Me encantó toda esta narrativa y adoré las descripciones. Es una novela sumamente atmosférica, sensorial. Además, para una novela tan corta y un mundo tan chiquito, las tradiciones y leyendas se sienten vivas. Tienen una profundidad que está muy bien lograda y que me deja con ganas de saber más sobre las brujas, sobre el páramo, sobre ese mundo que no llegamos a explorar del todo...

Como se imaginarán por el párrafo anterior, solo tengo palabras positivas para la prosa. De las descripciones y el efecto que tienen ya hablé, pero en general todo se siente dispuesto para meternos en ese ambiente de cuento antiguo. Hay algo hasta onírico en la forma en que está narrada la novela, tal vez por el lenguaje o por cómo juega con los elementos de la naturaleza. Además, aunque tiene este aire a sueño y a cuento y a veces puede parecer lenta, la verdad es que la trama se mueve muy rápido y es fácil de leer.

Al final de la novela hay contenido adicional: un relato que tira a novela corta sobre el pasado de Cole. Así, expandimos un poco lo que le cuenta a Lexi sobre él mismo y conocemos sus sentimientos al respecto de primera mano. Si bien estaba conforme con la backstory que nos fue dada, reconozco que el relato fue más interesante de lo que esperaba y que me dejó con ganas de que fuera más largo o de que se hubiera profundizado en la ciudad en la que vivía o en las dinámicas de los lugares más poblados que Near. Una vez más, me quedé también con ganas de saber más sobre los brujos. Sé que es una novela autoconclusiva y que a veces insistir con volver a ciertas historias no lleva a buen puerto, pero me encantaría leer más sobre este universo, aunque no fuera sobre estos mismos personajes. Hay un potencial enorme allí. También me parece importante comentar lo linda que es la edición, incluso si la letra me resultó muy chiquita.

En definitiva, es una novela más que recomendable. Disfruté montones de la narración atmosférica y de la ambientación, así como de la magia que se nos presenta y de algunos personajes muy excéntricos. Leer a Victoria Schwab siempre es un acierto, así que vayan a leerla y después me cuentan qué les pareció a ustedes.

miércoles, 22 de julio de 2020

¿Cómo me concentro para escribir?



Escribir es difícil y lleva trabajo. Aunque puede ser una actividad disfrutable —no para todos, no todo el tiempo—, siempre requiere de bastante esfuerzo y tiempo libre para poder llevarla a cabo, así que elegir el momento y la manera no es una cuestión menor. En muchas ocasiones, el momento de escribir es nada más y nada menos que el tiempo libre que se puede tener, que a veces no es mucho o en el mejor momento del día.

Tengo que avisar de antemano que es muy posible que todo lo que diga en esta entrada no les sirva para nada a muchos de ustedes. Después de todo, cada escritor es diferente y la funcionan distintas cosas, sobre todo al momento de escribir. Por lo tanto, lo que voy a hacer es contarles qué me funciona a mí y qué he ido aprendiendo, por si alguna de estas cosas termina por servirles. Y tal vez sea un poquito largo, perdón.


El caos

Escribo desde niña. Sé que esto suena muy cliché, pero es cierto: guardo todo lo que escribo desde el año 2000 —acabo de darme cuenta de que son veinte años y me siento muy vieja— y ya desde esos primeros tiempos tenía intenciones de seguir escribiendo siempre. Esto lo digo para que sepan que, desde entonces, mis tiempos y rutinas de escritura han cambiado mucho. Cuando era niña, podía escribir cuando tuviera ganas, básicamente. Tenía montones de tiempo libre y lo hacía cuando quería, total. Y eso que tenía bastantes ambiciones respecto a la escritura, pero no me ponía horarios ni pensaba en eso. Tampoco era lo suficientemente constante como para terminar nada, al menos hasta los doce o trece años. 

Cuando estaba en el liceo, a veces escribía en las clases que me aburrían. Escribía a la vuelta, casi todos los días, para poder compartirlo en el foro literario en el que participaba. Me cuesta mucho escribir de tarde, pero en esa época era lo que más me servía. No sé si llegó a ser un hábito, pero escribir me entusiasmaba y me distraía bastante de otras cosas.

