¿Cuál es el precio de enfrentar el pasado? Stevie está atrapada: en su vida, en su cuerpo. Y ahora, en un centro de rehabilitación para jóvenes con problemas alimenticios. Pero lo que es aún peor, está atrapada en el pasado. A 27 días de que se cumpla un año de la muerte de su hermano, todo en su vida parece empeorar. Pero, tal vez, en 27 días pueda solucionar las cosas. Tal vez, en 27 días pueda quitarse ese gran peso que la acompaña a todas partes y así terminar con todo. Meg Haston nos invita a conocer la vida de Stevie, una joven que no solo está lidiando con un trastorno alimenticio grave, sino que también está intentando encontrar la forma de dejar atrás los errores de su pasado. Una historia que conmueve, moviliza y nos da esperanza. Porque incluso las peores pérdidas se pueden superar. Incluye comentarios y consejos de una especialista en trastornos alimenticios.
Antes que nada, tengo que agradecer a la Librería América Latina, distribuidora de la editorial V&R en Uruguay, que me obsequió el ejemplar para que lo reseñara. Recordaba haberlo visto antes y que su portada me llamara la atención, pero ahora que tuve la oportunidad, decidí tomarla. Y no me arrepiento.
Esta es una historia dura. No sé por qué, tenía la idea de que, a pesar del tema tocado, iba a ser un poco más ligero. Es más, pensaba que era el típico que incluía una historia más liviana, algún romance que ayudaba a mejorar a la protagonista, típiquito. Qué equivocada estaba. Por suerte, porque esta es una historia fuerte, que nos muestra una realidad cruda y sin maquillaje de la rehabilitación de los trastornos alimenticios, un mal lamentablemente muy común en nuestra sociedad.
Este libro trata, además de todos los problemas y experiencias de un TA, temas tan importantes como la familia, las relaciones tóxicas, el suicidio, la amistad, la confianza... Todo esto a través de personajes muy bien construidos y una narración que va y viene entre el pasado y el presente, con continuos flashbacks que nos llenan de intriga y nos van llevando hacia la verdad de lo que pasó y que llevó a nuestra protagonista a desear la muerte.
La protagonista es Stevie, una chica muy dañada. Durante el libro vamos conociéndola mejor; vamos viendo, por ejemplo, los efectos que tuvieron en ella el abandono de su madre y la muerte de su hermano, de la que se siente responsable pero no se nos dice nada claro hasta mucho más adelante. También se nos cuenta, progresivamente, qué relación tiene con Eden, una persona tan tóxica que pienso en ella y toso. No es particularmente fácil empatizar con ella. No creo que sea posible, es decir, habría que vivir una experiencia similar. Y saber cómo es pensar mientras se sufre un TA. Además, el peso de la culpa sobre su espalda, que es un tema recurrente durante toda la novela. Por lo que no podemos pensar cosas como «comé, dale, no te das cuenta?», porque no, no es tan fácil como eso y sería tan condescendiente y dañino que generaría todo lo opuesto. Es decir, en algunos momentos su negatividad, sus ganas de morir y su falta de ganas de mejorar nos van a hacer desesperar, pero no podemos más que intentar entender y esperar lo mejor. Es una forma de ejercitar la empatía, me parece.
Este libro tiene el gran punto positivo de que todos sus personajes están creados con cuidado, consciencia y mimo. Bien desarrollados, con una buena justificación para su existencia, aunque al principio no lo parezcan. La bondad de Josh, la pasividad del padre, la exigencia de la madre, el apoyo que brindan sus amigas del centro de rehabilitación, la figura de la psicóloga —el resto del staff quizás se desdibuja un poco más—, la toxicidad de Eden... Casi todos estos personajes tienen historias propias, miedos y ambiciones, que los hacen más reales. Cruciales en la vida de Stevie.
Me gustó en particular la técnica utilizada para contar la historia. No se nos da toda la información desde un inicio, sino que se insinúa. Sabemos que le pasó algo al hermano, sabemos que hay una persona llamada Eden que tiene cierta importancia para Stevie, sabemos que su madre la abandonó y que ahora que se acerca el aniversario de la muerte de su hermano, Stevie quiere morir también. Durante su estadía en la rehabilitación, la narración en primera persona, presente, cambia a pretérito en ciertos momentos, en los que se nos va contando cómo empezó todo. Desde algunos sucesos de la niñez, hasta el abandono, cómo conoció a Eden, lo que pasó después... Para esto es clave Anna, la psicóloga, que es quien hace que Stevie hable y examine mejor su pasado.
Se nota que la autora sabe de lo que habla. En el libro, al final, se nos dice que es terapeuta, algo que sin duda ayuda a construir esta historia. No he vivido algo así de primera mano —sí tuve amigas que sufrieron TA y fue bastante jodido— como para asegurarles que es todo realista, pero la construcción de la ambientación es excelente. Uno puede sentirse ahí, con la angustia de Stevie y las demás chicas, con la opresión y la frustración. Es tremendo. Uno siente que está ahí con ellas, avanzando —o no— en su lucha contra la enfermedad. Además, el libro incluye información sobre los TA y consejos para detectarlos y ayudar a quienes pueden llegar a tenerlos.
Antes de terminar, no puedo no mencionar la preciosa edición de este libro. Como siempre, en V&R cuidan mucho el aspecto estético también, y además de contener una buena historia, tenemos un objeto que es lindo de mirar y tocar —y oler, por qué no—. Es importante tener esto en cuenta también.
Así que tenemos eso, una historia cruda sobre los trastornos alimenticios —y la depresión y el suicidio, si quieren—, con personajes muy reales y que mantiene la tensión hasta el final. Me parece a mí que es una muy buena lectura si están buscando algo así, pero no me animo a recomendarlo a todo el mundo. Es fuerte, es doloroso. Aviso desde ya. Pero vale la pena, sí.