Algunos ya saben también que siempre tuve bastantes problemas para conciliar el sueño. Incluso, allá por la prehistoria, este blog se llamaba Sin melatonina. En fin, esto ocasionó que escribiera de noche, a veces de madrugada. Terminé casi todas mis novelas a eso de las cinco o seis de la mañana, con la adrenalina de estar sobre el final y tras una noche en vela. 

Después, de más grande, la facultad y otras cosas hicieron que me costara muchísimo concentrarme para escribir. A veces, ni siquiera tenía ganas y, si las tenía, se iban en cuanto me ponía a hacerlo. Por eso es que muchos de mis proyectos publicados empezaron cuando todavía estaba en el liceo y los terminé muchos años después. Fue una época de poca motivación y de dificultades para centrar la atención. Cuando encontraba tiempo, claro. Ese fue otro gran problema.

Entonces, como verán, nunca tuve un hábito de escritura real. Nunca fui muy constante y terminé por desmotivarme muchísimo, al punto de plantearme dejar de hacerlo por completo. Total, ¿para qué? Es obvio que hay otras cosas detrás de esta desmotivación que fui resolviendo en terapia, pero la escritura siempre estuvo muy ligada a mi ánimo. 


El descubrimiento

El año pasado fue uno de los más productivos de mi vida, sobre todo en cuanto a la escritura. Sabemos, espero, que no valemos en función de nuestra productividad, pero me hizo muy feliz poder meterme en proyectos, nuevos y viejos, como hacía años que no lo conseguía. ¿Qué es lo que cambió? Bastantes cosas.

La primera es que estaba en un mejor momento, después de un par de años turbulentos. No voy a mentir respecto a eso. La segunda es que, por fin, logré terminar un par de proyectos que tenía pendientes desde 2011 y 2012. Me costó un montón y terminé agotada, pero valió la pena. Sobre todo porque en agosto, durante la #MMEUY, encontré una historia que me motivó lo suficiente como para aceptar el desafío de escribir todos los días e intentar terminarla. 

Lo conté por Twitter en su momento, pero escribir todos los días fue un ejercicio que me cambió la forma de escribir. Descubrí que, si me lo proponía, podía hacerlo. Y que, con el paso de los días, ya no me costaba tanto sino que se volvía hasta algo necesario para empezar mi día. No creo que escribir todos los días sea la clave, pero sí con una frecuencia que haga que nos acostumbremos a ello. Que sea parte de nuestra rutina, que nos salga solo. Con la novela anterior, escribir 500 palabras era un desafío inmenso. Con esta, mi promedio estuvo en las 1300 diarias y hasta lo disfrutaba. 

La cantidad de palabras tampoco dice nada, pero escribir mucho, seguido y disfrutarlo es algo que me parecía imposible conseguir. Tampoco creí que fuera a ser capaz de concentrarme de verdad y de no abandonar a la primera de cambio. Tenía cero confianza en lo que podía lograr, pero a raíz de esta experiencia, sé que puedo hacer lo que me proponga. Y eso es muy importante.

Entonces, después de toda esta perorata sobre mi vida y sobre lo que aprendí, ¿cómo me concentro para escribir ahora? Encontré un par de elementos constantes que me sirven un montón y que hacen que todo fluya con más facilidad. Cuando sé que voy a escribir, trato de que todos estos elementos estén presentes para poder funcionar mejor. Esa es mi manera de planificar una jornada de escritura.




Tomar el hábito

Como decía más arriba, si hacemos que escribir sea parte de nuestra rutina, como el café con leche al desayunar, nos va a salir solito. Conseguir que algo se vuelva un hábito lleva más o menos un mes, dicen, así que no es algo que salga de la noche a la mañana. Instancias como la #MMEUY o el NaNoWriMo pueden ser muy buenas excusas para intentarlo.

Insisto en que tampoco es necesario escribir todos los días para que se vuelva un hábito, pero sí sería bueno que fuera algo relativamente constante. Los momentos en que escribí más y mejor fueron aquellos en los que lo hacía con frecuencia. El año pasado descubrí que podía escribir bastante y disfrutarlo porque ya estaba acostumbrada a hacerlo. Hasta me cansaba más o menos cuando alcanzaba cierta cantidad de palabras, que era la que acostumbraba escribir.

Escribir todos los días me ayudó hasta a dormir mejor. Yo, que siempre había tenido problemas para dormir y madrugar era una especie de infierno, empecé a levantarme de mañana para aprovechar el día. Así, las mañanas se convirtieron en mi hora favorita para escribir y terminé por dormir a horas más saludables y sentir que empezaba el día realizada, habiendo hecho algo que me gusta y cumplido una meta. Ni yo lo puedo creer del todo.


Música (pero no esa música)

Aunque a veces funcionaba, en general no soy muy de escribir con música. Me terminaba distrayendo más que otra cosa —lo que es una pena, con lo que disfruto de hacer playlists de mis historias o personajes. A pesar de eso, mi capacidad de prestar atención es muy limitada y siempre termino haciendo otra cosa, aunque no quiera. El año pasado también descubrí las playlists de Spotify con música de piano de fondo o instrumental. 

Al usarlas para escribir, creaban una especie de efecto burbuja que me ayudaba a concentrarme, a veces al punto de ni siquiera escucharlas. Eso no importaba, hacían que la atmósfera se volviera óptima para trabajar y para meterme en la historia. También las recomiendo para otro tipo de tareas porque el efecto es el mismo. Mis favoritas son Peaceful Piano, Piano de fondo, Wake Up Gently, Focus Now, Deep Focus, Read & Unwind, Calm vibes, Piano in the Background, Bookclub, Lo-Fi Cafe... Ya se imaginan. Hay un montón similares y hasta pueden crear las suyas propias. El punto es que sea música así, inocua, que ayude a la concentración en vez de distraer.


Un tecito

Parece un chiste, pero ni tanto. Me sirve montones tener esta especie de «ritual» de calentar agua mientras se prende mi computadora, hacer el té, tomarlo y escribir, pensar, lo que sea. Además, es algo que hacer con las manos. No sé ustedes, pero yo no sé estar quieta. Me cuesta horrores hacer una sola cosa a la vez, por eso termino distrayéndome a la primera de cambio. Con la música de fondo y un té en las manos, lleno esos cupos, digamos, y puedo concentrarme en escribir más tranquila.

Además, amo tomar té, para qué mentir. Y sí, un café o una cocoa o cualquier otra bebida sirve para lo mismo, acá es a gusto del consumidor. No recomiendo hacerlo con comida porque puede ser más complicado si se vuelve un hábito, pero una tacita de café para tener al lado mientras escribimos funciona bastante bien.


Y básicamente es eso. No es que tenga muchos secretos, sino un par de cosas que, después de muchos años de rebotar entre horarios y en general pasarla mal, terminaron por funcionarme y hacer que mi vida sea más relajada y feliz. Cuando sé que voy a escribir, me duermo más contenta y me levanto con más ganas. Después de empezar el día escribiendo, paso el resto de la jornada con la satisfacción de haberlo hecho. De haberme demostrado a mí misma que puedo.

¿Cómo hacen ustedes para concentrarse? ¿Planifican sus días de escritura? ¿Creen que algo de todo esto pueda serles útil? No dejen de comentármelo ♥

miércoles, 27 de mayo de 2020

¿Cómo planifico una novela?




Como siempre que escribo una de estas entradas en las que les cuento cómo me organizo, quiero hacer énfasis en algo muy importante: este es el método que me funciona a mí. No es el correcto ni el único ni nada, solo el que me funciona. Lo comparto con la esperanza de que pueda servirle a alguien más o que, al menos, le ayude a encontrar su propio camino. Hecho este disclaimer, pasemos a hablar de lo que nos interesa: cómo planificar una novela.

Hay tantas escuelas como maestros respecto a la planificación. Basta con leer el artículo que escribimos para la #MMEUY del año pasado, en el que entrevistamos a distintos autores uruguayos, para darse cuenta de esto. También hay un montón de escritores que dan consejos a través de las redes, así como en sus canales de YouTube. Antes de contarles mi experiencia, les dejo a mis favoritos, los que más me han ayudado: Abbie Emmons, Alexa Donne y Reedsy.




Los principios

Cuando empecé a escribir era muy, pero muy brújula. Esto quiere decir que escribía instintivamente, como si fuera descubriendo la novela al escribirla. Tengan en cuenta también que empecé a escribir de muy niña y no tenía ni idea —ni recursos— de qué métodos podía utilizar para escribir de forma más eficiente. Además, lo hacía por diversión —aunque siempre tuve claro que quería ser escritora, así que me lo tomaba muy en serio— y no buscaba información, tampoco.

Entre el último año de escuela y el primero de liceo, escribí una novela muy corta —y muy mala, por supuesto—, la primera de todas. Hasta el momento, nunca había pasado de unos pocos capítulos. ¿Cuál fue la diferencia? Fui bastante brújula, pero me anotaba algunos puntos clave. Sobre todo, cuando llegaba al final, que fue cuando me di cuenta de todos esos puntos clave y tuve una guía más clara. Con la segunda novela, que terminé un año después, me pasó algo similar. Brújula en su mayoría, anotaciones de los eventos más importantes, más claridad al llegar al final. Incluso tenía algunas escenas ya escritas, que pegaba cuando llegaba el momento y editaba si era necesario.

De ahí en más, con menor o mayor éxito, seguí el mismo sistema. Brújula, puntos clave, planificación más clara de los finales. Nada podía salir mal, ¿verdad? 

Error


Perderse en mapas

Después de un año en el que había logrado escribir dos novelas y terminar una más vieja, decidí empezar dos de mis proyectos más importantes, que además son las dos novelas que tengo publicadas: Las lunas de marzo y Proyecto Pandora. Si bien con esta última logré aplicar el sistema de siempre y salió bastante bien, dentro de todo —aunque en el futuro tuve que hacer diez mil correcciones y reescribir bastante—, con la primera la historia fue distinta. Empecé Lunas con la intención de que fuera 100 % brújula, por diversión, y así fue como la abandoné y retomé un millón de veces entre 2009 y 2014.

Lunas fue tan difícil de escribir que, cuando se publicó, yo todavía no había logrado superar la angustia que me producía. En varios de esos años, tuve la intención de escribirla en modo mapa, es decir, con una planificación más detallada. Fue peor. Nada me convencía, todo me parecía aburrido. No me pasó solo con esta novela: todos los (muchos) proyectos que intenté arrancar esos años y que planifiqué capítulo a capítulo fracasaron. Todos. 

Esto no quiere decir que los mapas no fueran para mí, sino que me faltaba algo más. Lo que pasa es que todavía no había aprendido algunas otras cosas. Basta un ejemplo para darse cuenta: cuando retomé la secuela de Proyecto Pandora, que había abandonado en 2011 porque me quedaba grande, la escribí como mapa. Es una historia muy larga, con muchos personajes y muchas tramas, así que no tenía opción. De hecho, en un momento tuve que hacer una pausa muy larga, pero al retomar fue fácil seguir porque me había dejado una escaleta exhaustiva ya preparada. Y la escritura fluyó lo más bien. ¿Qué cambió? Conocía muy bien a mis personajes, sus motivaciones y sus miedos. Sus conflictos.




El punto de partida

Entendí bien esto gracias a los videos de Abbie Emmons (y al leer Story Genius, de Lisa Cron). Ese algo que iba descubriendo al escribir —lo que me permitía planificar hacia el final— era el conflicto de mis personajes. Era mi norte, lo que me ayudaba a distinguir el camino que debían seguir para resolver sus problemas. El conflicto interno es la piedra fundamental a la hora de construir una historia, ya sea como brújula o como mapa. Basta con tenerlo claro para que el camino a seguir se ilumine, en vez de volverse una pared que nos bloquea el paso.

El año pasado no solo terminé la secuela de Proyecto Pandora, sino que terminé Adagio, una nouvelle que ya tenía empezada y que había abandonado porque no sabía cómo seguir, y escribí una novela entera para la #MMEUY. Ya les conté cuál fue el caso de la primera, pero con las otras dos pasaron cosas más bien peculiares, que me resultan más fáciles de entender ahora, con el diario del lunes.

Adagio fue una tortura. Me arrastré para terminarla, y eso que no llega ni a 30k. Toda la primera mitad, lo que ya tenía, fue muy amena, pero cuando tuve que empezar a pasar de la intriga a la acción, me bloqueaba muchísimo. Me costaba visualizar las escenas, que es mi herramienta más importante a la hora de escribir. Si no visualizo las cosas en mi cabeza, no me sale. Tras la lectura de los betas, pude resolver la mayor parte de los problemas, pero ahora estoy convencida de qué es lo que no funcionaba del todo: había perdido el contacto con el conflicto interno de mi protagonista. 

En LNP, mi otra novela de ese año, pasó algo totalmente opuesto. Nunca dejé de estar en contacto con el conflicto interno de mi protagonista, que estaba bastante claro y era el eje de toda la novela. Para que vean el impacto que tuvo esto en el proceso de escritura: escribí todos los días y la terminé en dos meses. Estaba bastante obsesionada con la historia, es verdad, pero la facilidad con la que me salían las cosas fue alucinante, lejos de mis experiencias anteriores. ¿Cómo la planifiqué? Usé una escaleta, por capítulos, pero muy vaga. Tenía claras algunas cosas, momentos clave, pero iba rellenando o cambiando mientras escribía y descubría algunas cosas. 


El método actual

¿Se acuerdan de mi entrada sobre cómo me organizo en la vida diaria? Allí, les hablaba de una estructura flexible que permita mantener el orden sin limitarnos. Lo mismo me pasa ahora cuando planifico una historia. A veces digo que soy brujumapa por esto mismo: necesito una estructura para ordenar mis ideas y pensamientos, para saber cómo seguir, pero nada detallado que me aburra o me haga dudar de lo interesante que puede ser o no mi proyecto. 

Desarrollo a mis personajes, sus conflictos y todo lo que tiene que ver con ellos, hago fichas. Más adelante voy a contarles en profundidad cómo hago esto, así que no voy a extenderme al respecto. Lo importante es que, cuando voy a escribir, tengo claro de qué manera quiero que evolucionen y resuelvan sus conflictos. Establezco los momentos clave de la historia y, después, me dejo llevar. A veces, planifico los primeros capítulos, el primer acto, y solo voy al segundo cuando estoy por terminarlo. Otras veces, hago anotaciones del final que, cuando llego, termino por cambiar. Eso me pasó con #Girasoles, la novela que terminé hace poquito. 

Lo importante es esto: mi estructura no es una cárcel. Siempre puedo cambiar lo que tenía planeado si, al llegar, decido que tengo una idea mejor y más acorde con el desarrollo de la historia. Sé que todo lo que escribo tiene, en principio, relación con el conflicto interno y que, por lo tanto, es importante. Entonces, no suelo bloquearme: sé por qué escribo lo que estoy escribiendo. El cambio que hubo en mi forma de escribir de un año a otro es brutal. También se debe a que tomé hábitos mejores, pero de eso voy a hablarles más adelante también.

Mi método es ese, pues. Una estructura flexible, muy similar a la que hacía cuando era más chica, pero con bases más fuertes y razón de ser. Puedo disfrutar de la escritura sin perder el norte, como si completara el mapa al recorrer esas tierras con la brújula en la mano.


Bonustrack

Hace un tiempo, la autora Victoria Álvarez compartió una de sus técnicas de escritura, el tensiómetro. Es un método muy interesante y útil para controlar las tensiones de una novela, pero que funciona mejor para los escritores mapa. Me puse a pensar y me di cuenta de que, en mis épocas de brújula salvaje (?), ya hacía por instinto algo similar, que después fui logrando poner en palabras, así que les voy a contar cómo adaptar el tensiómetro a la brújula.

Es muy simple e intuitivo, en verdad. Lo que hacía —y todavía hago, aunque cuento con otras herramientas— era pensar en las escenas como picos y valles en una gráfica. Antes de un evento «pico», tiene que haber una subida en la tensión que nos prepare para que la acción nos importe. Después, un momento de reflexión, la consecuencia de este evento sobre los personajes. De esta manera, los momentos de acción no resultan superficiales ni tenemos páginas y páginas de reflexión sin acción. Puede haber distintas tensiones para la trama y las subtramas, por supuesto. No tiene el nivel de sofisticación del tensiómetro, pero es una manera sencilla de asegurarnos de que las cosas fluyen bien.




Espero que algo de todo esto les haya sido útil. Como verán, me llevó casi toda una vida llegar al método que me funciona y entender por qué funciona. No siempre es fácil y muchas veces nos frustramos en el camino, pero de alguna manera se llega. Si se quedaron con ganas de saber más sobre las distintas formas de planificar, les cuento que de los canales que recomendé, Abbie Emmons es súper mapa, Alexa Donne es brújula y en Reedsy se analizan ambas posturas. Además, también comparten fichas y planillas para planificar historias o personajes. No se olviden de que nosotros tenemos las de la #MMEUY, aunque estamos trabajando en las de este año ahora mismo ♥.

Muchas gracias por leer esta entrada tan larga, ¡nos leemos en la próxima!

miércoles, 29 de abril de 2020

¿Cómo organizo mis lecturas?



[¡Hola! Esta es otra de las secciones nuevas del blog, a la que llamé #tips y curiosidades, pero en verdad no tiene ningún nombre oficial. Son solo algunas instancias en las que quiero aprovechar a contarles cosas que me preguntan mucho o que creo que pueden llegar a ser útiles, aunque siempre dude un poco de mi capacidad para transmitir algo útil, ja. Empecé a planificarlas y escribirlas el año pasado porque muchos de ustedes me preguntaron por este tipo de cosas —tal vez recuerden que les pregunté en Instagram qué tipo de entradas querían leer— y hasta les expliqué a varios cuál era mi sistema en su momento. Sé que algunos lo siguen aplicando y hasta lo comparten y difunden, así que parece funcionar.]

En este caso, quiero contarles un poco sobre cómo me organizo para leer —y reseñar— durante el año. ¿Quiere decir que esto solo va a servirles a quienes reseñan? ¿O que organizarse es la única forma de leer para reseñar? No y no, nada que ver. Cada cual lee como quiere y puede, como le venga mejor. Esta es solo la manera que encontré yo para sentirme más cómoda y preparada para encarar las cosas. Creo que sí va a ser más útil para los que reseñan con cierta frecuencia, pero si alguien quiere organizar sus lecturas, a lo mejor sirve de algo también.

Debo aclarar esto antes de empezar: cuando hablamos de organización, puedo ponerme muy hardcore. En mi caso, tengo una hoja de cálculo para el blog y dedico una pestaña diferente a cada año que pasa. Tal vez esto sea ir demasiado lejos, pero después de utilizar un cuadernito durante algunos años, descubrí que así era más prolijo y ordenado para mí, que no sé borrar sin arrugar las hojas.

En mi caso, el formato que uso es este:



Por supuesto, cada cual puede usar el formato que le quede más cómodo, así se trabaje en digital o en papel, pero a mí me parece importante que queden claras algunas cosas:

  • Las fechas de publicación, en el caso de que sean constantes.
  • El libro.
  • El estado —leído, reseñado, publicado.

Lo del link ya es una cosa opcional que yo decidí poner para tener esas cosas a mano. Lo más importante siempre es saber qué y cuándo se va a publicar y en qué estado está. Lo demás es todo a gusto del consumidor, pero sin estos datos, no tiene mucho sentido. 

En mi caso, subo reseñas u otras entradas los miércoles de cada semana. Por lo tanto, de antemano ya sé qué días voy a estar publicando y me organizo con base en eso. Sé que muchos no siguen una guía y leen y publican solo cuando tienen ganas, que también está bien y es muy válido, pero si están leyendo esto para organizarse mejor, me parece fundamental al menos tener una idea estimada de cuándo va a publicarse la reseña. 

Para decidir qué libro voy a leer, tomo en cuenta varias cosas. La primera, las ganas que tengo de leer el libro. Estas cosas a veces suenan a trabajo, pero ante todo es algo que disfruto, así que no me impongo lecturas que no me llamen, a menos que no pueda evitarlo. Después, tengo en cuenta algunas otras cosas. Por ejemplo, si se trata de un libro que compré, me regalaron o algo así, o si es una colaboración. Siempre les doy prioridad a las colaboraciones por una cuestión de responsabilidad: si la editorial o distribuidora hizo el esfuerzo de darme ese libro, tengo el compromiso de leerlo cuanto antes para hacer la reseña. Esto tal vez sea una cosa mía y no tienen por qué hacer lo mismo, pero a mí me parece importante. Después, me fijo en el largo del libro, en qué tan ocupada voy a estar, en la época del año y en si es novedad o no y cómo puede impactar eso en el interés de la gente. 

Por último, para tener una idea de mi progreso, marco con distintos colores el estado de las reseñas. Antes solía hacerlo con marquitas en la hoja de papel: ponía una si estaba leído, dos si estaba reseñado y subrayaba con flúo si estaba publicado. Ahora no marco si los leí, pero le pongo un color diferente a lo reseñado y otro a lo publicado. Queda más o menos así:




En ese caso también está marcado el mes que me tomé libre, pero creo que se entiende el punto, que es diferenciar lo que queda por reseñar o publicar del trabajo ya hecho. Así, nunca pierdo el rastro de lo que me falta por hacer.

Creo que es importante también que sepan que esta estructura no es tan fija, sino bastante flexible —por eso borroneaba tanto mi libreta antes. Si algo de lo que planifiqué no me convence, no me sirve o no me dan los tiempos, lo cambio. Reseñar es algo que me gusta hacer, pero no mi trabajo, y como lo controlo yo y tengo bastante libertad para hacerlo, tomo bastantes decisiones según cómo me afecta el resto de mis obligaciones o mi agenda en general. 

Eso vendría siendo todo. Parece mucho más estricto de lo que en verdad es y tal vez le haya dado dolor de cabeza a los que van más a su anotojo —ya quisiera yo ser así—, pero a mí me salva la cabeza tener una estructura —flexible— que me permita saber en qué punto estoy. A veces, incluso puedo adelantar trabajo. 

¿Les sirvió de algo? ¿Tienen su propia forma de organizar sus lecturas? ¡Cuéntenme!

miércoles, 8 de abril de 2020

Encuéntrame en Moonlight - Reseña

Jenn Bennett, una de las voces más brillantes dentro de la romántica juvenil, nos trae una novela que cuenta la historia de Birdie y Daniel, dos jóvenes que, luego de un incómodo primer encuentro, se ven obligados a trabajar juntos en un hotel de Seattle, donde un escritor famoso lleva una vida misteriosa y reservada.

Birdie Lindberg, aficionada a los libros de misterio, tiene una imaginación desbordante. Sus abuelos la criaron en soledad y la educaron en su casa, por lo que ha cultivado una inusual vida de fantasía en la que ella adopta el papel de una detective heroica y cada extraño se convierte en un sospechoso. Pero su mundo solitario se expande cuando consigue un trabajo de verano antes de ir a la universidad, el turno noche en un histórico hotel de Seattle.
En su nuevo trabajo, Birdie espera pasar de ser una soñadora introvertida a una pionera valiente, y el gregario Daniel Aoki se ofrece como voluntario para convertirse en su guía. El carismático chofer de la furgoneta del hotel comparte el mismo turno con Birdie y frecuenta la misma cafetería costera: Moonlight, donde Birdie espera el primer ferri de la mañana luego del trabajo. Daniel también comparte su gusto por la intriga, y él se ha topado con un misterio en la vida real: un famoso escritor huraño —que nunca aparece en público— quizás esté encontrándose en secreto con alguien en el hotel.
Para descubrir la identidad enigmática del escritor, Birdie debe salir de su cascarón. y descubrir que el misterio más complejo de todos quizás sean los sentimientos que Daniel, un acertijo en sí mismo, esté despertando en su vida.


Admito que este libro me compró porque de más chica amaba con mi alma las novelas de misterio. Además, necesitaba leer algo livianito después de lecturas muy intensas, así que llegó en el momento correcto, en medio de la cuarentena. Es de esos libros ideales para encarar con mantita, un buen té y ruidito de lluvia afuera. 

Como pueden ver en la sinopsis, se trata de una novela romántica, juvenil, con toques de misterio. Nuestra protagonista, Birdie, es aficionada a este tipo de literatura y, como fue criada de una forma muy restrictiva y aislada, también es bastante inocente, a pesar de haber vivido cosas bastante tristes para su edad. Es por esto que, al morir su abuela y tener más libertad que antes, tiene un encuentro íntimo con un desconocido, pero no se siente bien y se va sin decir nada. Muy típico de estas novelas: se lo encuentra en su nuevo trabajo. Este chico, Daniel, le comenta a Birdie que en el hotel en el que trabajan hay un misterio: uno de los clientes podría ser Raymond Darke, un famoso escritor cuya verdadera identidad es desconocida.

En realidad, el misterio del escritor es bastante light, una excusa —en el buen sentido— para contarnos más sobre la relación entre Birdie y Daniel y sus propios miedos individuales. En ese sentido, es una historia muy linda, cálida, con momentos frikis y momentos tristes. A veces es algo ridícula, pero de una manera intencional. Me reí en más de una ocasión y resultó ser una lectura muy amena.

Birdie es una protagonista particular. Es, como les dije, muy inocente para algunas cosas, pero convive con la tristeza de haber perdido a su madre a temprana edad. Tiene una relación amable con su abuelo, con el que comparte el amor por los misterios, y adora a su extravagante tía Mona. También tiene una relación muy particular con el café Moonlight, ya que su madre, su tía Mona y ella vivían encima antes de que la primera muriera de repente. Con su abuelo también comparte algo más: los problemas de sueño. Su abuelo tiene narcolepsia, y este es uno de los temas que trata la novela, algo que no había visto en otros libros con anterioridad, al menos no de esta manera. Me pareció una linda protagonista, un poquito por fuera de lo común, fácil de querer, aunque a veces se pasaba un poco de infantil, pero tenía sentido con su crianza y por lo tanto no me pareció fuera de lugar.

Daniel Aoki, el chico en cuestión, es bastante cinnamon roll y tiene intenciones de volver a intentarlo con Birdie. De ascendencia japonesa y un pasado un poco complicado —aunque sin ser edgy y violento como los protagonistas masculinos de 2008—, se ganó mi corazón al poner música de David Bowie en el auto, en uno de sus viajes con Birdie. Me pareció que tenían química entre ellos y me quedé satisfecha con el desarrollo de su relación, con sus dudas y ganas respecto a volver a intentarlo, aunque los obstáculos a veces se los ponían ellos mismos. 

Respecto a los secundarios, ya hablé un poco, pero recalco de nuevo al abuelo, un tipo muy especial, y a la tía Mona, que uf, es una institución en sí misma. Sus participaciones en la historia son las más ridículas y, a la vez, de las más cálidas. La familia japonesa de Daniel también es muy interesante, sobre todo su madre, que solía ser asistente de un mago. Como verán, es una novela que tiene de todo y que se divierte con los detalles absurdos.

La narración, en primera persona desde la perspectiva de Birdie, es súper ágil y fácil de seguir. Leí la novela en un día, dos como mucho, muy contenta y sin que se me hiciera pesada. Transmite lo que se nota que quiera transmitir, sin ser demasiado obvia. Hay un montón de referencias a detectives de ficción, como Nancy Drew, y a series y libros de misterio, cosa que me parece preciosa. No se vuelve algo aburrido, lo que es un peligro con las referencias abundantes, e incluso se juega bien con el asunto: Birdie y Daniel tienen una cita en una recreación del Clue para parejas. Muy lindo momento.

También tiene un papel importante la ambientación. Estamos en Seattle, en diferentes partes de la ciudad, y la novela nunca deja que nos olvidemos de eso. Hay descripciones muy bellas, lugares que se sienten reales y una cosa muy sensorial que no es fácil de provocar en los lectores. Creo que está muy bien logrado todo.

El final me dejó satisfecha, aunque creo que eso no va a ser igual para todos los lectores, sobre todo los que vayan a leerlo más por el misterio que por el romance. Como les dije, esa cuestión es muy light, así que ténganlo en cuenta al leer. Lo importante: los personajes crecen, maduran y se enfrentan a sus miedos. ¿Los superan? Eso lo tienen que descubrir ustedes.

Así que eso: es una novela ágil, linda, fácil de leer y muy para días de lluvia, con algo calentito. Si les gustan los romances con pinceladas de misterio y elementos absurdos, es para ustedes. ¡Buena lectura!